Sus mensajes son ambiguos

El ángel herido, de Simberg

Tal vez el acontecimiento decisivo de la historia humana ocurriese en una tranquila tarde del año 2405 A. C., al despertar de su siesta un sacerdote egipcio y comprender súbitamente la respuesta al enigma de la existencia -para fallecer minutos después sin habérsela contado a nadie.

Tal vez todo lo sucedido desde entonces no sea otra cosa que un banal epílogo.

Nadie podría saberlo, excepto, quizá, los dioses; y sus mensajes suelen ser lastimosamente ambiguos.

Peter Berger, Invitation to Sociology

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