Lü, el Andariego


La montaña (Ken) se mantiene quieta; arriba el fuego (Li) llamea y no permanece. Por lo tanto no quedan juntos. La tierra extraña, la separación, es la suerte del andariego.

El Dictamen:
“El Andariego. Éxito por lo pequeño.
Al andariego la perseverancia le trae ventura”.


Comentario
Como viajero y extranjero uno no debe mostrarse brusco ni pretender subir demasiado alto. No dispone uno de un gran círculo de relaciones; no hay, pues, motivo de jactancia. Es necesario ser precavido y reservado; de este modo uno se protegerá del mal. Si uno se muestra atento con los demás, conquistará éxitos. El andariego no tiene morada fija, la carretera es su hogar. De ahí que ha de preocuparse por conservar interiormente su rectitud y firmeza, y cuidar de detenerse únicamente en lugares adecuados manteniendo trato tan sólo con gente buena. Entonces tendrá ventura y podrá seguir viaje sin ser molestado.


La Imagen:
“Sobre la montaña hay fuego: la imagen del Andariego.
Así el noble aplica con claridad y cautela las penalidades y no arrastra pendencias”.

Comentario
Cuando el pasto sobre la montaña se quema, da un claro resplandor. Pero el fuego no permanece allí, sino que continúa su andanza en busca de nuevo alimento. Es un fenómeno muy fugaz. Lo mismo ha de suceder con los castigos y los pleitos. Es necesario que se trate de fenómenos muy fugaces y que éstos no se arrastren a otros lugares. Las prisiones han de ser algo que sólo acoge a la gente en forma pasajera, como si fuesen huéspedes. No deben convertirse en morada de los hombres.

(I Ching, trad. de Richard Wilhelm)

El primer oráculo

Pues sí, no te equivocas: ¡otro weblog!
Pero ¿por qué?
Ah… No se me ocurre mejor explicación que una alegoría.

Tendemos a suponer que las ideas que nos pasan por la cabeza son nuestras; que podemos gobernarlas, apartarlas, llamarlas al orden; que provienen de “nuestra” mente, de “nuestra” esencia.
Mas puede que estemos equivocados. Puede que sean tan “nuestras” como lo son los leucocitos. Sí, nos constituyen -pero no están bajo nuestro poder. Puede que sean más bien como los animales que conviven en una selva -una selva que somos nosotros.

Dale vueltas por un instante. ¿Sabes de dónde salen tus pensamientos? ¿Los has atrapado in fraganti, in statu nascendi? Una vez han nacido, ¿eres capaz de detenerlos? ¿O de reconducirlos?
No. Lo que ocurre, en todo caso, es que un pensamiento suplanta a otro, sucediéndolo en una cadena interminable e insondable.
Y allí estás tú, atado a ella -con la vista clavada en cada fragmentaria idea, incapaz de alzar la cabeza y disfrutar del panorama.

Si es así, si somos la selva donde conviven las ideas, cada una de ellas nace, sobrevive y muere en fracciones de segundo -sin dejar rastro.

Para el Universo, bien pudo no haber existido.