La teoría del “defecto de fábrica” y la anulación de la voluntad
En el anterior texto decíamos que muchas escuelas psicológicas han defendido, más o menos abiertamente, la “teoría del defecto de fábrica”. Entre ellas, algunas variantes del psicoanálisis -que enfatizan el papel del “inconsciente” y el “determinismo psíquico” en nuestra conducta, en detrimento de la consciencia y la voluntad.
Gracias, entre otras cosas, al trabajo de Martin Seligman y la Psicología Positiva, esta tendencia ha empezado a invertirse con lentitud. Escuelas como la Acceptance and Commitment Therapy postulan que el compromiso voluntario y la atención consciente a los propios procesos mentales son no sólo útiles sino imprescindibles para alcanzar el cambio duradero.
Redescubren, así, una preciosa frase de George Kelly: “Nadie tiene que ser esclavo de los hechos -siempre que pueda reconstruirlos de una manera diferente”.

El psicoanalista Carl Goldberg lo expone sucintamente:
Más aún que los filósofos, los psicoanalistas típicamente han adoptado una postura determinista -es decir, tienden a atribuir sólo un mínimo de libertad de opción a nuestra toma de decisiones. Para llegar a esta conclusión, han desvalorizado descaradamente las facultades reguladoras de nuestra mente consciente, alegando que el inconsciente es el inexorable escritor anónimo de nuestro guión vital.
Muy simplemente, mi experiencia personal confirma mi experiencia clínica: están equivocados. La mente inconsciente domina sólo con el permiso, o al menos la tolerancia, de la mente consciente. Como todos deberíamos saber por nuestras experiencias cotidianas, la mente consciente es el verdadero autor de nuestros pensamientos y actos. Bulle continuamente con sentimientos, ideas, impulsos e imágenes que van de lo placentero a lo desagradable o lo no juzgado. Usualmente, optamos por ignorar o suprimir o intentamos desalojar a algunos de estos ocupantes mentales, mientras alentamos o mimamos a otros. A partir de estas decisiones desarrollamos nuestros sentimientos respecto a nosotros mismos.
…Sin embargo, como vimos recién, no censuramos inadvertidamente el material traspasado al inconsciente; lo almacenamos ahí por una elección consciente. Desde luego, como al pasar el tiempo continuamos ignorando y abandonando a algunos de nuestros ocupantes mentales, ellos se trasladan a la periferia de nuestra mente. Allí, operan en forma más o menos independiente de nuestra percatación despierta.
Carl Goldberg, Conversaciones con el Demonio
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