Y las coincidencias, también.

Mi padre amaba a una mujer, hace años. Y ella lo amaba, a su vez.
Tanto, que decidió abandonarlo, por su propio bien, para siempre. Sabía que seguir con él sólo iba a causarle daño.
Lo dejó -para salvarlo.
Y lo salvó.

Yo amé a alguien, hace años; y ella me amaba a mí.
Sabía que mi amor iba a dañarla; sabía que le sería pernicioso, doloroso, que terminaría por hundirnos a ambos en un fangoso pozo de amargura, humillación y desengaño.
Así que decidí dejarla, dejar a la mujer que más había amado hasta entonces -y muy probablemente, hasta ahora.
Y lo hice, para salvarla.

Así se repite la historia; así se intercambian papeles en la interminable escena del mundo. El sacrificio que hicieron por tu padre, lo haces tú por alguien. Ajustas, sin pretenderlo, el Debe y el Haber del Libro de la Vida.
Y cuando lo descubres, la realidad es otra. La que siempre ha sido, aunque no lo supieras: echabas en falta una pieza crucial del rompecabezas.

Los milagros -la gente que ama tanto que lo da todo por ti, la que sacrifica su felicidad por tu amor- ocurren.
Las coincidencias, jamás.
I just love Julianne! I am just a sucker for redheads I guess.