El enigma del mal

Baphomet
Todo filósofo, todo teólogo, todo ser humano afronta, por fuerza y tarde o temprano, uno de los problemas más intrigantes, complejos y urgentes de la historia: el enigma del mal.

El problema, en sí, es muy simple, casi infantil: ¿por qué existe el mal? ¿Cuál es la razón del sufrimiento, la injusticia, el pecado, la muerte?

Y, en el fondo, las respuestas son igual de simples e infantiles:

1. En realidad, no existe: el mal es una ilusión. La respuesta relativista. También podría ser la respuesta gnóstica -suponiendo, como muchos gnósticos, que lo que creemos “real” es una ilusión forjada por un dios menor, el Demiurgo (o, en términos contemporáneos, la Matrix).

2. En realidad, existe, pero no es tan grave como parece. Aquí caben varias divisiones:
-Existe, pero forma parte del Plan Divino, de tal modo que “no es tan malo”.
-Existe, pero no como fuerza positiva, sino meramente como “ausencia de bien”. La respuesta tomista.
-Existe, pero “por nuestro propio bien”: la respuesta ascética. En definitiva, una forma más evolucionada de la anterior.
-Existe, pero Ad majorem Dei gloriam: la respuesta autoritaria.
-Existe, pero perderá la batalla final: la respuesta futurista-utópica (cristiana, sin duda, pero también marxista).

3. En realidad, existe; y es tan grave como parece. Pero así es como debe ser: la respuesta taoísta (si alguien se atreve a interpretar a los taoístas…) El Mal y el Bien, en eterno equilibrio. Lo que nos lleva a

4. Existe; es grave; y no es así como debe ser -no hay ningún Equilibrio que preservar. Pero todo da lo mismo, nada importa. Porque nada existe, en realidad, con independencia de nada más. La respuesta del budismo primitivo (y tal vez del hinduismo).

Ninguna es demasiado satisfactoria; ninguna es concluyente ni irrebatible. La enredadera de la razón roba la savia del tronco de la fe.

Pero son respuestas valientes, a su manera; respuestas a las que apelamos cuando la tormenta arrecia.

Respuestas que hablan de lo que somos, en lo más profundo, desnudos de máscaras y torpes atavíos; cuando salimos al viento, indefensos como niños.

El Príncipe y el Mago

El Prestidigitador, de Hieronymous Bosch

Érase una vez un joven príncipe que creía en todas las cosas menos tres. No creía en las princesas, no creía en las islas y no creía en Dios. Su padre, el rey, le dijo que nada de eso existía. Y como no había en los dominios de su padre princesas ni islas, ni tampoco señal alguna de Dios, el joven príncipe creyó lo que su padre le decía.

Pero un día el príncipe se escapó de palacio. Y llegó al país vecino. Allí se quedó asombrado al ver islas desde todas las costas. Y, en esas islas, extrañas criaturas a las que no se atrevió a dar nombre. Cuando buscaba un barco, un hombre vestido de etiqueta se le acercó y el príncipe le preguntó:

-Eso que hay ahí, ¿son islas de verdad?
-Claro que son islas de verdad -dijo el hombre del traje de etiqueta.
-¿Y qué son esas extrañas y turbadoras criaturas?
-Son todas ellas princesas auténticas.
-Entonces, ¡también Dios existe! -exclamó el príncipe.
-Yo soy Dios -repuso el hombre vestido de etiqueta, haciéndole una reverencia.

El joven príncipe regresó a su país lo antes que pudo.

-De modo que has regresado… -le dijo su padre, el rey.
-He visto islas. He visto princesas. Y he visto a Dios -le dijo el príncipe en son de reproche.
El rey no se conmovió en lo absoluto.
-Ni existen islas de verdad, ni princesas de verdad ni ningún Dios de verdad.
-¡Yo lo he visto!
-Dime cómo iba vestido Dios.
-Dios iba vestido con traje de etiqueta.
-¿Te fijaste si llevaba arremangada la chaqueta?
El príncipe recordó que, en efecto, así era. El rey sonrió.
-Eso no es más que el disfraz de los magos. Te han engañado.

Al oír esto, el príncipe regresó al país vecino, fue a la misma playa y encontró una vez más al hombre que iba vestido de etiqueta.

-Mi padre el rey me ha dicho -dijo el joven príncipe con indignación- quién es usted en realidad. La otra vez me engañó, pero no volverá a hacerlo. Ahora sé que eso no son islas de verdad ni princesas de verdad, porque usted es un mago.
El hombre de la playa sonrió.
-Eres tú, muchacho, quien está engañado. En el reino de tu padre hay muchas islas y muchas princesas. Pero como estás sometido al hechizo de tu padre, no puedes verlas.

El príncipe regresó pensativo a su país. Cuando vio a su padre le miró a los ojos.

-Padre, ¿es cierto que no eres un rey de verdad, sino un simple mago?
El rey sonrió y se arremangó la chaqueta.
-Sí, hijo mío, no soy más que un simple mago.
-Entonces, el hombre de la playa era Dios.
-El hombre de la playa era otro mago.
-Tengo que saber la verdad auténtica, la que está más allá de toda magia.
-No hay ninguna verdad más allá de la magia -dijo el rey.

El príncipe se quedó muy triste.

-Me suicidaré -dijo.

El rey hizo que, por arte de magia, apareciese la muerte. La muerte se plantó en el umbral y llamó al príncipe. El príncipe se estremeció. Recordó las bellas aunque irreales islas, y las bellas aunque irreales princesas.

-Muy bien -dijo-. Creo que puedo soportarlo.
-Lo ves, hijo -dijo el rey-. También tú empiezas a ser un mago.

John Fowles, The Magus

De vez en cuando, detente

Y mira hacia atrás.

Respira hondo, unas cuantas veces. No te obligues: ocurrirá por sí mismo –como ocurre la magia, para siempre, desde que el mundo es mundo.

Mira hacia atrás, y recuerda:

Las palabras que has dicho,
Las que has escuchado,
Las que debiste haber dicho y debiste atender.

La gente que has conocido,
La que has amado,
La que te ha amado
–cuando la tierra era joven
y el rocío en una telaraña comprendía el universo.

Mira hacia atrás; respira; recuerda;
Y deja que el tiempo limpie tus heridas
Mientras mana, sin destino, puro, inquieto, inaprehensible.

De vez en cuando, detente

Y luego, echa a andar, otra vez.

Apenas respiro

Duncan Sheik

Barely Breathing

I know what you’re doing
I see it all too clear
I only taste the saline
When I kiss away your tears

You really had me going, wishing on a star
But the black holes that surround you
Are heavier by far

I believed in your confusion
You were so completely torn
Well it must have been that yesterday
Was the day that I was born

There’s not much to examine
There’s nothing left to hide
You really can’t be serious
If you have to ask me why
I say good-bye…

‘Cause I am barely breathing
And I can’t find the air
I don’t know who I’m kidding
Imagining you care,
And I could stand here waiting
A fool for another day
But I don’t suppose it’s worth the price
Worth the price, the price that I would pay

Everyone keeps asking, what’s it all about?
I used to be so certain and I can’t figure out
What is this attraction? I only feel the pain
There’s nothing left to reason and only you to blame
Will it ever change?

But I’m thinking it over anyway…

I’ve come to find, I may never know
Your changing mind, is it friend or foe?
I rise above or sink below
With every time you come and go
Please don’t, you come and go…

Duncan Sheik