(Soleimán-Ben-Daud es Salomón, el hijo de David; El Iskandar de Dos Cuernos, Alejandro Magno.)
Historia Prodigiosa de la Ciudad de Bronce, Las Mil Noches y Una Noche
(Soleimán-Ben-Daud es Salomón, el hijo de David; El Iskandar de Dos Cuernos, Alejandro Magno.)
Historia Prodigiosa de la Ciudad de Bronce, Las Mil Noches y Una Noche
Érase una vez un joven príncipe que creía en todas las cosas menos tres. No creía en las princesas, no creía en las islas y no creía en Dios. Su padre, el rey, le dijo que nada de eso existía. Y como no había en los dominios de su padre princesas ni islas, ni tampoco señal alguna de Dios, el joven príncipe creyó lo que su padre le decía.
Pero un día el príncipe se escapó de palacio. Y llegó al país vecino. Allí se quedó asombrado al ver islas desde todas las costas. Y, en esas islas, extrañas criaturas a las que no se atrevió a dar nombre. Cuando buscaba un barco, un hombre vestido de etiqueta se le acercó y el príncipe le preguntó:
-Eso que hay ahí, ¿son islas de verdad?
-Claro que son islas de verdad -dijo el hombre del traje de etiqueta.
-¿Y qué son esas extrañas y turbadoras criaturas?
-Son todas ellas princesas auténticas.
-Entonces, ¡también Dios existe! -exclamó el príncipe.
-Yo soy Dios -repuso el hombre vestido de etiqueta, haciéndole una reverencia.
El joven príncipe regresó a su país lo antes que pudo.
-De modo que has regresado… -le dijo su padre, el rey.
-He visto islas. He visto princesas. Y he visto a Dios -le dijo el príncipe en son de reproche.
El rey no se conmovió en lo absoluto.
-Ni existen islas de verdad, ni princesas de verdad ni ningún Dios de verdad.
-¡Yo lo he visto!
-Dime cómo iba vestido Dios.
-Dios iba vestido con traje de etiqueta.
-¿Te fijaste si llevaba arremangada la chaqueta?
El príncipe recordó que, en efecto, así era. El rey sonrió.
-Eso no es más que el disfraz de los magos. Te han engañado.
Al oír esto, el príncipe regresó al país vecino, fue a la misma playa y encontró una vez más al hombre que iba vestido de etiqueta.
-Mi padre el rey me ha dicho -dijo el joven príncipe con indignación- quién es usted en realidad. La otra vez me engañó, pero no volverá a hacerlo. Ahora sé que eso no son islas de verdad ni princesas de verdad, porque usted es un mago.
El hombre de la playa sonrió.
-Eres tú, muchacho, quien está engañado. En el reino de tu padre hay muchas islas y muchas princesas. Pero como estás sometido al hechizo de tu padre, no puedes verlas.
El príncipe regresó pensativo a su país. Cuando vio a su padre le miró a los ojos.
-Padre, ¿es cierto que no eres un rey de verdad, sino un simple mago?
El rey sonrió y se arremangó la chaqueta.
-Sí, hijo mío, no soy más que un simple mago.
-Entonces, el hombre de la playa era Dios.
-El hombre de la playa era otro mago.
-Tengo que saber la verdad auténtica, la que está más allá de toda magia.
-No hay ninguna verdad más allá de la magia -dijo el rey.
El príncipe se quedó muy triste.
-Me suicidaré -dijo.
El rey hizo que, por arte de magia, apareciese la muerte. La muerte se plantó en el umbral y llamó al príncipe. El príncipe se estremeció. Recordó las bellas aunque irreales islas, y las bellas aunque irreales princesas.
-Muy bien -dijo-. Creo que puedo soportarlo.
-Lo ves, hijo -dijo el rey-. También tú empiezas a ser un mago.

Y ahora, ya es medianoche.
Una vez más,
una sola.

Eso es todo lo que pido.
Ya han esperado bastante
-y yo he tardado en decidirme:
Es hora de ir en su busca.

Well i’ve had dreams enough for one
And i’ve got love enough for three
I have my hopes to comfort me
I got my new horizons out to sea
But i’m never going to lose your precious gift
It will always be that way
Cos i know i’m going to find my own peace of mind
Someday…
Where is this place that we have found
Nobody knows where we are bound
I long to hear, i need to see
Cos i’ve shed tears too many for me
On the wind soaring free
Spread your wings
I’m beginning to see
Out of mind far from view
Beyond the reach of a nightmare come true
On peut vivre sans richesse
Presque sans le sou
Des seigneurs et des princesses
Y’en a plus beaucoup
Mais vivre sans tendresse
On ne le pourrait pas
Non, non, non, non
On ne le pourrait pas
On peut vivre sans la gloire
Qui ne prouve rien
Etre inconnu dans l’histoire
Et s’en trouver bien
Mais vivre sans tendresse
Il n’en est pas question
Non, non, non, non
Il n’en est pas question
Quelle douce faiblesse
Quel joli sentiment
Ce besoin de tendresse
Qui nous vient en naissant
Vraiment, vraiment, vraiment
Dans le feu de la jeunesse
Naissent les plaisirs
Et l’amour fait des prouesses
Pour nous éblouir
Oui mais sans la tendresse
L’amour ne serait rien
Non, non, non, non
L’amour ne serait rien
Un enfant vous embrasse
Parce qu’on le rend heureux
Tous nos chagrins s’effacent
On a les larmes aux yeux
Mon Dieu, mon Dieu, mon Dieu…
Dans votre immense sagesse
Immense ferveur
Faites donc pleuvoir sans cesse
Au fond de nos cœurs
Des torrents de tendresse
Pour que règne l’amour
Règne l’amour
Jusqu’à la fin des jours