Pues sí, no te equivocas: ¡otro weblog!
Pero ¿por qué?
Ah… No se me ocurre mejor explicación que una alegoría.
Tendemos a suponer que las ideas que nos pasan por la cabeza son nuestras; que podemos gobernarlas, apartarlas, llamarlas al orden; que provienen de “nuestra” mente, de “nuestra” esencia.
Mas puede que estemos equivocados. Puede que sean tan “nuestras” como lo son los leucocitos. Sí, nos constituyen -pero no están bajo nuestro poder. Puede que sean más bien como los animales que conviven en una selva -una selva que somos nosotros.
Dale vueltas por un instante. ¿Sabes de dónde salen tus pensamientos? ¿Los has atrapado in fraganti, in statu nascendi? Una vez han nacido, ¿eres capaz de detenerlos? ¿O de reconducirlos?
No. Lo que ocurre, en todo caso, es que un pensamiento suplanta a otro, sucediéndolo en una cadena interminable e insondable.
Y allí estás tú, atado a ella -con la vista clavada en cada fragmentaria idea, incapaz de alzar la cabeza y disfrutar del panorama.
Si es así, si somos la selva donde conviven las ideas, cada una de ellas nace, sobrevive y muere en fracciones de segundo -sin dejar rastro.
Para el Universo, bien pudo no haber existido.