La Dama que llevó el Alma

Los profanos jamás conocieron el verdadero final de la historia.
Más de un siglo después de la boda con el señor Ya-no-cano, Helen agonizaba feliz, pues su amado navegante estaba con ella. Helen creía que si habían podido vencer el espacio también podrían vencer la muerte.
La mente de Helen, afectuosa, dichosa, agotada, moribunda, se nubló durante un segundo y volvió sobre el tema del que habían hablado durante décadas.
-Tú viniste a El Alma -insistió-. Me acompañaste cuando yo estaba confundida y no sabía manejar el arma.
Si fui entonces, mi amor, iré de nuevo, dondequiera que estés. Tú eres todo lo que tengo, mi verdadero amor. Tú eres la Dama más valiente, el navegante más osado. Eres mía. Navegaste por mí. Eres mi dama, la Dama que llevó el Alma.
La voz se le quebró, pero el rostro del señor Ya-no-cano no perdió la calma. Nunca había visto a una persona que muriera tan confiada y feliz.

Cordwainer Smith, The Lady who Sailed the Soul

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