Cuento con moraleja

El cuento
Imagínate que te encuentras con Dios y te dice: “mira, hijo, aquí tienes las llaves del paraíso. Pasa y ponte cómodo; estás en tu casa”.
Supongo que nadie dudaría un segundo en aceptar la propuesta; es más, ni siquiera se les ocurriría pensar que hay margen para la duda. Lo harían, y listo.

Pero ¿y si tuvieras la firme convicción de que en tu interior mora una serpiente –la misma que tentó a Eva? ¿De que al poner un pie en el Edén sembrarías las semillas de su destrucción?

¿Entrarías al paraíso, a pesar de todo?

La moraleja
Yo no lo haría. No lo hice.
Lo que hice fue abdicar del paraíso y lanzarme a la caza de la serpiente. Y la he acechado durante años, noche y día, sin descanso.

Sólo para descubrir que ella también me ha acechado a mí. Pues el milenario chiste de la rata y el conductista es terriblemente acertado: “tengo a mi experimentador completamente condicionado”, dice la rata a una amiga; “me da comida cada vez que aprieto una palanca”.

El desenlace
Ahora he abandonado la caza -porque es como cazar tu propia sombra. Y he encontrado otros paraísos, menos fantásticos, más terrenales. La serpiente sigue viva; más aún, se fortalece hora tras hora.

Y yo con ella.

The Story in your Eyes

I’ve been thinking about our fortune
And I’ve decided that we’re really not to blame
For the love that’s deep inside us now
Is still the same.

The Moody Blues

Plagado de estrellas

Cada persona es un universo, una noche plagada de estrellas, un océano de arena y cristal.

Y tú corres y das vueltas, a trompicones, y contemplas un cielo tras otro y tras otro;

Sin dejar de sorprenderte, de conmoverte y de temblar hasta las lágrimas

Por el milagro, la maravilla,
El placer, el miedo,
La pasión, el desenfreno,
El ansia, el reposo,
La sed y la agonía

Del enigma de estar vivo.

Who’s Gonna Ride your Wild Horses

You’re an accident waiting to happen,
You’re a piece of glass left in a beach.

U2

Árboles, tres

Prólogo

John Boorman

Hace muchos años, John Boorman dirigió dos películas que siempre me han apasionado: la oscura Zardoz y la popular Excalibur. Esta la he visto unas cuantas veces –la última, hoy; aquella, una sola, de madrugada, en un canal ignoto de un país olvidado.

Árbol – 1

Mordred y Morgana

Hay una escena magnífica en Excalibur. Perceval, el último caballero de la Tabla Redonda, exhausto tras diez años y un día en pos del Santo Grial, es conducido por Mordred, vástago del incesto entre Arturo el rey y su hermana Morgana, a un árbol del que penden los cadáveres de sus compañeros, amortajados en sus armaduras. “Estos también buscaban el Grial”, masculla Mordred (un bello y perverso muchacho rubio); “pero no supieron ganárselo”. Perceval contempla el dantesco cuadro; un cuervo se abate sobre una calavera y le arranca un ojo.

Árbol – 2

Fruto extraño

En 1937, un desconocido Abel Meeropol se quedó pasmado ante un cuadro también dantesco: los cadáveres ondeantes de dos negros linchados en Estados Unidos. Incapaz de olvidar la imagen, compuso un poema, un macabro milagro de concisión y musicalidad, que publicó sin dificultades. El azar hizo que se lo enseñara a Billie Holiday, que a ella le resultara fascinante y que lograse convertirlo en una canción suavemente espeluznante:

Strange Fruit

Southern trees bear a strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black body swinging in the Southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.

Pastoral scene of the gallant South,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolia sweet and fresh,
And the sudden smell of burning flesh!

Here is a fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for a tree to drop,
Here is a strange and bitter crop.

Árbol: tres

En una de las paredes del segundo piso del Museo Freud reposa, si no recuerdo mal, este cuadro:

Esperan

El nombre de su autor (Sergei Pankejeff) es prácticamente desconocido –no así su apodo: el “Hombre de los Lobos”. Allá por 1910, improvisó este boceto para transmitir más vívidamente el siguiente sueño a Sigmund Freud:

Soñé que era de noche y estaba acostado en mi cama (mi cama tenía los pies hacia la ventana, a través de la cual se veía una hilera de viejos nogales. Sé que cuando tuve este sueño era una noche de invierno). De pronto, se abre sola la ventana, y veo, con gran sobresalto, que en las ramas del grueso nogal que se alza ante la ventana hay encaramados unos cuantos lobos blancos. Eran seis o siete, totalmente blancos, y parecían más bien zorros o perros de ganado, pues tenían grandes colas como los zorros y enderezaban las orejas como los perros cuando ventean algo. Presa de horrible miedo, sin duda de ser comido por los lobos, empecé a gritar…, y desperté. Mi niñera acudió para ver lo que me pasaba, y tardé largo rato en convencerme de que sólo había sido un sueño: tan clara y precisamente había visto abrirse la ventana y a los lobos posados en el árbol. Por fin me tranquilicé sintiéndome como salvado de un peligro, y volví a dormirme.

Epílogo
Del tercer árbol no penden; allí, esperan.

Epifanía a la inversa

Recuerdo haber leído en alguna parte que muchos de los filósofos más importantes han pasado por una especie de “revelación”, bien en la infancia, bien al final de la adolescencia; y que su trabajo filosófico ulterior ha sido invariablemente un intento de descifrar y aquilatar tal experiencia.

Ernst Mach

Sé de cierto que así le ocurrió a Ernst Mach, campeón del positivismo fenomenalista decimonónico (cuyas ideas tuvieron gran influencia en James y en el Círculo de Viena):

Lo superfluo del papel desempeñado por “las cosas en sí mismas” cayó sobre mí de forma repentina. En un día soleado, al aire libre, el mundo se me apareció como formando una masa coherente de sensaciones, sólo más intensamente coherentes en mi ego.
(Citado por D. Oldroyd, El Arco del Conocimiento).

Albert Einstein

También sé que el germen de la teoría de la relatividad fue una pregunta que se hizo Einstein cuando adolescente -una pregunta tan pasmosa que le inquietaría durante años: “Si pudiese ir tan rápido como la luz y me pegase a la cola de un rayo luminoso, ¿qué vería?”

If I pursue a beam of light with the velocity c, I should observe such a beam as a spatially oscillatory electromagnetic field at rest. However, there seems to be no such thing, whether of the basis of experience or according to Maxwell’s equations. From the very beginning it appeared to me intuitively clear that, judged from the standpoint of such an observer, everything would have to happen according to the same laws as for an observer who, relative to the earth, was at rest.
(Citado por M. Polanyi, Personal Knowledge).

El Buddha

Y sé, por último, que la búsqueda del Buddha del nirvana nació de una devastadora conclusión alcanzada en plena juventud: la inevitabilidad del sufrimiento.

La epifanía de Philip Dick

Lo que no sabía era que Philip K. Dick (del que ya hemos hablado) sufrió, ya entrado en años, una suerte de “epifanía a la inversa”, terrorífica y macabra; y que dedicó el resto de su vida a desentrañarla.

Fracasó miserablemente -aunque las páginas en las que consignó su fracaso sean de un interés innegable, no meramente anecdótico: la Cábala, la Gnosis, la pseudociencia y la reflexión se funden en un intento frenético de comprender el acontecimiento. El resultado es una metafísica retorcida y extravagante –bella, a su modo.

Muchos piensan que esta epifanía fue en realidad el primer síntoma de la psicosis de Dick; de hecho, él mismo lo creía así, la mitad del tiempo.

Pero sólo la mitad –a Dios gracias.

Más allá del velo, la Música de las Esferas

Por cierto: el relato de la epifanía se encuentra en este libro.
Mas he dado con una última e inestimable joya: el mismo relato, en forma de cómic, dibujado por Robert Crumb. ¿Quién mejor que él para plasmar una verdad tan orate?

Lo recomiendo intensamente: es una lectura fascinante en grado sumo.

Acaso, también, peligrosa.

Addendum
Toda epifanía tiene su Buena Nueva. Hela aquí: en este lugar se encuentran, en formato digital, en castellano, gratis, al alcance de todos, la mayoría de cuentos y novelas de Philip K. Dick. ¿Qué más se puede pedir?

Muy pronto será mañana

Lupin III, el Aventurero
Hace siglos (eso parece) me encontré con una vieja serie japonesa llamada Cliffhanger! – Las aventuras de Lupin III.
Era formidable: cómica, atrevida, ágil, retorcida –y al propio tiempo simple hasta la vacuidad.

Pasé tardes enteras disfrutando de ella. Cosas así te ayudan a vivir.

Spike Spiegel, el Cowboy del Espacio
Hace un año (casi un siglo) di por casualidad con otra serie, también japonesa, también formidable: Cowboy Bebop. Cómica, atrevida, ágil y retorcida; deliciosamente semejante al viejo Lupin. Mucho menos simple: es trágica, anegada de heroísmo, honor y sed de venganza.

Con la genial añadidura de una banda sonora polifacética e inmejorable, compuesta por Yoko Kanno.

Mañana.
Hace siglos, y hace un año;
Muy pronto será mañana.

Un peso de encima

Lo maravilloso, sin embargo, es que descubres de repente que un montón de asuntos ya no te importan –y que esa tonelada que llevabas siempre encima se ha esfumado sin dejar rastro.

Sigues encorvado, claro –es la costumbre, nada más.

Ya son varias las veces que me ha pasado lo mismo. La noticia de una pérdida irreparable trae consigo un ramalazo de aflicción por demás insoportable; y luego se diluye sin apoltronarse en mi alma.

Porque quince segundos después del “¡Oh! ¡Nunca más…!” escucho el “Un momento: pero ya la habías perdido… Y has vivido así durante años. ¿Por qué, pues, te perturba ahora?”

Ya la has perdido. ¿Por qué, pues, te dejas perturbar ahora?

Lord Byron

So, we’ll go no more a roving

So, we’ll go no more a roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon be still as bright.

For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the heart must pause to breathe,
And love itself have rest.

Though the night was made for loving,
And the day returns too soon,
Yet we’ll go no more a roving
By the light of the moon.

George Gordon Noel Byron, Lord Byron