Amor, dolor, poder

Ma Yuan, En Un Camino de la Montaña, en Primavera

El dolor del corazón puede ser suave y gentil; como una picazón, puede limitarse a señalarte el lugar de tu incomodidad.

Puede también ser insoportable, terrible, abrasador.

Y cuando lo es, ¡cuidado!

Porque puedes caer en la tentación y lanzarte contra él -o contra los reflejos que arroja sobre lo que te rodea. Puedes responder al dolor con el poder.

Lo cual, invariablemente, trae sólo más dolor.

O puedes detenerte, pararte y ver; y pedirle, con cariño y dulzura, que se aleje de tu alma uno o dos centímetros para que le eches una mirada, lo conozcas, le pongas nombre. Puedes aprender a comprenderlo, a sentir compasión por él, a amarlo.

Lo cual, invariablemente, desvanece tu dolor.

No es que el poder sea “malo” -ningún pecado lo es; es sólo que es ilusorio.

Qué es la terapia

Gran controversia rodea a la definición misma de “psicoterapia“. No parece haber un concepto universalmente aceptado; entre otras cosas, porque la variedad de prácticas que se llaman a sí mismas “terapia” es en el mejor de los casos inabarcable -y, en el peor, absurda.
En un libro, por lo demás interesante, he dado con la mejor definición de terapia que he leído nunca. Los juegos de palabras sobre el término “ask” la hacen difícil de traducir, de modo que la copio tal cual:

What is a therapist that a client may consult her, and a client that he may consult a therapist? Clients are clients because they ask therapists for help. But the person asked is the wrong person, and the question posed is the wrong question. Therapy is a process wherein the client learns how to stop being a client by discovering how not to ask the wrong person the wrong question. At the same time, the therapist must learn how to stop being the therapist by not answering the wrong question right away and discovering how to not-answer the wrong question in a right way.
Douglas Flemons, Completing Distinctions

Dudar, destruir y hacerse el tonto

Me parece a mí que el poeta de la Última Época Cristiana estaba comprometido, para conservar su integridad, a resistir, dudar, destruir y hacerse el tonto; solamente cuando se encontraba con un compañero poeta de su misma mentalidad, o con una mujer sobre la cual el espíritu de la diosa había descendido en secreto, sentía que aún no estaba todo perdido. ¿No es así?

 

La Diosa Blanca, a través de Robert Graves