
Varios días antes de la ocupación nazi de París, en 1940, un grupo de afligidos hombres y mujeres se sentó en un café del Boulevard Saint-Germain a discutir si abandonar el país o unirse a un grupo de la resistencia.
Todos estaban abatidos, salvo una hermosa joven, quien dijo que literalmente daría la bienvenida a los alemanes con los brazos abiertos y se acostaría con cada apuesto soldado enemigo.
Varios se enfurecieron y un hombre empezó a estrangularla antes de que los otros se la arrebataran.
Más tarde supieron que esa mujer, lejos de ser una traidora, planeaba servir a su patria en la mejor forma a su alcance:
Estaba muriendo de sífilis.