Forajidos, “partidocracia” y autoritarismo

He recibido un texto de una amiga mía, Gabriela García, comentando una serie de escritos que a su vez han aparecido en nuestras bandejas de correo electrónico (sin que los hayamos solicitado; dicho sea de paso, a esto se le llama spam).

Lo publico aquí (tras haber recibido su autorización) porque condensa mejor de lo que podría hacerlo yo mismo las razones que tengo para pensar lo que pienso y actuar como lo hago, y el motivo por el cual me resisto a abdicar de mi esperanza a manos de cualquiera de los dos populistas (el macho y el tonto) ahora en liza.

No. Si hemos de cambiar (¡y tenemos que hacerlo!) ha de ser por nuestro propio esfuerzo. Si hemos de salir adelante ha de ser porque cambiamos sensiblemente nuestras formas de comportarnos en el día a día; no porque, como de costumbre, nos limitamos a votar de mala gana y a charlar interminablemente sobre la crisis de los partidos mientras apuramos un café o un martini -para terminar coimando al policía que nos detiene por conducir en estado de ebriedad, colándonos en las filas del cine o el supermercado y regodeándonos en nuestra “inteligencia”, “viveza” o “valor patriótico” a la vez que nos sentimos traicionados por el Mesías presidencial de turno.

No. Es hora de dejar de poner en hombros de otros, por muy Presidentes, economistas, empresarios o carismáticos que sean, las responsabilidades que sólo a nosotros nos competen.

La esperanza no es Correa ni Noboa. La esperanza eres tú, y soy yo.

(Los comentarios de Gabriela están en color azul).

Tras los resultados electorales

Para algunas personas los resultados electorales del pasado 15 de octubre podrían resultar sorpresivos. Sin embargo, estos resultados ratifican dos hechos predecibles: la mayoría de ecuatorianos votó por candidatos populistas, es decir Álvaro Noboa, Rafael Correa y Gilmar Gutiérrez. Por otra parte, se manifestó un rechazo a la partidocracia tradicional: Partido Social Cristiano, PSC (de León Febres Cordero), Izquierda Democrática, ID (de Rodrigo Borja y sus aliados) y Partido Roldosista Ecuatoriano, PRE (De Abdalá Bucaram) Es así como León Roldós, aliado con la ID, no alcanzó sino un cuarto puesto, Cynthia Viteri el quinto y el candidato del PRE figura entre los menos favorecidos por el voto popular.

Personalmente, esto me parece de lamentar… Por un lado, no puedo negar que estoy contenta, porque este resultado significa que, si las cosas continúan así y con un poco de suerte, en poco tiempo más podremos librarnos de algunas figuras absolutamente indeseables de la política ecuatoriana, que la han tenido secuestrada desde hace un par de décadas.

Sin embargo, por otra parte, los partidos a los que pertenecen dichos personajes indeseables, son, lamentablemente, los únicos que se parecen al menos remotamente a lo que un partido de verdad se supone que debería ser: los únicos que tienen por lo menos una línea ideológica reconocible, una estructura organizativa relativamente estable, etc. Los ganadores de esta contienda electoral no provienen de verdaderos partidos: provienen de movimientos más bien ad hoc, que básicamente sirven como un mero telón de fondo y un mero pretexto a la figura de una persona, de un líder carismático. Pero eso no los hace partidos políticos. Y aunque a algunos les pese, sin partidos políticos no hay democracia. Así de sencillo.

Últimamente todo el mundo repite la expresión “partidocracia” como un peyorativo: para denigrar a la estructura tradicional de partidos del Ecuador, nos referimos a ella como “la partidocracia”, con una mueca de desprecio, sin detenernos por un segundo a pensar lo que estamos diciendo. Los partidos políticos no son una enfermedad, no son un engendro mutante de la corrupción: son el fundamento de la democracia representativa.

El sistema de partidos de nuestro país está desvirtuado, no cumple su papel, no funciona. Totalmente de acuerdo. Pero el Ecuador, para convertirse algún día en una democracia de verdad, debe aspirar a reformular y fortalecer su sistema de partidos políticos, no a lanzarlo a la basura. Si no fíjense en las democracias más sólidas alrededor del mundo: ¿acaso han reemplazado a los partidos políticos por los movimientos sociales o cosas semejantes? No. Los movimientos sociales tienen su lugar, y los partidos el suyo.

Tomando en cuenta que la participación directa de TODOS es imposible, por razones evidentes, ¿cuáles serían las alternativas, si queremos deshacernos de la “partidocracia”? Las asambleas populares, sería la respuesta. Pero no pueden ser asambleas así nada más, espontáneas. Evidentemente, las asambleas deberán constituirse con estructuras y mecanismos estables: no pueden ser tan informales como una reunión de ex-compañeros del colegio… Para que funcionen y no terminen convirtiéndose en una payasada, probablemente tendrán que adoptar formas organizativas en mayor o menor medida similares a la de los partidos…

Estoy de acuerdo con introducir mayores espacios para la participación ciudadana en la democracia. Pero para mí eso definitivamente NO quiere decir que la ciudadanía, o peor aún una reducida parte de ella pueda, cuando le da la gana, llevarse por delante a las instituciones democráticas, como las dignidades elegidas por mayoría de votos, los partidos políticos, los periodos y mecanismos establecidos por la Constitución Política, etc.

Si nosotros, los ciudadanos, cada vez que se nos ocurre nos tomamos la atribución de atropellar las instituciones fundamentales de la democracia, aún si es en nombre de cualquier “causa justa”, ¿con qué cara les vamos a reprochar a los gobernantes, a los diputados, a los jueces, a los policías, cuando hagan lo mismo?

Álvaro Noboa, ya ha destapado varias de sus cartas: Sí al TLC, sí a la base de Manta, eliminación del impuesto a la renta, ruptura de relaciones con Cuba y Venezuela, capitalismo neoliberal puro y duro. También realizó muchos ofrecimientos de campaña completamente demagógicos como la construcción de 300 mil viviendas por año, es decir, casi mil viviendas por día, o 40 veces más viviendas que el gobierno que más soluciones habitacionales construyó anteriormente. No menos demagógico es su estilo de regalar dinero en efectivo, sillas de ruedas, computadoras, “conceder” microcréditos y hasta dar misa.

El otro candidato finalista, Rafael Correa, logró el segundo lugar y no el primero como aseguraban las encuestas, que una vez más, fallaron notablemente. Al enfrascarse Correa en enfrentamientos con León Roldós y con Cynthia Viteri, el beneficiado fue Noboa. Ciertos pronunciamientos claros de Correa son: No al TLC, no a la base de Manta, Asamblea Constituyente con plenos poderes y gobernar a favor de los intereses de los ciudadanos y no a favor de los grupos económicos de poder.

¿Acaso los ofrecimientos de Correa no son también demagógicos? Simplemente son para otro público, para otro segmento del mercado electoral… Para ciertos segmentos de la población pobre del país, las 300 mil viviendas ejercen una poderosa atracción visceral. No piensan que es un ofrecimiento absurdo, que eso quiere decir mil casas al día y que desde todo punto de vista racional es sencillamente imposible que cumpla esa promesa de campaña.

Sin embargo, las distintas ofertas de campaña de Correa son igualmente absurdas, no resisten aún el análisis más superficial, son virtualmente imposibles de cumplir, pero ejercen una poderosa atracción visceral para “los movimientos sociales, sectores progresistas y en general la ciudadanía”, o más bien ciertos sectores de ella. Eso para no mencionar que últimamente ha moderado su postura con respecto a muchos de esos temas, demostrando que, de todo su varonil extremismo, no se puede esperar mucho más que de un comercial de pasta de dientes.

Como resulta lógico, la derecha económica y política del país ha volcado su apoyo a Noboa.

Lamentablemente, esto es una verdad a medias, una afirmación tendenciosa, que hace pensar al lector que es únicamente “la derecha económica y política del país” la que está apoyando a Noboa. Lamentablemente, muchos ciudadanos conscientes día a día nos vamos dando cuenta de que entre Correa y Noboa, por más que nos disguste, la opción más razonable para el país, aparte del nulo, es Noboa, y no porque creamos por un segundo sus risibles ofrecimientos.

Con el dolor de mi alma, probablemente vote por Noboa, con la esperanza de que ello le traiga por lo menos un periodo de cuatro años de relativa estabilidad a nuestro pobre país, y de que poco a poco se nos vaya quitando la pésima costumbre de querer hacer “borrón y cuenta nueva” cada vez que no nos gusta el gobernante elegido por la mayoría.

Es entonces hora de dejarnos de sueños, de asumir la lucha por nuestros derechos más allá de lo coyuntural de las elecciones. Es tiempo de buscar la unidad en lo diverso que es nuestro país, su cultura y su gente. Pero una unidad que apunte a un proyecto político claro, liberador, transformador de las injustas estructuras que nos oprimen.

Es hora de dejar de soñar, de acuerdo. Dejemos de soñar que “los forajidos/los ciudadanos/los quiteños/el pueblo sacamos a tal o cual presidente”: los que sacaron a esos presidentes fueron otros, los que tenían muchos intereses en juego, los que tomaron la decisión final, lejos de las protestas y los gases, los que lograron que, a la salida de Lucio, el país siga estando básicamente en las mismas manos; los forajidos, tristemente, fueron simples instrumentos. Dejemos de soñar que Correa, si es que gana, va a poder hacer siquiera la mitad de las cosas que promete, tomando en cuenta que va a tener a la mayoría del Congreso como oposición. Dejemos de soñar que Correa, o cualquier otro que venga en el futuro, será el Mesías que salvará con una sola mano al Ecuador.

Hace poco un amigo comparó al Ecuador con un carro que se hunde en el fango, diciendo que es imposible sacarlo poco a poco, y más bien es necesario sacarlo de golpe, de un solo movimiento decisivo y violento. Otra comparación que he oído es que el Ecuador es un carro donde todas las piezas están dañadas: en lugar de tratar de cambiar una por una las piezas, hay que botar todo el carro. De acuerdo, ambas comparaciones tienen lógica. Pero lo que no consideran esas dos comparaciones, y muchas otras por el estilo, es que tú y yo, y el resto de ciudadanos, no estamos afuera del carro, viéndolo pensativos desde cierta distancia.

NOSOTROS TAMBIÉN SOMOS EL CARRO, nosotros también somos piezas dañadas, somos parte del problema. Porque no sabemos respetar las leyes, ninguno de nosotros: todos nos pasamos los semáforos en rojo, todos manejamos pegados los tragos, todos nos parqueamos en las veredas y en los espacios para minusválidos, todos estamos felices si descubrimos alguna manera de tener todos los canales del TVCable sin pagar, todos, AUNQUE SABEMOS QUE ES ILEGAL, INMORAL, ANTIÉTICO.

Muchos dirán que son tonteritas, que eso no se compara a la corrupción en el Congreso o en Petroecuador. Lo siento, pero es exactamente lo mismo y es hora de que lo admitamos. Y sacar a la fuerza a un Presidente que fue elegido, bien o mal, mediante los mecanismos democráticos establecidos en nuestras leyes y por la mayoría de los ecuatorianos, es también exactamente lo mismo: un total irrespeto por las normas, por el orden, por el Estado, y por el resto de la sociedad que conforma ese Estado. Y mientras no perdamos ese irrespeto arrogante y cínico, no vamos a ninguna parte. Sea con Correa o con Noboa, a ninguna parte.

¿Dónde está el poder forajido?

Reflexiones de un forajido quiteño de pura cepa, a propósito de las elecciones 2006 y de la euforia gutierrista

Preámbulo

El 2 de agosto de 1810, un año después del 10 de Agosto, Primer Grito de Independencia, que le valió a Quito el título de “Luz de América” dado por próceres de otras latitudes, Quito puso el pecho a las balas colonialistas. No solo los próceres en los calabozos fueron asesinados. Más de 3 mil quiteños, ecuatorianos, murieron en la batalla enfrentando a la soldadesca colonialista hispana, reforzada con fuerzas colombianas, panameñas y peruanas.

En primer lugar, en ese momento no existían ni el Ecuador, ni Colombia, ni Panamá ni el Perú. Es completamente arbitrario y absurdo, por no decir malintencionado, llamar así a los que lucharon de un bando o de otro.

Vuelve la histeria guitierrista

Los y las gutierristas, con la Ivonne Baki casi histérica de la alegría, con Gilmar y su banda creyendo que lo tienen todo, fanfarrones y prepotentes, empiezan a preguntar –acolitados por Andrés Carrión y otros de esa laya- ¿qué será del efecto forajido? ¿Dónde están los forajidos? Andan diciendo que el resultado electorero es una bofetada a los forajidos.

Por supuesto que lo es. Todas las personas que en un principio votaron por Lucio Gutiérrez y no estuvieron de acuerdo con el puñado de valientes quiteños que lo sacaron del poder, están en todo su derecho de votar de nuevo por el mismo partido. Sobre todo porque los valientes quiteños, cuando botaron al presidente, no se molestaron en preguntarle su opinión a nadie más.

Dicen, en esa simpleza que les caracteriza, que unos cien mil quiteños no pueden cambiar gobiernos por su gusto. Que el Ecuador es más que ese cero coma, cero uno por ciento de electores que le botamos al Gutiérrez y su banda.

Y tienen TODA LA RAZÓN. Por más que los forajidos hayan tenido la mejor y más noble de las intenciones, eso por sí solo NO LES DABA NINGÚN DERECHO a decidir por los demás, a decidir qué era lo mejor para el país. ¿Por qué no? Ante todo porque sí eran una minoría, comparada con el resto de ciudadanos a los que nadie les preguntó si estaban de acuerdo.

Claro que no solo fue en Quito, también se sumaron otras ciudades al movimiento. Recuerden, horda de fatuos, que León y Nebot solo se sumaron cuando casi todo estaba dicho…

Yo no diría eso. Más bien diría que León y Nebot y otros protagonistas de nuestra política se sumaron para decir la última y decisiva palabra… Dejemos de soñar en pajaritos de colores, no fueron los forajidos los que sacaron a Gutiérrez: fueron los grupos de interés de siempre…

…Todo el discurso que se presenta en este artículo es un sinfín de grandilocuencias exaltadas, con el tinte patriótico que está tan de moda, y que al final suena exactamente igual que los discursos de Pol Pot o las mejores páginas de “Mein Kampf”. Un documento de propaganda, que no tiene miedo de recurrir a acomodos de la Historia nacional para dar colorido a su argumento. Un panfleto pretencioso repleto de las manipulaciones de significado más cínicas. Y ante todo una reivindicación virulenta del puñado de héroes salvadores de la Patria, que a la fuerza impusieron al resto del país su forma de ver las cosas y su idea de lo que debería ser la política, y que tratan con arrogancia y total falta de respeto a quienes no comparten su iluminado punto de vista, calificándolos de “simples” y “fatuos”, y subestimando su legítimo derecho a opinar como ellos quieran y a votar como ellos quieran.

Qué miedo que tantos y tantos ecuatorianos hagan suyo este tipo de discursos autoritarios, iracundos y fanáticos, que incluso llegan a amenazar directamente al lector (“que no se equivoquen” éstos, “que se cuiden” los de más allá…). Nosotros que tanto criticamos a los gringos y la manera cómo llevan su país, qué miedo ver como penetra en nosotros también la mano del autoritarismo, y sin que nos demos cuenta…

13 thoughts on “Forajidos, “partidocracia” y autoritarismo

  1. lauren says:

    Da miedo… y lo que mas miedo da es la poca gente que realmente leera esto y la poca gente que se pone a pensar en esto… y en el momento en que por fin se devele la realidad tiranica en ecuador, todos seran tan inocentes como siempre… no entenderan como “los otros” pueden tomar decisiones tan absurdas que arruinan al pais, cuando fueron ellos mismos los que abonaron la tierra para que crezca lo que se nos viene encima…

  2. Quisiera plantear un análisis menos sesgado al problema político del Ecuador. El problema es que las cosas no son en la práctica tan opuestas. No existe un forajido y un no forajido, así como no existe la izquierda y la derecha (el mundo es redondo), son todas invenciones que utilizamos para justificar nuestra manera de ver la realidad…la cual por supuesto…tampoco existe.

    Entonces partiendo de este supuesto que sí se que suena descabellado hagamos una análisis de la situación descabellada en la que estamos metidos, enlodados.

    Concuerodo casi por completo con lo que dice Gaby…sobre todo con lo de que todos somos piezas del auto o parte del auto y que no debemos ver al Ecuador desde afuera.

    Pero hay cosas que no llego a comprender.

    Si bien es cierto que los partidos políticos son la base de la representación democrática, no podemos negar la posibilidad de que democracia no sea precisamente lo que vivimos o necesitamos.

    Recordemos que la democracia es por naturaleza un sistema excluyente, y como tal impositivo. La mayoría se impone sobre la minoría y no hay muchas vueltas que dar al asunto.

    Ahora, a riesgo de sonar arrogante pregunto: ¿Quién es la mayoría en este país?. ¿Es acaso la gente que mejor puede decidir sobre su bienestar y el de su comunidad?. Todos sabemos que más del 60% de nuestro amado país (y no estoy siendo sarcástico), vive sumido en la ignorancia, vive el día a día y lo que le importa es solucionar sus problemas inmediatos… ¿y mañana?…dios proveerá.

    Son estos los votos que se disputan dos ciertamente populistas candidatos a la presidencia. Los votos de gente que no piensa a largo plazo…no porque sea tonta de nacimiento…sino porque la situación en la que viven no les permite pensar más allá.

    Nuevamente pregunto: ¿Cómo harían ustedes para ganar votos para la presidencia con un electorado de este calibre?. ¿Con ofertas realistas? ¿Con mentiras?….hace muchos años que se desarrolló una técnica para hacer política, y nuestra situación no es muy disímil de aquella que han tenido que vivir la mayoría de lo que hoy se consideran Estados de Derecho democráticos y participativos. La demagogia, que consiste en liderar a la gente con ofertas amplias…entendibles por la mayoría y claro difíciles de aplicar en la práctica…pero que bueno…suenan bonito.

    Yo presumo que quienes estan leyendo esto son personas que no se dejan llevar por ofertas demagógicas…y es obvio. Pero no debemos caer en la tentación de pensar que estas ofertas están dirigidas a nosotros.

    En realidad (que sigue sin existir), en nuestra vida diaria casi nunca optamos por lo ideal. La vida esta llena de situaciones que ejercen influencia en múltiples direcciones; y es en ese caos que nos toca optar por la opción que consideramos acertada en función de nuestro acervo de conocimientos y experiencias. ¿Es esta la mejor decisión?…nunca sabremos, solamente sabremos que fue la que decidimos tomar.

    Pasando de lo abstracto a lo concreto: ¿Noboa o Correa?. Yo voy a votar por Correa, como hice en la primera vuelta, porque me parece que no vivimos en democracia, por un lado, y por otro, porque me rehuso de manera radical a ser gobernado y representado por un payaso millonario que probablemente se masturba pensando en dinero.

    Pero de ninguna manera mi voto es por el menos malo. Creo firmemente en que el mundo se mueve por las ideas y que las estructuras están para limitar el espacio de acción de los idealistas. Pregunto por última vez: ¿Quien se beneficia en mayor medida de las instituciones y de las estructuras en las que vivimos? ¿Correa? ¿Noboa? ¿Tú? ¿Yo?.

    Así como la historia está escrita por los ganadores. Las estructuras de poder albergan a los poderosos.

    Muchos de los idealistas de la historia han pasado a ser satanizados por sus acciones: Hitler, Pol Pot, Gengis Khan, Napoleón. Eso no quiere decir que debamos huír de los idealistas. Otros idealistas han sido vanagloriados: John Lennon, Simón Bolívar, José Martí, Ghandi.

    El camino hacia el cambio es tormentoso y dificultoso, pero nunca termina. La estabilidad es el discurso de quienes están bien en donde están. Escojan nomás.

    David

  3. Saludos David

    Gracias por tus comentarios. Me alegra que se pueda iniciar un cierto debate aprovechando este texto.

    1.

    En primer lugar, quisiera apuntar que si, en efecto, \”no existen\” ni la izquierda ni la derecha, ni los forajidos o los no forajidos, ni nada; si todo es un puro invento de nuestra imaginación, no tiene sentido que sigamos hablando, porque no estamos haciendo más que expeler aire.

    A esto se le llama \”la paradoja del escéptico\” y ya era conocida en tiempos de Sócrates (pues aparece en los diálogos platónicos). Se reduce a lo siguiente: si el conocimiento es imposible, si nada de lo que digamos tiene ni la más remota posibilidad de ser cierto, entonces tampoco puedes afirmar esto mismo y te ves obligado a guardar silencio.

    Pero la realidad, en la que tanto tú como yo vivimos, es que algunas cosas son categóricamente falsas, otras categóricamente ciertas, y la ingente mayoría están en el medio. Ningún ser humano puede saltar veinte metros sin ayuda; el agua siempre está compuesta de hidrógeno y oxígeno; y aún no sabemos realmente si la legalización de las drogas reduciría la delincuencia sin aumentar el consumo. (Aunque mucha gente, como yo y como los liberales Milton Friedman, Thomas Szasz y F. A. Hayek, así lo creemos).

    Y esa realidad, como apuntas más adelante, se encarga de fulminarnos cuando se nos ocurre dejarnos llevar por las fantasías relativistas de que \”nada existe y todo es un invento que nos contamos para mantener nuestra forma de ver la vida\”.

    2.

    En cuanto a tu sospecha sobre la democracia: tampoco en esto estás solo. Platón pensaba igual. La llamaba \”la tiranía del populacho\”. Por eso, su República es el arquetipo del Estado totalitario, donde la educación, el arte, la música, el ocio y en definitiva todos los aspectos de la vida privada son controlados por el Rey Filósofo.

    Parece que Platón llegó a esta conclusión tras reflexionar acerca del juicio a su adorado maestro Sócrates. Como sabemos, éste fue condenado a morir envenenado por \”pervertir a la juventud de Atenas haciéndoles descuidar su adoración a los Dioses\”. Seguramente Platón sintió repugnancia al ver que el populacho condenaba a un hombre tan sabio, prudente y maravilloso; la misma repugnancia que sentimos tú y yo cuando vemos que alguien como Noboa o Bucaram gana en una elección.

    Esto es otra forma de plantear el problema al que aludes, me parece: la democracia consiste en el gobierno de la mayoría; pero la mayoría es ignorante o realiza decisiones erróneas por cualquier motivo. En consecuencia, la democracia está condenada a destruirse a si misma.

    La solución que propones, en esencia, es una mezcla entre la solución platónica y la romana: un gobierno de mano dura con guante de seda. Un líder que dé al pueblo lo que éste espera, que son promesas vacías e imposibles, y que se asegure así de su apoyo para iniciar una reforma desde los cimientos (violenta si es necesario).

    3.

    Esa solución me produce urticaria, porque presupone una superioridad moral o intelectual en nosotros y una inferioridad concomitante en \”el pueblo\”; inferioridad que, además, es casi incurable. En otras palabras: es profundamente paternalista; y como todo paternalismo, arranca a la gente la responsabilidad sobre sus propias decisiones.

    Todo tu texto se basa, precisamente, en esta diferencia entre \”el pueblo ignorante\”, hacia el cual van dirigidas las ofertas demagógicas, y \”nosotros, los lectores de esta página\”, demasiado \”inteligentes\” para caer en ellas.

    Lo que la historia demuestra, creo yo, es que la única manera de aprender a decidir consiste en hacerlo. Pues yo sí creo que podemos saber si hemos decidido adecuadamente o no, una vez que somos capaces de contemplar los resultados de nuestras elecciones.
    Y si no lo crees, no tiene sentido que sigas decidiendo; podrías igualmente lanzar una moneda al aire, si al fin de cuentas dará igual el camino que tomes. O sea, no existe razón para ser responsable de tu vida, ni libertad, ni dignidad. Daría igual matarse. Una nueva instancia de la paradoja del escéptico.

    O sea: si continuamos arrancando al \”pueblo\” (sí, a ese pueblo \”sumido en la ignorancia\”) el derecho a decidir por sí mismo, para entregárselo a un déspota ilustrado, como Correa promete ser, terminaremos viviendo en un Estado totalitario -porque alguien tendrá que hacerse cargo de tomar esas decisiones. Y le estaremos negando a ese pueblo la oportunidad, el derecho, de aprender a vivir en democracia; esto es, de salir de su ignorancia.

    Precisamente es éste el riesgo de la demagogia. No es que el político tenga que ser demagogo para alcanzar el poder; esto es poner el carro delante del caballo. Es que la demagogia como forma de alcanzar y mantener el poder político implica por definición mantener también la ignorancia en el pueblo, con lo cual nunca se sale del arroyo.

    Así, tu solución, la demagogia, es justamente la causa del problema.

    4.

    La democracia no es, ni se supone que sea, un lecho de rosas, un camino de ladrillo amarillo hacia el Paraíso. Igual que la vida misma, consiste en un proceso y no en un resultado; en ir aprendiendo sobre la marcha de nuestros propios errores, no en alcanzar de un plumazo la sabiduría. Sí, muchos países han alcanzado una estabilidad envidiable; pero les ha costado siglos, siglos de aprender a ejercer el voto, a decidir sobre el destino del país, a actuar responsablemente sobre la propia vida. ¿Por qué iba el Ecuador a ser la excepción? ¿Cómo caer en la ingenuidad de que un solo sujeto \”que sabe de economía\” nos va a cambiar mágicamente?

    Para que este aprendizaje se dé, para que se pueda alcanzar una cierta estabilidad y un Estado de Derecho, debemos empezar por respetar la institucionalidad ya existente, por precaria que sea. Porque sólo puedo hacerme cargo de los efectos de mi decisión si alcanzo a verlos, si me son tan palpables que no los puedo negar.
    Si eso no pasa, me obstinaré en repetir mis errores; razón por la cual tanta gente ha votado por Gilmar, como votaron por Velasco Ibarra y Bucaram en su momento. (Porque al botar a Gutiérrez los forajidos han creado a otro Abdalá; porque le han negado al pueblo la oportunidad de aprender de sus propias elecciones).

    Mira a Estados Unidos ahora mismo. Tras tantos años de repugnante chauvinismo y machismo tipo Rambo, de estupideces y guerras innecesarias y de dolor y sufrimiento, los norteamericanos han votado, nada más ayer, por los Demócratas. Y los han puesto a la cabeza tanto del Senado como del Congreso, cosa que no ocurría desde 1994. Un triunfo aplastante.
    Sí: son los mismos norteamericanos que votaron por Bush hace dos años, que escuchan a Pat Robertson y deploran a los gays, que defienden a Charlton Heston y la National Rifle Association. Pero como ves, hasta ellos pueden pensar, cambiar de opinión y decidir adecuadamente. Incluso en un país donde los medios de comunicación masivos (FOX y CNN, ante todo) están casi completamente vendidos y ofrecen una versión tan distorsionada de la realidad.

    No hay que esperar tanto, eh: seguirán oyendo a Pat Robertson, no me cabe duda.
    Pero es que están en su derecho, mal que nos pese. Así como el \”pueblo ignorante\” está en su derecho de elegir a Noboa; y nosotros tenemos la obligación de respetar ese derecho, si queremos que ellos respeten el nuestro cuando lleguemos a triunfar.

    ¿Cómo se ha dado este cambio en USA? Gracias a que en lugar de salir a las calles y defenestrar a un Presidente, los activistas han trabajado incansablemente desde el 2001 en desenterrar los escándalos de la era Bush y en cambiar la consciencia colectiva. O sea, han decidido confiar en las mentes de sus coterráneos y no sólo en sus armas; han decidido respetar la institución en lugar de pisotearla.

    Han elegido usar el diálogo y las ideas en vez de la violencia y el paternalismo.

    5.

    Tu argumento parte de confundir la demagogia, el clientelismo y el caudillismo. Toda elección es clientelar, en el sentido de que todo elector intentará votar por el candidato que mejor represente sus intereses (económicos, ideológicos, lo que sea).
    La diferencia, claro, radica en el alcance de las ofertas de campaña; y así como a mí me convencería un candidato que tuviese un plan de gobierno a largo plazo, a mucha gente le convencerá uno que le regale un litro de leche en ese preciso instante.
    Y, repito, están en su derecho.

    Creo que llamamos \”demagógicas\” a las propuestas inmediatistas. Y la ignorancia, y las condiciones de precariedad, obligan a pensar en el cortísimo plazo -porque se hace imperativo asegurar tu supervivencia y las condiciones mínimas de vida.
    Pero ¿qué es más inmediatista? ¿Ofrecer una casa u ofrecer una Asamblea Constituyente? ¿Hablar de cortar relaciones con Cuba o hablar de que \”se viene el correazo\”, la mágica revolución del sistema político?

    El caudillismo, por otro lado, hace bascular el sistema político en la figura de un líder carismático, y no en la estructura de partidos basada en la defensa de intereses plasmados en ideologías. Es, en consecuencia, el más inmediatista de los sistemas posibles.

    Ahora bien: tanto Noboa como Correa son caudillistas y demagógicos. Carecen de partido, de estructura ideológica, de bases ciudadanas. Si mañana se mueren, sanseacabó.

    En consecuencia, son igual de inmediatistas.

    6.

    Pero ¿es esta la única manera de hacer política? No. Miremos a Irlanda o a Finlandia. Y si replicas \”es que no somos ni Irlanda ni Finlandia\”, te diré que simplemente estás negándote a ver la evidencia. Sí, no lo somos; pero sí, podemos aprender de ellos.
    Diré también, como antes, que estás condenando al país, al \”pueblo\”, a ser siempre ignorante.

    La otra manera de hacer política, desde la perspectiva del candidato, es labrarse una carrera en la vida pública, apoyarse en una estructura de partido que lo trascienda y que defienda ciertos intereses y formas de ver la vida (porque para eso están los partidos, para defender los intereses de ciudadanos en la arena pública), ir diseñando un plan de gobierno a largo plazo (y no un discursito improvisado bienpensante progresista solidario de nueva izquierda valiente y provocador), y desagregarlo en programas y obras tácticas que satisfagan las necesidades de la gente que quieres que vote por ti.

    Y sí, tener un equipo de comunicación política sumamente hábil que te permita transmitir estos programas y obras de modo que lleguen al pueblo.
    Se puede hacer. Lo sé de primera mano: estuve allí cuando se hizo. Y así se ganaron unas elecciones presidenciales tremendamente duras. (¡Lástima que el Presidente electo a resultas de ello resultara un fiasco!)

    O sea: no creo que tenga nada de malo ofrecer miles de casas, si en efecto tienes un plan para construirlas y financiarlas. Así como no tiene nada de malo ofrecer agua potable a un barrio que carece de ella. Porque como es obvio, es imperativo, para cualquier presidente que se precie, atender a las necesidades más básicas y urgentes: salud, educación, condiciones de vida.

    Entonces, lo demagógico no es ofrecer a secas, sino no ofrecer dentro de un plan estratégico que garantice el cumplimiento. Lo demagógico no es ofrecer, sino mantener a los electores en la ignorancia a través del doble discurso, que es, me parece, lo que intentas defender.

    Lo mismo que hace Bush, dicho sea de paso.

    7.

    La otra manera de hacer política, desde el punto de vista del votante, consiste en aceptar las reglas del juego de la democracia y tragarse los cuatro años de presidencia de alguien que no te guste, intentando a la vez convencer a todas las personas que puedas de votar, la próxima, por alguien que sí. La otra manera se basa en respetar el derecho de todos a decidir, en mantener la institución por encima de los caudillos y en crear espacios de diálogo y protesta sin desbordar el marco de la Constitución.

    Cosa que los ecuatorianos no hemos sabido hacer, no ahora sino desde hace ciento setenta años. ¡Ya es hora de intentarlo, digo yo!

    8.

    De ahí que yo no considere a Correa un idealista. Y mucho menos en la línea de Gandhi. Un idealista, para mí, es quien reconoce que los principios deben sobrevivir a las personas que los encarnan; no quien cree ser el Vicario de la Idea Mágica en la Tierra de los Tarados y los Corruptos. Es quien moviliza a sus congéneres en base a un sueño compartido que lo trasciende, no quien se endiosa y se considera la única forma de alcanzar la tierra prometida.

    Yo creo que un análisis somero demuestra lo contrario de lo que postulas. Las estructuras no están para poner límites a los idealistas; antes bien, son los idealistas los que imaginan las estructuras del mañana para liberarse de las estructuras del ahora.

    Los idealistas son quienes nos demuestran que, en efecto, las estructuras que existen pueden mejorar; y no porque las mejoren ellos con sus superpoderes, sino porque ponen al alcance de todos la demostración de que el cambio es posible y depende de cada uno.
    O sea, nos mueven no a soñar en ellos y sus personalidades, sino a soñar sus mismos sueños.

    Por eso los auténticos idealistas, los que confían en el poder de las ideas, rehúyen el uso de la violencia. Es obvio: si necesitas de la fuerza para convencer a alguien de seguir tus ideas ¡es que no son tan buenas en primer lugar!

    9.

    Finalmente, decir que \”la estabilidad es el discurso de los que están bien\” implica confundir la estabilidad del marco legal y constitucional con el statu quo de turno.

    No cabe duda de que hay que mejorar la distribución del ingreso (deplorable; la pregunta es cómo, si a través de la intervención del Estado como postula la izquierda o a través de la libre empresa como dice la derecha), las condiciones de vida (salud, educación, vivienda), la seguridad jurídica…

    El punto es si cabe hacerlo a lo bestia, desarmando el Congreso y convocando una Asamblea para que escriba la vigésima Constitución del país (¡como si esta vez fuéramos a respetarla de verdad y a dejar que dure más que la anterior, que no llega a los diez años!), o si cabe hacerlo desde dentro de la institucionalidad.

    O sea: el quid de la cuestión es que no hace falta cambiar la Constitución para cambiar al país. Y también que es completamente absurdo pensar que el país cambiará mágicamente si se escribe una nueva Constitución.

    Es decir: se puede cambiar el statu quo manteniendo la institucionalidad. Más aún: sólo así se lo puede cambiar. Porque llevamos cien años rompiendo las instituciones, botando presidentes, escribiendo Constituciones y votando por personas y no por partidos o ideologías.
    Y seguimos igual de mal, ¿no?

    O sea: no es la primera vez que pasa esto. Siempre ha pasado. Correa, Velasco Ibarra, Bucaram, Gutiérrez, Alfaro… todos eran salvadores de una patria descarriada, todos prometían cambios revolucionarios y absolutos, todos eran \”la alternativa\”…

    Pregunto nuevamente: ¿hasta cuándo nos vamos a tragar tamaña idiotez?

    10.

    Lo que yo propongo es que no hay que cambiar la Constitución o disolver el Congreso: hay que cambiar nuestra maldita manía de estar siempre cambiando la Constitución, botando al Presidente, haciendo una cosa y deshaciéndola dos días después.

    O sea, hay que empezar a vivir en una democracia y no en una payasada; hay que empezar a respetar los derechos de los demás y aceptar que existen leyes y normas. Hay que comenzar a ser ciudadanos, no señoritos feudales de nuestros propios y minúsculos reinos -la casa, la ciudad o el país. Hay que cumplir con lo que prometemos, y no prometer cosas que sabemos que nunca vamos a hacer.
    La responsabilidad, la esperanza, están en cada uno, no en Noboa ni en Correa.

    11.

    Por último: me alegra mucho este debate. Me ha permitido aclarar varias ideas. ¡Gracias!

  4. dorys says:

    Creo que hacer este ejercicio: debatir ideas, confrontarnos, enfrentarnos y seguir siendo amigos es parte de la democracia… pero creo que lo podemos hacer porque nos interesa el bienestar de nuestro país, de nuestra sociedad… que al fin y al cabo será nuestro propio bienestar… Los políticos podrían aprender mucho de este ejercicio…

    No puedo añadir nada intelectual ni teórico a todo lo dicho por ustedes… solo me gustaría comentar mi posición al respecto:
    Leyendo sus comentarios tengo la sensación de que plantean una postura diferente… tengo la esperanza de que al hacerlo así… muchas otras personas se sumen a esta espiral y podamos aprender… de la diferencia… y confrontarnos en ella… y salir fortalecidos al hacer esto…

    Me he sentido cuestionada y reflejada en el análisis que hacen sobre la situación política de nuestro país… y me he sentido conmovida por tu posición Esteban sobre los idealistas… y la comparto plenamente…

    Creo profundamente que el cambio es posible… pero solo es posible en la medida en que yo me cambie a mi misma… y para lograrlo solo se requieren tres cosas muy simples: yo… alguien que confíe en mí y una relación con base segura donde yo (que deseo cambiar) me puedo arriesgar a experimentar el cambio…

    Creo que las cosas en mi país pueden cambiar si confío en él y le ofrezco una oportunidad… No se requieren grandes discursos para esto… solo se requiere hacerlo… con el suficiente valor para mantenernos, aún sin saber muy bien a donde vamos… con la suficiente esperanza de que hacia donde vamos será mejor…

    Dorys

  5. Álvaro says:

    Un análisis tenaz en realidad, muy tenaz con argumentos sumamente sustentados, como diría mucha gente que pone presidentes en el Ecuador, con mucha ciencia, quizás exagerada y hasta inútil.

    Efectivamente, todos los análisis, yo mismo lo he hecho en cada oportunidad de conversar (claro con alguien a la altura de las circunstacias porque si no no vale la pena, para discutir filosóficamente) se refieren y se ponen a tono en referencia a las tres posibilidades que se presentan en el país: dos en cada extremo político, económico y desde cierto punto de vista muy bajo y reducido por cierto, filosófico y la última: la búsqueda de un fondo que nunca llega. Tal como lo has mencionado mi estimado Esteban, el cambio se encuentra efectivamente en cada uno de nosotros, el romper las leyes y transgredir las normas por “sencillas” que sean es pan de todos los días, yo mismo lo he hecho y con toda verguenza tengo que reconocerlo. Y es que no depende como muchos dicen, del sistema educativo, pues los que mas rompemos las leyes establecidas somos los que de una u otra forma somos los más “formados” sino, empiezen a preguntar la formación académica de los individuos que se encuentra dirigiendo el país (o que estan dejando de dirigir). Lamentablemente esta tendencia formativa por la que al menos había como “respetar” a un individuo de esta calaña (léase diputado y en el sentido más amplio, político o mas bien dicho politiquero) viene cambiando con la presencia de seres cada vez más ineptos, arribistas y rateros a carta cabal (léase personajes de aquella sociedad autodenominada patriota, o sea Gutiérrez y los panas del boli, del desfile y del bacile), y sino, basta una ligera indagación para darse cuenta que el país esta saliendo efectivamente del secuestro de los partidos tradicionales y entrando al secuestro de otro grupito, no se si peor o mejor aunque me inclino por lo primero, que quizas mantenga secuestrado al país durante otros 20 años más, pero que ha formado su fortuna en los 3 años que estamos acabando a través de la coima,la extorsión y la viveza.

    Hay que realizar una ligera acotación, que quizas puede poner de relieve una de las razones de la inestabilidad que se vive en el Ecuador. El “pueblo” pone los presidentes y Quito los bota, tal cual, sin preguntar a nadie más que a los todologos, nonplus ultra de la economía, la política, la sociología, la sicología, el derecho, periodismo…. y en definitiva a los maestros del análisis, de la discusión filosófica y de la conclusión “acertada”, buscando dentro de la profundidad de una buena fumada la identidad perdida de un pueblo… de un pueblo que se muere del hambre, que no tiene trabajo, que paga coyoteros para buscar un mejor futuro familiar, que prefiere morir en el mar que morir en el intento en el Ecuador, de un pueblo que no esta preocupado por la asamblea constituyente ni porque el 16 de enero el ilustre Rafico pueda ser dictador….disculpenme, pero eso le interesa a la gente, que gracias a Dios, como tu y yo podemos darnos el lujo de opinar porque hoy desayunaste, porque a las 12 no sabes si irte al KFC o a Mcdonalds al almuerzo ejecutivo (claro, light por favor) y porque en la tarde probablemente te encontrarás con la pelada, con la que si se puede discutir estos temas mientras sales del cine viendo una película “alternativa” la cual se presta al análisis y claro hubo que decidir entre pagar con la Master o la Diners…. como debe ser…

    Mis estimados forajidos, despertemos un poco, Quito no es Ecuador, es una parte de… y una parte bien pequeña. Lamentablemente ni siquiera en la ciudad de Quito se puede estar convencido de las necesidades de la gente y por ende de sus preferencias electorales. Si se hace un ligero análisis estadístico nada más de los sitios en los cuales gana la escritora personal del coronel (porque si ha habido quien le escriba), nos podemos dar cuenta que lo hace en forma amplia en el sur de Quito y con presencia aceptable en el centro de la ciudad. Y es que para muchos, como yo, y por comodidad, Quito se acaba en la Patria…a no ser que haya que ir a botar al presidente o para ir a tomar el tren e irnos de paseo. entonces, la diversidad…???

    Las necesidades de la gente del Ecuador se basan, lamentablemente en cubrir la necesidades diarias, o sea, en buen romance, la funda de arroz, la silla de ruedas, el microcrédito, la demagogia… por lo menos lo rescatable del menso es que al fin se dio cuenta que la varita mágica era entregar plata a quien lo necesita, simplemente, oferta y demanda…y esta demanda es amplia puesto que en efecto, tras 26 años de “secuestro” los mismos de siempre han determinado el pan diario para vivir y trabajar: la pobreza.

    Lamentablemente la historia se repite, y claro los análisis no menos suspicaces que concluyen que estamos entre la espada y la pared…otra vez… Yo personalmente ni idea por quien votar…otra vez.. y quizas nuevamente me equivoque y no haya más remedio que ir buscando a un coyotero para ver si acolita a cambio de unos “pocos” miles de dólares a salir del país… conocen alguno que me puedan recomendar?

  6. Daniel Mancero says:

    Ambos finalistas se caracterizan por una misma cosa: sus promesas de campaña, más allá de hablar del populismo como un fenómeno de los años 80´s, con ciertos rasgos en los sistemas latinoamericanamente democráticos, son populistas por completo, pues se componen de promesas mesiánicas… eso ya lo sabemos.
    Creo que la pregunta de fondo, ahora, a vísperas de elegir a nuestro respresentante, es la siguiente: ¿no ha sido siempre la misma queja sobre la representatividad? Un representante NUNCA será “perfecto” para nosotros, hasta no ser nosotros mismos nuestros representantes, pero al votar debemos representarnos, y así como un representante del país debe escoger entre determinadas opciones (pues se lo demandamos), nosotros debemos demandarnos el escoger entre estas dos opciones… Escoger, sin dejar que los otros escojan, porque eso es como dejar que otro gobierno “nos dé haciendo” (Noboa?), o que un solo ecuatoriano “nos dé haciendo”, también (Correa)…
    El discurso, entonces, es el mismo, y la diferencia radica en cómo procura, cada uno, llegar al poder… y las promesas que hacen, dejan la duda de qué querrán hacer..
    La compra del voto me indigna, pero debo admitir que la campaña sucia es bilateral… En todo caso, dentro de las mecánicas de acción, me inclino a la “competitividad inteligente”, no “adquisitiva”, y a un gobierno que pueda ser abierto a los que pensamos en esto… que somos pocos…
    La democracia no existe si hay ignorancia… Hablar de apoyo de la derecha, y confundir eso con “progreso” me asusta… pues el autoritarismo con que han calificado al uno (Correa), no es comparable al autoritarismo de un sistema neoliberal absolutista (teocrático y demás)…

  7. Hola Daniel, gracias por tu comentario!

    Sólo dos cosas. Si la democracia no existiera cuando hay ignorancia, los países democráticos de hoy nunca hubieran podido existir; recordemos que empezaron como sistemas monárquicos llenos de analfabetismo, hambruna y enfermedad.

    Al contrario: sólo la democracia, entendida como el elegir en base a la mayoría y aceptar estas decisiones, puede sacar a un pueblo del marasmo, motivando a sus ciudadanos a elegir cada vez mejor.

    Decir que \”la democracia no existe si hay ignorancia\” es plantear una variante del argumento autoritarista; el siguiente paso es ignorar o desestimar los votos que no nos gustan \”porque fueron hechos debido a la ignorancia\” (jugada que vengo escuchando desde que era niño en boca de los intelectuales de esta patria y ahora de los enardecidos forajidos).
    Y el siguiente, salir a botar al Presidente, porque \”esos votos sencillamente no cuentan; lo que cuenta es que nosotros tenemos la razón\”.

    Yo creo, por el contrario, que elegir es un derecho fundamental e inalienable. Eso implica que cuando la mayoría se pronuncia, las minorías deben respetar ese pronunciamiento (siempre y cuando, desde luego, no viole sus propios derechos).

    Creo también, como Álvaro ha defendido más arriba, que la gente no es estúpida aunque sea ignorante; y que, en general, nadie está en mejor posición para decidir sobre su vida que uno mismo, por ignorante, \”tonto\” o \”loco\” que sea. La democracia impone esta tarea magnífica: cuando la mayoría vota por alguien que te parece deplorable, en lugar de encogerte de hombros y decir \”es que son ignorantes\”, tienes que entender sus razones. Porque ten por seguro que las tienen; y que obedecen a la defensa de sus propios intereses tal y como ellos los conciben.

    Eso duele, pero enseña; enseña a tolerar y comprender, a vivir en la diversidad y a abrir espacios a todos los intereses por disímiles que sean. Y si no entiendes esos intereses, el consenso, base de la vida pública, se hace imposible.

    Como es nuestro caso: un país dividido en tres regiones, ninguna de las cuales quiere escuchar a la otra \”porque son monos\” o \”porque son serranos\” o por lo que fuere. Un país que se niega a sí mismo la posibilidad de concertar.

    Creo que todo esto proviene de pensar que la democracia es un estado y no un proceso; que sólo los pueblos \”ilustrados\” o \”educados\” pueden vivir en democracia, y que un pueblo como el nuestro \”necesita mano dura\” de algún tipo para \”salir de la ignorancia\”.

    Por el contrario: la democracia es su propia escuela. Sólo se aprende a vivir en democracia participando de ella; así como sólo se aprende a tomar decisiones decidiendo, y a vivir, viviendo. Los pueblos democráticos aprendieron a serlo viviendo en democracia, equivocándose y enmendando, una y otra vez, dentro de una institucionalidad inamovible pero siempre mejorable.
    Ejercer la democracia y el Estado de Derecho es un proceso, no un resultado que llega cuando los pueblos han alcanzado su \”madurez\” o \”sabiduría\”. Es un proceso en el que no sólo el Ecuador no ha fracasado, sino que en realidad no lo ha intentado nunca. Ninguna Constitución ha durado más de 23 años; ninguna ha durado una generación entera. No es que no podamos vivir en democracia: es que ni siquiera lo hemos intentado, en toda nuestra época republicana.

    Quizá sea hora de intentarlo de una buena vez; quizá debamos empezar a caminar por este largo y tortuoso camino, en lugar de dedicarnos por enésima vez a salir del mismo bache -para volver a caer en él dos o tres años más tarde.

    Sobre el neoliberalismo, hay una abismal diferencia entre él y el liberalismo clásico, representado a día de hoy por la escuela austríaca de economía. Es este liberalismo lo que yo defiendo, y no la versión norteamericana simplista y totalitarista (a la Friedman pasando por Reagan y Bush).

    De este modo, me parece que el dilema que planteas al final, \”o Correa o el neoliberalismo\”, si bien puede reflejar las condiciones actuales (sobre todo, las condiciones según el propio Correa), no hace justicia a las posibilidades futuras del país. Es, en suma, un falso dilema.

    Existen alternativas a cómo se hace política actualmente; y también a cómo se hace economía. Más allá de Correa o Noboa, estamos tú y yo, día tras día; y seguiremos estando, o al menos la mayoría de nosotros, cuando Noboa o Correa hayan terminado sus mandatos (por la fuerza o la paz). No se trata de elegir ahora \\\\\\\”al menos malo\\\\\\\” y llevarnos las manos a la cabeza; se trata de empezar a pensar a largo plazo, a diseñar un proyecto de país, a crear un sueño en el que todos podamos participar.

    Me temo que solemos olvidar eso con mucha frecuencia. Pero la esperanza, como dije, no está en Correa ni en Noboa: está en nosotros, en ti y en mi, cada día. En la posibilidad de llegar a un sueño en común pese a nuestras diferencias. Incluso gracias a ellas. En poder polemizar y argumentar, incluso con vehemencia. En mirar hacia el mañana con coraje ante la adversidad, y no en agachar la cabeza e irse a casa pateando una piedra mientras esperamos que el Presidente de turno nos salve el pellejo.
    La esperanza está en nosotros; y requiere asumir nuestras responsabilidades ciudadanas.

    ¡No dejemos que nos la arrebaten!

  8. Daniel Mancero says:

    Totalmente de acuerdo con lo que concluyes… Sólo una aclaración a la aclaración…
    Cuando me refiero a que la democracia no existe si hay ignocancia, me refiero al hecho siguiente:
    La democracia defiende la búsqueda mancomunada… una mayoría ///decide///, y esto hace que las decisiones sean para el //bienestar común//;
    así, yo elijo, esperando de esto bienestar para la mayoría.

    Nunca me referí a que las decisiones deban ser tomadas por //”quienes saben”//, pues esto no existe… hay quienes saben buscar una cosa, y hay quienes otra… Pero la ignorancia hace la diferencia: esto es, no saber qué buscar..
    Mantener un sistema de votación obligatoria y hablar de democracia es ignorancia, y a esto me refiero; a obligar los votos (obligar a tomar decisiones) sin educación, que es la base de toda sociedad… ¿Cómo hablar, entonces, de democracia (de que todos tienen el poder de decisión), cuando no todos pueden encontrar la verdad en la información, es decir, educación??…

    Ahora bien, ya que estamos de acuerdo con que las decisiones importantes son a largo plazo:
    Como dije antes, es fácil, y me da miedo, confundir progreso con neoliberalismo (más allá de los detalles), en cuanto a que, así como la democracia, el progreso no es inmediato (el progreso, obviamente, es y se da en un proceso)… El proceso con miras honestas al futuro, cuida la educación, los modelos económicos a mantenerse; en fin, la “sociedad a venir”…
    Y esto no se dará, si pensamos que //el desarrollo ES tener estabilidad// – //lo que implica tener el apoyo de “quienes producen”//, es decir, la derecha del país… Cuando un modelo muy cerrado no da paso a que, en el futuro, las reglas se flexibilicen… Imagina que la democracia “ya existe”, supuestamente, mientras hay niños que no pueden estudiar, aprender… y la democracia no debe guardarlos??… Nosotros, si queremos democracia, debemos pensar en el poder de todos, lo que implica información-educación para todos… Y, como lo veo, un modelo que sostenga la productividad como base, sin pensar en que //la verdadera base es la igualdad de condiciones (educación?) para empezar a “jugar democracia”//…

    Y gracias a tí por compartir todo esto, y dejarme poner estas cosas… Un abrazo!

  9. Saludos ALvaro

    Concuerdo completamente contigo. En efecto, las necesidades de la mayor parte de gente son la funda de arroz, la silla de ruedas, la casa… Necesidades que desde un punto de vista “educado” se dan por satisfechas muchas veces, y que sin embargo, cualquier presidente que se respetara tendría que atender.

    El asunto es el cómo: si mediante la redistribución más o menos forzosa del ingreso, o bien mediante los impuestos progresivos, o si por la (nefasta) vía neoliberal.

    En todo caso, yo a ratos también me inclino por los coyoteros… Y desgraciadamente, buena parte del país ya lo hizo; con lo cual, en diez años viviremos una grave crisis motivada por la cantidad de familias disgregadas merced a la emigración.

    En fin… No pierdo la esperanza. Y te invito a no perderla tampoco.

  10. Hey Daniel:

    Faltaba más! De esto se trata, de opinar y discutir y comentar…

    (Aclaración: mi navegador pone “/” a veces, en lugar de las comillas, sin que yo sepa por qué…)

    En efecto: la educación es primordial. Y sin duda, un proyecto país debería incluirla entre sus prioridades. (Según vi en el último Informe sobre la Educación en Ecuador, aún deja mucho que desear…)

    Ahora bien: la democracia, per se, también es educativa. Ese es el argumento liberal.

    A mí sí que me importan las diferencias entre liberales y neoliberales, justamente porque Adam Smith, Hume y los escoceses liberales tenían más claro que nadie que un mercado se erige sobre una sociedad “sana” -es decir, cuyos valores y confianza son relativamente estables y positivos. Una vez erigido, el mercado puede contribuir a sostener esos valores; pero son siempre el marco dentro del cual acaecen las transacciones, no una de las mercancías a transar.

    Smith era catedrático de Filosofía Moral; cosa que Friedman y los chicago boys prefieren ignorar u olvidar. A la larga, su análisis del equilibrio de los mercados fue retomado por los neoclásicos, mientras que su estudio de la balanza de poder y los valores de las sociedades fue acaparado por los marxistas; disgregando así su obra y distorsionándola.

    Fueron los utilitaristas (tipo Bentham) quienes, basándose en Hobbes (que a su vez lo tomó de Mquiavelo), convirtieron al “egoísmo” en la principal motivación humana -lo cual fue llevado a extremos insospechados y brutales por el modelo neoclásico.

    En fin. Me alegra poder charlar de esto. Creo que es un avance; hace diez años, me parece, hubiera sido virtualmente imposible, en este mismo país…

    Suerte y salud

  11. Daniel Mancero says:

    Hola!
    A los años que puedo regresar a tener una horita, o menos, de relax en la oficina… en fin, gracias por la respuesta.
    Con respecto a lo que dices, estoy totalmente de acuerdo. Nada más, me parece que para jugar a democracia (me gusta ponerlo así, como un juego, porque funciona igual), es necesario “empezar a jugar” con equidad: todos empiezan en “igual de condiciones”… El modelo liberal, ciertamente, sostiene “bases” para el “desarrollo”, pero su implementación, como modelo económico en nuestra realidad, no establece necesariamente reglas equitativas: quienes han tenido educación empiezan a jugar “en desface”, y tal desface funciona para estos, pero quienes no empezaron “a jugar con condiciones favorables”, torcerán el juego para adaptarse o adaptarlo… Eso ya lo sabemos, y entonces, hablar de un proceso “de alfabetización” (que en realidad sigue siendo sólo aquello, y no muy efectivo), no es ponerle énfasis a lo que es lo más importante (y en eso estamos de acuerdo)…
    Obviamente, la igualdad de condiciones nunca será absoluta (ya que hay aptitudes, distintos niveles de interés o empeño, más allá de los incentivos), pero debe estar ahí la oportunidad de “igualarnos” para poder jugar sin hacer trampa… y, entonces, hablar de un “juego para todos”, de democracia quiero decir, es falso… hasta que no tengamos una “base real”, educación gratuita y “verdaderos derechos humanos”, no podemos hablar de democracia, sino de una dicta-blanda constitucional… com oque la misma constitución dijera: (en todos regirán las leyes, pero los educados saben bien a lo que “me refiero”)…

    Jaja… es siempre un placer discutir contigo… y gracias por el file! este fin de semana lo leeré. Un abrazo!
    Daniel

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