¿Qué pasará cuando hayan triunfado?: un análisis taoísta de la coyuntura política

Una derrota a plazos

Hace cosa de un mes fui invitado al programa “El Blog de la Radio”, en Sonorama, para hablar de los resultados del referéndum.

Mi impresión era -y sigue siendo- que haber conseguido un 64% de aprobación luego de una inversión publicitaria nunca antes vista (contando con las cadenas radiales del Presidente y con la propiedad estatal de varios medios de comunicación) y de dificultar la campaña de oposición da cuenta de una tendencia, lenta pero inexorable, hacia la pérdida del “capital político” y el apoyo popular para este gobierno. No es una victoria aplastante sino una derrota a plazos.

El clientelismo es autodestructivo

Las razones son simples -aunque esquivas. Las estrategias clientelares son inmediatamente eficaces pero progresivamente autodestructivas. Por un lado, los votos comprados carecen de fidelidad y se pasan al mejor postor a la primera de cambio (así como las empresas que se concentran en ganar las guerras de precios caen rápidamente ante un competidor dispuesto a reducir sus márgenes). Pero, y más importante, una vez abierta la cornucopia clientelista, el destino está fijado: el clientelismo se apropia lenta y subrepticiamente del resto del sistema estatal.

Los beneficiarios de una política nunca están satisfechos y piden siempre más -no sea que otros se les adelanten en la repartición de la limitada torta del presupuesto público. Así, diversos grupos entran en competencia mutua por las atenciones gubernamentales; y el gobierno, por su parte, no puede darse el lujo de ignorar estas demandas -¡cuidado caigan sus niveles de aprobación en las encuestas! Debe aumentar los subsidios, ampliar los beneficiarios, crear más y más programas “sociales” -a costa del resto de instituciones. El déficit se dispara y el gobernante comienza a vivir del crédito hasta agotar todos sus recursos.

Un buen día, el edificio se desploma, revelando la miseria y corrupción que había albegado -las cucarachas y ratas que moraban en sus intersticios y engordaban robando las migajas de manos de los supuestos “beneficiarios”.

A veces es mejor no hacer nada

Esta estrategia forma parte de la carrera por el poder absoluto del actual gobierno; Rafael Correa, siempre en campaña, espera ganar las próximas elecciones y copar los espacios del sistema político. Intenta conseguir la mayor cantidad de alcaldes, concejales y representantes posible.

Entretanto, ha nacido un nuevo movimiento de oposición que pretende plantar cara a sus ambiciones.

Lo mejor que podrían hacer, me parece, es no hacer nada. Dejar que los mecanismos populistas y la violencia autoritaria se consuman; en palabras de una de las “36 estrategias chinas”, “relajarse mientras el enemigo se agota a sí mismo”.

Incluso, por paradójico que suene, favorecer el triunfo de las candidaturas oficialistas.

El poder de la paradoja

Entre otras cosas, el Tao Te King puede ser leído como un manual de gobierno o de arte de la guerra.

Su sabiduría, sin embargo, se oculta tras la paradoja. O tal vez sea la paradoja la esencia de la verdadera sabiduría.

Tiende un arco hasta el límite
y desearás haberte detenido a tiempo.
Tiempla el filo de una espada hasta el punto más agudo
y el filo se conservará poco.
Cuando tus salones estén repletos de oro y jade
No podrás protegerlos por mucho tiempo.
Estar orgulloso de las riquezas y los honores
Es sembrar las semillas de la propia caída.

La ilusión del poder

Un gobierno autoritario y clientelar fracasa no antes sino después de su máximo triunfo. Cae presa de una antigua y potente ilusión: creer que para cambiar el mundo hay que tener el poder. Creer, asimismo, que el poder se puede utilizar.

En realidad es al contrario: quienes consiguen el poder se convierten en sus esclavos. El poder nos usa, no a la inversa. Cuanto más tratas de controlar una cosa, más se sale de tu control; cuanto más empleas el poder, menos poder tienes. Cuanto más se intenta mejorar el mundo a través del control autoritario, más se lo empeora.

Todas las revoluciones, tarde o temprano, tropiezan con esta ilusión. Sí: puede que en un nivel muy específico e inmediatista consigas un avance. Pero lo haces a costa de la confianza que nutre el tejido social. Has puesto un nuevo disfraz sobre la misma podredumbre: las instituciones de la desconfianza, el autoritarismo y la violencia se mantienen y fortalecen a través del presunto “cambio revolucionario”. Los libertadores de ayer devienen los presidentes de hoy y los tiranos del mañana.

El triunfo es el fracaso

Para Rafael Correa, “gobernar” es “hacer campaña” (y, además, a la manera clientelar y caudillista típica del populismo ecuatoriano).

Me pregunto: ¿qué va a hacer cuando gane las próximas elecciones? Porque, entonces, ¡no le quedará más que gobernar!

4 thoughts on “¿Qué pasará cuando hayan triunfado?: un análisis taoísta de la coyuntura política

  1. Johanna says:

    Me parece interesante el analisis que haces pero incompleto… ¿Que hay del otro lado? los grupos de oposicion tampoco muestran otra salida o camino su estrategia es excatamente igual.. que le queda al pueblo ecuatoriano a mas de lamentarse…..

  2. Hola!
    Sin duda, es así. No es que Correa y la “revolución ciudadana” sean de lo mejor; es que la oposición es aún peor. y eso porque ambos parten de filosofías idénticas, aunque con signos contrarios.
    Filosofías, añado, de corte autoritarista, que desconfían de la gente común y corriente e intentan controlarla (o “encaminarla”, o mantenerla en el redil…) de una u otra manera. Filosofías del “control” de la sociedad y la economía.

    Sobre la alternativa, hay que construirla. Paso a paso, lenta, pero también inexorable, persistentemente.
    Algunas ideas al respecto:

    http://estebanlaso.com/?p=247
    http://estebanlaso.com/?p=262
    http://estebanlaso.com/?p=265

    Lo importante es recordar lo que decía Kelly: “Mientras el ser humano sea capaz de reinterpretar los eventos no será esclavo de ellos. Y nadie tiene que ser víctima de su biografía”. A lo que yo añadiría, tampoco los países.
    Hay alternativa; sólo hace falta confiar en que podemos desarrollarla.

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