Descuento Primer Encuentro de Integración en Psicoterapia

ACTUALIZACIÓN: Para facilitar la asistencia de estudiantes y profesionales, el Primer Encuentro de Integración en Psicoterapia se llevará a cabo del jueves 27 de Noviembre a las 16h00 al sábado 29 a las 17h00.

Programa Primer Encuentro de Integración en Psicoterapia

Además, habrá un descuento del 10% en el precio de inscripción para quienes se inscriban en grupos de 5 o más.

Descuento por grupos

 

Para inscribirse:

Inversión (5% de descuento para inscripciones antes del 31 de octubre):

  • 100 USD Estudiantes
  • 150 USD Profesionales
  • Por medio de Depósito o transferencia bancaria: PRODUBANCO, cuenta corriente #2005111737 a nombre de Universidad de Los Hemisferios (RUC #1791937325001). Enviar mail de confirmación a contabilidad@uhemisferios.edu.ec, marianag@uhemisferios.edu.ec; o al tlf. 3828670.
  • Información: Universidad de los Hemisferios: Andrea Cifuentes, Departamento de Contabilidad (lunes a viernes, 08h30 a 13h00 y 14h00 a 17h00).

Primer Encuentro de Integración en Psicoterapia

Primer Encuentro de Integración en Psicoterapia

Del 26 al 29 de Noviembre estaré en Quito para participar del Primer Encuentro de Integración en Psicoterapia, organizado por la Universidad de los Hemisferios, el Centro de Psicoterapia AysanaConCiencia Especialidades Psicológicas.

Programa

Programa del Encuentro

Será un espacio de actualización y aprendizaje para los terapeutas individuales y familiares orientado a fomentar la integración de los diversos modelos, enfoques y técnicas al servicio del cambio positivo en terapia. Por tanto, está dirigido a terapeutas de cualquier enfoque y área de trabajo.

Impartiré dentro del Encuentro una conferencia sobre un tema cada vez más presente en la discusión teórica contemporánea: el Modelo Trans-diagnóstico de la psicopatología, que trasciende las limitaciones del DSM-IV y promete, por fin, una comprensión integral y global de los procesos mentales que subyacen a los trastornos.Pensamiento Sistémico

Asimismo, compartiré con la audiencia los fundamentos de la Terapia Familiar en Clave Emocional, tema sobre el que he estado trabajando durante los últimos años. Específicamente, expondré la receta para cocinar intervenciones sistémicas emocionalmente eficaces independientemente de la técnica o enfoque.

Describo parte de esta receta en un capítulo del libro “Pensamiento Sistémico”, que contiene textos fundamentales de varios maestros de la terapia familiar en Europa y América Latina y que presentaremos también en el Encuentro.

Quedan todos invitados a este evento, primero de una serie que promete mejorar la formación y la competencia de los terapeutas del país. ¡Nos veremos allí!

Expositores y temáticas

Para inscribirse:

Inversión (5% de descuento para inscripciones antes del 31 de octubre):

  • 100 USD Estudiantes
  • 150 USD Profesionales
  • Por medio de Depósito o transferencia bancaria: PRODUBANCO, cuenta corriente #2005111737 a nombre de Universidad de Los Hemisferios (RUC #1791937325001). Enviar mail de confirmación a contabilidad@uhemisferios.edu.ec, marianag@uhemisferios.edu.ec; o al tlf. 3828670.
  • Información: Universidad de los Hemisferios: Andrea Cifuentes, Departamento de Contabilidad (lunes a viernes, 08h30 a 13h00 y 14h00 a 17h00).

“Los sujetos también piensan”: por qué debe cambiar la investigación psicológica

Hace unos cincuenta años, en uno de sus más ácidos textos, George Kelly desnudaba la contradicción inherente a buena parte de la teorización y la investigación en psicología en términos parecidos a éstos:

Abramos un libro cualquiera de “Introducción a la teoría de la personalidad”. Descubriremos que, casi siempre, en la primera parte, dedicada a la metodología, el autor nos explica cómo construyen los psicólogos las teorías sobre el ser humano que se exponen en la segunda parte. Sin duda, se enorgullecerá de usar “el método científico”: “los psicólogos”, dirá, “proceden a crear hipótesis, extraídas de la observación disciplinada y minuciosa, para ponerlas luego a prueba en experimentos cuidadosamente diseñados”. Una maravillosa teoría de cómo opera el ser humano en su búsqueda de mejorar su condición existencial.
Sin embargo, en la segunda parte nos llevaremos un chasco. Los seres humanos (o “sujetos”, “organismos”, “individuos”, etc., como preferirá llamarlos en aras de la “objetividad”), nos dirá el autor, obedecen a fuerzas más allá de su control: la “agenda de refuerzos” que impone su contexto, las “pulsiones” o “necesidades” de su biología, las tendencias escritas en sus “rasgos de personalidad” derivadas de su genotipo… Atrás habrán quedado las hipótesis, la observación y la experimentación, reservadas sólo a unos pocos elegidos, los ungidos con el manto de la ciencia y los laureles de la psicología.
Pues, en definitiva, los psicólogos no tienen una sino dos teorías: la que se aplican a sí mismos (hipótesis, observación, experimentación) y la que aplican a los seres “comunes y corrientes” (refuerzo, condicionamiento, pulsión, rasgos de personalidad…)

Los años han hecho que la crítica yerre en el detalle: los teóricos contemporáneos se precian de tener en cuenta la “reflexividad” a la hora de tejer sus planteamientos. Pero en el fondo, la situación no ha cambiado; si acaso, ha empeorado. Pues la mayor parte de la investigación científica en psicología continúa tratando a sus informantes como objetos cuyas “propiedades” deben “medirse“; y la mayor parte de la terapia, como máquinas averiadas cuyos defectos deben arreglarse mediante alguna técnica (cuanto más vanguardista y novedosa, mejor).

Creo que esta tendencia al (nefasto) instrumentalismo epistemológico, herencia malhadada de Skinner y compañía, está empezando a cambiar, a juzgar por dos desarrollos recientes que resumo a continuación.

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“Soy terapeuta, a secas”: el fin de las escuelas psicoterapéuticas, última parte

En anteriores entregas he afirmado que las escuelas terapéuticas deben desaparecer. He presentado tres razones:

  1. La mayor parte de terapeutas eligen “escuela” no por su eficacia sino porque coincide con sus prejuicios y visión del mundo;
  2. Según la investigación, el principal predictor del éxito en terapia no es la técnica o “corriente” que el terapeuta emplee sino la interacción entre su persona y las de los pacientes, sobre todo en lo que se refiere a su capacidad de crear alianzas terapéuticas sólidas y negociar contratos terapéuticos viables, lo cual requiere una visión fundada en la esperanza, no en el déficit;
  3. Los hallazgos de la neurociencia, la psicoterapia empírica, la ciencia cognitiva y la psicología social convergen, lentos pero inexorables, hacia un núcleo de hipótesis comunes, la más importante de las cuales es la intersubjetividad radical (y, añado ahora, el dejar atrás las perspectivas centradas en la homeostasis para alcanzar otras más eficaces y plausibles, centradas en el cambio adaptativo y los equilibrios dinámicos).

Y añadido una cuarta, más general y ubicua, que dejé inconclusa en la anterior entrega: la “mentalidad ingenieril” o “mecanicismo”, la suposición de que comprender y controlar son una y la misma cosa; de que el ser humano “funciona” como una máquina y puede, por ende, ser manejado pulsando los botones adecuados (llámense “estímulos”, “recompensas”, “incentivos” o “castigos”).

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“Soy terapeuta, a secas”: el fin de las escuelas psicoterapéuticas, tercera parte

En las anteriores entregas he sostenido que las escuelas terapéuticas deben desaparecer. O, al menos, que debemos modificar sustancialmente nuestra forma de entender la psicoterapia y el cambio humano. Ya no más “freudianos”, “sistémicos”, “cognitivos”, “humanistas”, “constructivistas”; de ahora en adelante, terapeutas, a secas.

Asimismo, he aducido dos razones potentes y profundas. Una, que (por lo que sabemos) la mayor parte de terapeutas eligen su escuela no porque sea la más eficaz, apoyada en la evidencia o útil sino porque es coherente con sus principios y su forma de ver el mundo. Dos, que a juzgar por las investigaciones los factores que mejor predicen la mejoría no tienen que ver con la “corriente” sino con el terapeuta: su capacidad de establecer alianzas y negociar contratos terapéuticos.

Continúo hoy con la tercera: que, a mi juicio, pronto no habrá nada específico que defender de cada escuela.

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“Soy terapeuta, a secas”: el fin de las escuelas psicoterapéuticas, segunda parte

Sostenía en el anterior artículo que las escuelas psicoterapéuticas deben desaparecer. Expuse una razón: los terapeutas elegimos una corriente no porque sea más eficaz, científica o potente sino porque coincide con nuestra cosmovisión e ideas preconcebidas de la naturaleza humana. Y la mantenemos no porque veamos que funciona sino porque nos permite explorar nuestra identidad cómoda y ampliamente, marcando los límites del territorio que nos atreveremos a indagar.

Esto concuerda con uno de los resultados más sorprendentes y enigmáticos de la investigación en eficacia: la capacidad de los terapeutas no va de la mano con sus años de formación. En otros términos, un terapeuta puede ser muy bueno con sólo dos o tres años y otro muy malo pese a diez años de estudio. Los cursos, talleres, seminarios, etc., que pueblan el mundo “psi” no mejoran per se la competencia de los interventores. Asimismo, éstos tienden a sobrevalorar su capacidad y a recordar selectivamente sólo los procesos terapéuticos exitosos.

De modo que la defensa de las escuelas porque son “mejores”, “más científicas” o “más eficaces” cae en saco roto al constatar que no son ésas las razones por las que las defendemos en realidad.

La esperanza: el principio activo de toda psicoterapia eficaz

Pero hay más. En 1961, Jerome Frank publicó el que ya es un clásico en la historia de la psicoterapia: “Persuasion and Healing: a Comparative Study of Psychotherapy” (se puede descargar gratuitamente de aquí). Allí y en las sucesivas ediciones Frank sostiene que todas las psicoterapias comparten un trasfondo común. Las personas acuden a terapia desanimadas y con una serie de problemas, habitualmente depresión y ansiedad. Esto es, las personas vienen por la desmoralización causada por sus síntomas, no para aliviar los síntomas mismos. Por ende, Frank postula que la psicoterapia es eficaz porque trata directamente esta desmoralización y sólo indirectamente los síntomas que se originan en el supuesto trastorno subyacente. Y la trata porque la relación con el terapeuta está cargada de emociones y significado; el paciente se pone en sus manos y confía en que podrá ayudarlo, y el terapeuta le expone un mito que explica su malestar y una serie de rituales que propenden a eliminarlo. En suma, el principio activo de la terapia, dice Frank, es la esperanza. Y la esperanza, aunque más compatible con ciertas corrientes, no es exclusiva de ninguna de ellas; es un factor común.

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“Soy terapeuta, a secas”: el fin de las escuelas psicoterapéuticas, primera parte

Hace unos días me hicieron una pregunta: “¿de qué corriente es usted?” Sin pensarlo, respondí: “De ninguna”. Y es la mejor respuesta que pude haber dado.

Sí, sé que en este mismo sitio expongo lo que son el coaching y la psicoterapia contructivistas. Y es cierto que el constructivismo (en particular, las ideas de George Kelly y Gregory Bateson) anima e inspira mi práctica como asesor y facilitador de procesos de cambio. Pero -y este es el quid de la cuestión- ya no me describo a mí mismo como “constructivista”; de hecho, no me describo de ningún modo. Soy un psicoterapeuta y coach, a secas. Trabajo en favorecer el cambio en los individuos y organizaciones, a secas.

Asimismo, cuando doy clases contribuyo activamente a desarmar el tinglado de las “corrientes terapéuticas”. Porque tengo la esperanza de que todos los terapeutas lo sean “a secas” dentro de una o dos décadas: sólo así convertiremos la psicoterapia en una empresa tanto científica como útil.

Pero ¿por qué acabar con las “corrientes”? He aquí algunas razones.

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