Más que esto

Así, de repente, he podido entrever una vida que hubiera podido ser mía, y no lo fue.

Gwyneth Paltrow, en Sliding Doors

Y… ¡ah! He comprendido
Que me hubiera gustado vivirla.

Avalon, de Roxy Music

I could feel at the time
There was no way of knowing
Fallen leaves in the night
Who can say where they’re blowing
As free as the wind
And hopefully learning
Why the sea on the tide
Has no way of turning

More than this – there is nothing
More than this – tell me one thing
More than this – there is nothing

It was fun for a while
There was no way of knowing
Like dream in the night
Who can say where we’re going
No care in the world
Maybe I’m learning
Why the sea on the tide
Has no way of turning

More than this – there is nothing
More than this – tell me one thing
More than this – there is nothing

Brian Ferry y Roxy Music, More Than This

Bob Harris y Charlotte, en Lost in Translation, de Sofia Coppola

Razón, maldita sea

Tenían razón, maldita sea.

Caminas sobre un risco -mejor, sobre las nubes. El viento te carcome, te asfixia, te atraviesa, como si cientos de pequeños agujeros se te abrieran en la carne, como si tu alma pudiera ondear y perderse en la brisa.

Dejas de llorar y la extiendes, como una vela; se abre a tus espaldas, magnífica, vaporosa, deshilachada; ora azul, ora púrpura. Es tu sangre y tu savia, tu aliento y tu latido.

Y te lleva consigo, sin esfuerzo, mientras los huesos se te salen del cuerpo y la gravedad te abraza con su cruel cariño.

Tenían razón, maldita sea.

Con el tiempo viene la sabiduría: la capacidad de separar el trigo de la maleza.

El mismo viento se encarga de hacerlo.
El mismo viento -y tu alma.

El amor para mí

Hace 10 años, una chica dulce y desordenada me ayudó a definir lo que iba a ser el amor para mí.

Faye Wong, en Ckungking Express, de Wong Kar-Wai

Nunca la conocí, ni llegaré a hacerlo.

Vive en Hong Kong, imagino… O vivía, en otro mundo, otros ojos…

Faye Wong; Faye, en Chungking Express

Faye Wong

Ahora, que estoy redefiniendo lo que es el amor para mí… Ahora, que no sé lo que siento e intento sentir de forma distinta, he vuelto a verla.

Y, de nuevo, ha definido lo que ha de ser el amor, para mí.

¡Ah!

Diuen: la mar és trista. Quin trepig
fa cada onada, quan s’esberla!
I veig una mar trista, però, al mig,
tu, com una perla.

Diuen: la terra és trista. Quin trepig
fa cada fulla! Mig no gosa.
I veig la terra trista, però, al mig,
tu, com una rosa.

Marià Manent

Locuras y curiosidades

¿A que no adivinas?

La Tierra es plana. (Aunque, contra lo que solemos suponer, ni siquiera los contemporáneos de Colón lo creyeran así…)

¡No! Está bien, es esférica… ¡pero no sólida! La Tierra está hueca por dentro, y allí vive la gente.

Bueno, da igual… Lo importante es que ya podemos vivir para siempre.

Bien, tal vez no… Pero sí que podemos comunicarnos con los muertos.

Bah, no responden… Pero he aquí la cura para todos los males.

Uf, es sumamente cara… Pero hay otra cura, más barata -¡y del tipo “hágalo-usted-mismo”!

Ah, ¿te ha entrado el miedo?… Consuélate: como, en realidad, nada existe, no hay ningún problema

En fin, parece que sí que existe algo… Pero no es lo que parece

Este… Sí que lo es… Sólo que no estamos solos

Quién sabe… ¡Eh! Tal vez ellos

Uf, qué agotamiento… Y sigues igual que al principio: no adivinas.

No creas cualquier cosa.
Es malo para la salud.

La vida, en quince líneas

Imagina que entras en un salón. Has llegado con retraso; otros, los que te han precedido, llevan ya un buen rato inmersos en una discusión agitada y fascinante -demasiado como para interrumpirla y resumírtela.
Más aún: la discusión ya había empezado mucho antes de que cualquiera de ellos llegase, conque ninguno es capaz de retroceder al inicio y relatarla paso por paso.

Te sientas y escuchas durante un rato, hasta que crees haber captado la médula del argumento; entonces, te pones en pie, te entrometes, dices algo. Alguien responde; tú replicas; otro sale en tu defensa; otro más se alinea en tu contra, para deleite o vergüenza de tu oponente (y en función de la habilidad de tu inesperado aliado).

Pero la discusión es interminable, infinita, eterna. Se hace tarde; has de marchar. Y te marchas.

Y la discusión prosigue, con la misma intensidad y vigor.

He dado con esto en un viejo libro de Kenneth Burke que hace siglos que nadie abría. Lo he traducido lo mejor que he podido; pero el original es mucho más poderoso, insinuante, dulce, asombroso.

La vida, en un solo párrafo.