Pensad en el caballo

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Pensad en el caballo. El caballo trepaba por entre las grietas de un cerro de gemas; la fuerza que lo impulsaba era el amor al hombre.

Pensad en Mizzer, el planeta de recreo, donde el coronel Wedder, su dictador, reformó la cultura tan bruscamente que la decadencia se convirtió en atrocidad.

Pensad en Genevieve, tan rica que era prisionera de su fortuna, tan hermosa que era víctima de su belleza, tan inteligente que sabía que nada podía torcer su destino.

Pensad en Casher O’Neill, un vagabundo entre los planetas, sediento de justicia pero anhelando que la “justicia” no fuera sólo un sinónimo de “venganza”.

Pensad en Pontoppidan, literalmente una gema: un planeta cuyos habitantes eran demasiado ricos e industriosos para disfrutar de la buena mesa, el aire libre o mucha diversión. Sólo tenían diamantes, rubíes, turmalinas y esmeraldas.

Sumadlo todo y tendréis una de las historias más extrañas que hayan circulado de mundo en mundo.

En el Planeta de las Gemas, Cordwainer Smith

La Dama que llevó el Alma

Los profanos jamás conocieron el verdadero final de la historia.
Más de un siglo después de la boda con el señor Ya-no-cano, Helen agonizaba feliz, pues su amado navegante estaba con ella. Helen creía que si habían podido vencer el espacio también podrían vencer la muerte.
La mente de Helen, afectuosa, dichosa, agotada, moribunda, se nubló durante un segundo y volvió sobre el tema del que habían hablado durante décadas.
-Tú viniste a El Alma -insistió-. Me acompañaste cuando yo estaba confundida y no sabía manejar el arma.
Si fui entonces, mi amor, iré de nuevo, dondequiera que estés. Tú eres todo lo que tengo, mi verdadero amor. Tú eres la Dama más valiente, el navegante más osado. Eres mía. Navegaste por mí. Eres mi dama, la Dama que llevó el Alma.
La voz se le quebró, pero el rostro del señor Ya-no-cano no perdió la calma. Nunca había visto a una persona que muriera tan confiada y feliz.

Cordwainer Smith, The Lady who Sailed the Soul