Los milagros ocurren

Y las coincidencias, también.

Deborah Kerr y Van Johnson, en The End of the Affair, de Graham Greene

Mi padre amaba a una mujer, hace años. Y ella lo amaba, a su vez.

Tanto, que decidió abandonarlo, por su propio bien, para siempre. Sabía que seguir con él sólo iba a causarle daño.

Lo dejó -para salvarlo.

Y lo salvó.

Julianne Moore y Ralph Fiennes, en The End of the Affair, de Graham Greene

Yo amé a alguien, hace años; y ella me amaba a mí.

Sabía que mi amor iba a dañarla; sabía que le sería pernicioso, doloroso, que terminaría por hundirnos a ambos en un fangoso pozo de amargura, humillación y desengaño.

Así que decidí dejarla, dejar a la mujer que más había amado hasta entonces -y muy probablemente, hasta ahora.

Y lo hice, para salvarla.

...

Así se repite la historia; así se intercambian papeles en la interminable escena del mundo. El sacrificio que hicieron por tu padre, lo haces tú por alguien. Ajustas, sin pretenderlo, el Debe y el Haber del Libro de la Vida.

Y cuando lo descubres, la realidad es otra. La que siempre ha sido, aunque no lo supieras: echabas en falta una pieza crucial del rompecabezas.

Arlequín...

Los milagros -la gente que ama tanto que lo da todo por ti, la que sacrifica su felicidad por tu amor- ocurren.

Las coincidencias, jamás.

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