Pues todo lo que he perdido

Siempre me hace llorar.

El Oso y el Madroño

Lay, lady, lay

Lay, lady, lay, lay across my big brass bed
Lay, lady, lay, lay across my big brass bed

Whatever colors you have in your mind
I’ll show them to you and you’ll see them shine
Lay, lady, lay, lay across my big brass bed

Stay, lady, stay, stay with your man awhile
Until the break of day, let me see you make him smile

His clothes are dirty but his hands are clean
And you’re the best thing that he’s ever seen
Stay, lady, stay, stay with your man awhile

Why wait any longer for the world to begin
You can have your cake and eat it too
Why wait any longer for the one you love
When he’s standing in front of you

Lay, lady, lay, lay across my big brass bed
Stay, lady, stay, stay while the night is still ahead

I long to see you in the morning light
I long to reach for you in the night
Stay, lady, stay, stay while the night is still ahead…

Bob Dylan

Creo en el amor, Alfie

Alfie (Michael Caine)

Alfie

What’s it all about, Alfie?
Is it just for the moment we live?
What’s it all about when you sort it out, Alfie?
Are we meant to take more than we give
or are we meant to be kind?

And if only fools are kind, Alfie,
then I guess it’s wise to be cruel.
And if life belongs only to the strong, Alfie,
what will you lend on an old golden rule?

As sure as I believe there’s a heaven above, Alfie,
I know there’s something much more,
something even non-believers can believe in.

I believe in love, Alfie.
Without true love we just exist, Alfie.
Until you find the love you’ve missed you’re nothing, Alfie.

When you walk let your heart lead the way
and you’ll find love any day

Alfie…

Alfie…

Cher

Tiempo y eternidad

Por un lado

Ruinas, de Jan Both

El pasado está fijado; el futuro es impreciso. Navegas del uno al otro merced a tu propia y casi siempre desviada brújula; eres tú y, sin embargo, ya eres otro.
El pasado está fijado; el futuro es impreciso. Y yaces entre ambos, y sueñas.

Por otro

La Nada

No existen pasado ni futuro. El pasado se ha marchado, el futuro es una ilusión. El eterno y etéreo presente se despliega sin cesar a tu fascinada vista.
Mas no eres el espectador ingenuo e inocente: tu mano se desliza sobre el lienzo. Pincelada a pincelada, emborronas tu propia muerte.

En medio

Célula

Hasta el más insignificante de los seres vivos ha heredado el hálito divino: hasta el más insignificante puede aprender. Y aprender es modificarse a sí mismo, comprometiéndose con una regularidad que atribuye al Universo. Y el sentido de este compromiso es, por definición, inédito –porque es creativo.
Hasta el más insignificante de los seres vivos es capaz de crear.

En suma

Imprevisible

Sí: quizá su pasado esté fijo; pero su futuro, su futuro es imprevisible.

Siempre se está solo

Hace ya muchos años (mala cosa: en la Academia contemporánea toda idea tiene fecha de caducidad), Christopher Lasch escribió un volumen titulado The Culture of Narcissism. Lasch era un crítico de raíces humanistas y filiación incierta; a cada tanto dejaba entrever su gusto por el marxismo, la Escuela de Frankfurt, el psicoanálisis y la censura moral (que no moralista).

Reeditado a principios de los 90, The Culture of Narcissism incluía un postfacio, The Culture Of Narcissism Revisited, que es a mi juicio la parte más sustanciosa e interesante del texto. En él, Lasch se resiste a dejarse categorizar y a admitir con sus comentaristas que el narcisismo del que hablaba el original, aunque ciertamente predominante en la década de los 80, hizo mutis con la entrada de “la condición posmoderna”. No: nuestra cultura es, si cabe, más narcisista aún –más absorta y embebida en sí misma, más centrada que nunca en el cambio, el oropel y la moda, más corta de vista y autosuficiente.

Una de las consecuencias que Lasch atribuía a la desaparición del sentido histórico y de trascendencia a manos del monzón posmoderno es algo que se ha vuelto palpable y dolorosamente popular: la incapacidad de la gente de entablar vínculos sólidos, profundos y a largo plazo. Envueltos en la imperiosa necesidad de la adaptación y el cambio constantes, nos recluimos progresivamente en nuestras corazas, perfeccionamos nuestras defensas y nos esmeramos en hacer de los demás otros tantos peldaños que escalar o recursos que utilizar; cerramos las puertas y trabamos las ventanas, temiendo que lo que nos es más propio y valioso caiga en manos equivocadas -cualesquiera, salvo las nuestras.

Hoy en día, todo vínculo se siente como una prisión, una fuente de demandas y exigencias, una inmensa tijera dispuesta a cortarte las incipientes alas. La gente ya no teme que dejen de amarla; teme dejar de amar, perder el deseo abrumados por el tedio: “pero ¿qué pasará si dejo de quererlo?” No conciben otra respuesta que no sea romper con el otro; ni se les pasa por la mente la posibilidad de resistir, de esperar un poco, de ser pacientes. Ni se les ocurre que el placer, como toda emoción, es por definición tornadizo: a la primera dificultad se resignan y renuncian.

Concomitantemente, la realidad es invariablemente solitaria. El descubrimiento supremo del narcisista contemporáneo se hace eco del Sartre más radical: siempre se está solo. A veces de manera autosuficiente y omnipotente, otras dolorosa e incapacitante; pero siempre se está solo. Y las relaciones se viven casi enteramente como “soledades a dúo”: dos soledades que se encuentran y se consuelan mutua y momentáneamente.

Así, sin saberlo, asesinamos a la trascendencia y la arrojamos por la borda. Y encima lo celebramos: nos miramos al espejo y nos llamamos “posmodernos”, “intelectuales”, “realistas”, “pragmáticos”.

Yo no me lo creo; y dudo que otros lo hagan. Poca es la gente que, atrapada por la vorágine, no me ha resultado vacua, confusa, contrita –un náufrago que se aferra con frenesí a un trozo de madera, sin saber que con eso sólo acelera su caída en el remolino.

Sola

O será que a mí no me funciona. Pese a todas estas consignas, sigo tan triste, tan esperanzado, como siempre; sigo oyendo las mismas viejas canciones, leyendo los mismos, viejos libros, llorando ante atardeceres de más de mil años.

Porque, aunque así me lo parezca de vez en cuando, no estoy solo.

Retazo de tiempo

A Whiter Shade of Pale, de Procol Harum

Entre un montón de papeles anodinos -semivacíos cuadernos de la escuela, periódicos amarillentos de hace diez años, copias de libros que nunca leí- di con un recorte enigmático y precioso: ‘A Whiter Shade Of Pale’ a bit clearer, del Sunday Review.

No recuerdo haber leído ningún Sunday Review en mi vida, conque alguien debió habérmelo regalado. (¿Quién? No lo sé de cierto, ¡maldita sea!) Intrigado, lo leí de cabo a rabo.

A Whiter Shade of Pale es una de mis canciones favoritas -tan melancólica y parsimoniosa, tan llena de misterio y de Bach. El artículo afirmaba revelar la “verdadera” interpretación de su extravagante letra -junto con un fragmento inédito de la estrofa final.

Ninguna de ambas cosas es ya desconocida -si lo fue alguna vez; el recorte es, pues, una bagatela.

Voy a conservarlo, pese a todo -mi pedazo del tiempo en blanco y negro.

A Whiter Shade of Pale

We skipped the light fandango
turned cartwheels ‘cross the floor
I was feeling kind of seasick
The crowd called out for more
The room was humming harder
as the ceiling flew away
When we called out for another drink
the waiter brought a tray

And so it was that later
as the miller told his tale
that her face, at first just ghostly,
turned a whiter shade of pale

She said, ‘There is no reason
and the truth is plain to see.’
But I wandered through my playing cards
and would not let her be
one of sixteen vestal virgins
who were leaving for the coast
and although my eyes were open
they might have just as well been closed

She said, ‘I’m home on shore leave,’
though in truth we were at sea
so I took her by the looking glass
and forced her to agree
saying, ‘You must be the mermaid
who took Neptune for a ride.’
But she smiled at me so sadly
that my anger straightway died

If music be the food of love
then laughter is its queen
and likewise if behind is in front
then dirt in truth is clean
My mouth by then like cardboard
seemed to slip straight through my head
So we crash-dived straightway quickly
and attacked the ocean bed…

Procol Harum

Sarcasmo de siglos

Hay una parte de la Biblia que siempre me ha causado risa; o más bien una sonrisa, ladeada, socarrona, tristemente sabia.

Como saben, la historia empieza con la Creación. Va Dios (que existía antes de que la misma noción de “existencia” tuviese sentido) y crea el universo cosa por cosa. O así comienza: separa la tierra del agua, crea el sol y la luna, el aire y el mar.
Luego se fatiga un poquito, deja de lado los detalles y sigue creando a borbotones: “que haya peces en el mar y aves en el cielo”, dice; y ¡zas!, la interminable variedad de las Diez Mil Cosas surge majestuosa en una fracción de segundo.

Se toma casi seis días –poco tiempo para tamaña tarea; y corona sus esfuerzos con el Jardín del Edén y sus dos árboles, el de la Vida y el del Conocimiento; y con una pobre criaturita hecha de barro, el ser humano (en su variante masculina: la femenina, como un actor de reparto, se cuela a instancias de su futuro cónyuge).

Entonces, en el clímax del relato, Dios hace una pausa y contempla extasiado su obra.

Y va y exclama:
“Y vio Dios que era bueno”.

La Creación de Adán, de Miguel Ángel

Sarcástico para ser Dios, ¿no?