Felicidad y Productividad: la Ciencia de la Felicidad

El pasado miércoles fui invitado a dictar una charla para empresarios y ejecutivos en la Universidad de las Américas. Decidí hablar de la relación entre felicidad y productividad a la luz de la joven pero potente Psicología Positiva.

La Psicología Positiva ha revolucionado la forma en que abordamos las dificultades, trastornos y problemas. Martin Seligman, uno de sus fundadores y defensores, reparó hace alrededor de veinte años en que la psicología había estudiado la enfermedad -los trastornos, malestares, patologías, problemas, conflictos…- hasta la saciedad; pero que casi nada se sabía acerca de la salud. Exceptuando a pioneros como Gordon Allport (cuyos trabajos sobre el concepto de “madurez psicológica” anticipan mucho de lo descubierto por los psicólogos positivos), George Kelly (para quien el ser humano no obedece a estímulos ni persigue la satisfacción de pulsiones sino que intenta aventurarse al mundo para comprenderlo cada vez mejor y trascender así, sin descanso, sus propios límites) y Abraham Maslow (cuyo estudio de las “experiencias cumbre” demostró la importancia de la espiritualidad en la psique humana), los terapeutas y coaches nos hemos dedicado a paliar, subsanar y corregir lo negativo, no a potenciar lo positivo.

Ahora sabemos que este sesgo hacia lo negativo hunde sus raíces en la estructura del sistema nervioso -y, en general, de la vida misma. Tenemos dos veces más terminaciones nerviosas para percibir y diferenciar las sensaciones dolorosas que las placenteras. Concomitantemente, en los lenguajes humanos, hay alrededor de dos veces más palabras para referirnos a lo displacentero, doloroso e incómodo que a lo placentero, agradable y positivo. Porque el algoritmo evolutivo no premia a los organismos felices sino a los que consiguen evitar el sufrimiento -y con él, la muerte. Nuestra motivación fundamental desde la perspectiva evolutiva es la evitación del malestar. Y los psicólogos la hemos seguido al pie de la letra.

Lo terrible es que cuando nos esforzamos por evitar el malestar perdemos de vista nuestros objetivos más amplios, trascendentes y de largo plazo. Caemos en la “tiranía del ahora”, en esa psicología de la precariedad, la suspicacia y el egoísmo que tanto daño ha hecho al Ecuador y que reduce nuestra productividad y creatividad. Evitar la pérdida nos hace menos productivos -y, por ende, nos conduce a la pérdida.

La psicología positiva se aparta de esta sombría tradición. Lejos de centrarnos en el déficit y responsabilizar al “trauma” o la “baja autoestima”, nos mueve a buscar los recursos, a construir sobre lo positivo (sin ignorar lo negativo). Parte de que para afrontar las dificultades vitales es mejor dar un rodeo: en vez de evitar o luchar contra las cosas malas, hay que favorecer que ocurran más cosas buenas. En esto se basa mi forma de hacer terapia y asesorar a mis coachees: en reconocer su talento natural, su esencia, y ampliarla hasta desplazar el malestar y la patología. Y una vez que lo hacen, cuando su vida y sus actos surgen espontáneamente de su “centro” experiencial, se vuelven más productivos, creativos y flexibles porque son capaces de adaptarse a las dificultades sin apartarse de sus valores ni olvidar sus fines trascendentes.

Compartí algunas de estas ideas y sus implicaciones para la productividad en esa charla, que resultó amena, intensa y desafiante. He aquí la presentación que preparé para ella.

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