Solo

Hace como 40 años, Louis Pauwels y Jacques Bergier publicaron un libro que se convertiría rápidamente en best seller: El Retorno de los Brujos.

El Retorno de los Brujos

Plagado de datos grotescos, relatos macabros, citas eruditas y preguntas retóricas de alcance cósmico, El Retorno… es un desigual intento de “demostrar” la filiación mágica y mística que subyace a la ciencia y la historia occidentales. Azorados, descubrimos que el nazismo no era más que la supervivencia de atávicos mitos arios, y que el éxito de Hitler se debió no tanto a su genio militar cuanto a su empleo de poderosísimos rituales mágicos; constatamos que “los gobiernos saben más de lo que pregonan” acerca de los ovnis, los extraterrestres y los poderes mentales (verbigracia, que el ser humano los posee porque desciende de los proverbiales “hombrecitos verdes”); y que el mundo ha sido guiado desde sus inicios por un reducido comité de reyes-magos-conspiradores, relacionados con la Atlántida, los susodichos extraterrestres, el Rey Arturo y el budismo tibetano.

Todo esto, y más, se enmarca dentro de lo que Pauwels y Bergier llamaron “realismo fantástico”: “una corriente de pensamiento orientada a descubrir la naturaleza surrealista y mágica que yace oculta tras la percepción racional y cartesiana que se tiene del mundo”.

Y de este modo, sin imaginarlo siquiera, inauguraron (junto con algunos otros) la plétora de movimientos new age tan de moda hoy en día; el new age, temido y adorado a la vez.

(De paso: debo agradecer a Pauwels y Bergier el descubrimiento de Arthur Machen, mi escritor fantástico preferido -¡y con mucho! En El Retorno… transcriben un fragmento más o menos largo de El Gran Dios Pan, posiblemente su mejor obra. De hecho, se trata de este fragmento, que discute la naturaleza del mal de manera sutil, profunda y terriblemente inquietante. Excelente lectura… Como lo es sólo la primera parte de esto, antes de que aparezcan Lacan y su gelatinosa parafernalia…)

Planeta

Alentados por el inesperado éxito de su libro, los extravagantes autores comenzaron a editar una revista como no ha habido otra desde entonces: Planète.

Quiso la providencia que, a los 16, pusiera mis manos sobre un ejemplar (traducido en Argentina en 1965), que me remitió, a su vez, al “visionario Escher”.
Y quiere, ahora, que la portada de éste (que aún conservo) sea la misma que aquí se muestra. Casualidad, casualidad

Y quiso, hace un par de años, que diese con un corto ensayo donde Mircea Eliade critica con sabiduría y ecuanimidad estos tempranos brotes de sincretismo entre magia, ciencia, mitología y filosofía barata. (El ensayo, llamado “Las modas culturales y la historia de las religiones”, se encuentra en Ocultismo, brujería y modas culturales).

Eso quiso la providencia; o debería decir “la Providencia“, dada la frecuencia con que interviene en mis asuntos. (Algún día aclararé este punto con ella, esquiva como es…)

En la corriente de la Vida, de Hugo Simberg

Podría hablar durante horas de todo esto. Es un asunto fascinante, enigmático, que reverdece día a día; un pozo de transparente y cantarina agua en el fondo de mi alma.

Podría. Pero ¿a quién contárselo?

Estoy solo.

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