El Corredor de las Palomas

(Aunque Freud y Jung opinasen de manera contraria acerca de casi cualquier tema concebible, ambos coincidían en que un texto escrito de manera automática transmite sin discusión el contenido del inconsciente, como un acto fallido o un lapsus linguae. Así nació El Corredor, escrito hace doce o trece años, entre la medianoche y las dos de la mañana, luego de ver alguna película olvidada, sin vacilación alguna, como bajo una compulsión; un ejemplo harto modesto de “escritura automática”.
Más que un cuento, es una alegoría, a la manera de los
Cuentos Jeroglíficos de Marcel Schwob, los Pequeños poemas en prosa de Baudelaire o Sombra o Silencio de Poe . Y puede que sí hable de mi inconsciente; pero aún no he descubierto en qué idioma
. Reconozco, pese a todo, algunos caracteres. El Corredor mismo era una arboleda pequeñísima en casa de mi bisabuela, un túnel de alambrada cubierto de enredaderas, en el que me gustaba jugar a perderme cuando niño. Praga, por El Golem, de Meyrink, de quien había leído también El Dominico Blanco. El pomposo “habéis…” convierte la maldición del hechicero en una suerte de profecía inspirada por un dios malévolo.
No sé llegar más lejos; el Corredor, para mí, sigue siendo verde).

Alto y estrecho es el Corredor de las Palomas. Alto y estrecho y misterioso. Desde él puedes contemplar el atardecer mejor que desde ningún otro sitio en Praga. Su belleza es inefable y eterna; estaba alli cuando nació mi abuelo -y el tuyo, y ambos te dirán lo mismo.

Ambos, también, contarán la misma historia.

Hace mucho, con el principio del tiempo, vino el hechicero a Praga. Era benévolo y anciano y los hombres lo querían; pero su fama vino más tarde y con ella su destino.

Era el asesino del Rey. Los hombres lo prendieron, pues su miedo superó su amor.

No intentó defenderse: no murmuró en camino a la hoguera. Pero el fuego que se llevó su vida recogió sus palabras:

– Habéis rechazado el don de los dioses. Hoy el tiempo es vuestro; mañana será mío. Cuando mueran los arboles tendré venganza.

Y los árboles formaron el Corredor de las Palomas.

Y los árboles no han muerto.

Hoy he llegado a Praga. Hoy cayó la primera hoja.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *