De qué se trata

Alfie

You know what? When I look back on my little life and the birds I’ve known, and think of all the things they’ve done for me and the little I’ve done for them, you’d think I’ve had the best of it along the line. But what have I got out of it? I’ve got a bob or two, some decent clothes, a car, I’ve got me health back and I ain’t attached. But I ain’t got me peace of mind – and if you ain’t got that, you ain’t got nothing. I dunno. It seems to me if they ain’t got you one way they’ve got you another. So what’s the answer? That’s what I keep asking myself – what’s it all about? Know what I mean?

Alfie (Michael Caine), Alfie

Más que esto

Así, de repente, he podido entrever una vida que hubiera podido ser mía, y no lo fue.

Gwyneth Paltrow, en Sliding Doors

Y… ¡ah! He comprendido
Que me hubiera gustado vivirla.

Avalon, de Roxy Music

I could feel at the time
There was no way of knowing
Fallen leaves in the night
Who can say where they’re blowing
As free as the wind
And hopefully learning
Why the sea on the tide
Has no way of turning

More than this – there is nothing
More than this – tell me one thing
More than this – there is nothing

It was fun for a while
There was no way of knowing
Like dream in the night
Who can say where we’re going
No care in the world
Maybe I’m learning
Why the sea on the tide
Has no way of turning

More than this – there is nothing
More than this – tell me one thing
More than this – there is nothing

Brian Ferry y Roxy Music, More Than This

Bob Harris y Charlotte, en Lost in Translation, de Sofia Coppola

El amor para mí

Hace 10 años, una chica dulce y desordenada me ayudó a definir lo que iba a ser el amor para mí.

Faye Wong, en Ckungking Express, de Wong Kar-Wai

Nunca la conocí, ni llegaré a hacerlo.

Vive en Hong Kong, imagino… O vivía, en otro mundo, otros ojos…

Faye Wong; Faye, en Chungking Express

Faye Wong

Ahora, que estoy redefiniendo lo que es el amor para mí… Ahora, que no sé lo que siento e intento sentir de forma distinta, he vuelto a verla.

Y, de nuevo, ha definido lo que ha de ser el amor, para mí.

Gracias por ser comprensible

Estaba ya en tercer año, creo –no, era en cuarto; en una clase aburrida e inevitable. Decía uno de nuestros profesores más admirados (y más snob):

Lo que se dice fácil, poco valor puede tener.

Yo no lo admiraba. Es más: lo ignoraba, activa y ostentosamente. (No era tan difícil: de todas formas, ¡nadie lograba entenderlo! Y para colmo de males, era lacaniano -o “postlacaniano”, ¡puaj!)

Hoy no lo ignoraría; al menos, no ostentosamente. Pero sigo pensando que ésta, su frase lapidaria, es una estupidez.
Porque no hace falta ser oscuro para ser profundo, ni ser enigmático para alcanzar la trascendencia.

En efecto: muchas veces, la oscuridad es resultado de la incapacidad para discernir la médula de lo que se intenta transmitir (o, lo que es peor, del deseo de ocultar su miseria bajo el manto de lo impenetrable).
Las ideas que revolucionan el mundo son, sin excepción, simples –pero extremadamente fértiles. Es su misma simplicidad lo que dificulta su comprensión -y lo que les permite desplegar un mágico sinfín de facetas.

Todo esto no obsta para que el camino de su formulación pase por un valle de oscuridad preñado de obstáculos donde la gramática y la sintaxis sufren y desesperan. Uno no sabe cómo decir algo que de alguna manera pugna por ser dicho; hace repetidas pruebas, ora en una dirección, ora en otra, sin resultado aparente –hasta que se obra el milagro y da con la forma adecuada.

Forma invariablemente simple: este señor es la demostración palpable.

Kevin Smith

En sólo cinco películas, Kevin Smith ha creado un universo complejo y autosuficiente de escenas absurdas, chistes bizarros e ideas profundas y conmovedoras.

Mi preferida es Clerks; pero Dogma no le va a la zaga -y tampoco Chasing Amy.

El amor, la lealtad, los dilemas morales, el miedo, la vergüenza, los estereotipos de género, la religión católica, Dios y el destino… todo esto y más, salpimentado con tramas transparentes, ágiles y divertidas. Nada de esnobismo ni de oscuridad voluntaria; solamente ideas, poderosas y humildes.

Gracias, Kevin Smith, por explicar la naturaleza de la vida de forma tan apetecible, amena y diáfana.

Addendum
Luego de leer esto y esto, de comenzar con esto y de recordar -y releer- lo que afirma Popper en su autobiografía intelectual acerca de la precisión como valor per se y de la teoría emotivista del arte, estoy en condiciones de perfeccionar el dictum anterior.

No es la oscuridad lo que deploro, sino la oscuridad voluntaria: el hermetismo típico de los alquimistas, los lacanianos y derridianos y la creciente masa de malestudiosos de la sociedad, endogámicos y altivos, que mezclan retazos de Heidegger, Lacan, Derrida y Foucault con postulados revolucionarios, provocadores -y vacuos.
Paralelamente, no aprecio la claridad como tal, sino el esfuerzo por clarificar la expresión de un pensamiento -que acarrea, casi siempre, una mejor comprensión del mismo.
(Porque tal comprensión estriba ante todo en aquilatar sus consecuencias. “Nunca sabemos de lo que estamos hablando”: una frase no de Derrida, sino de Popper -pero también, o casi, de Peirce, de Chuang-Tsé y Lao-Tsé y del Buddha).

Conque no es sólo que “las ideas que revolucionan el mundo son, sin excepción, simples”; es que reducirlas a la sencillez es una tarea hercúlea.
Que nunca se ejecuta por sí misma, sino en función del valor intrínseco de la idea.

La obsesión por la forma en detrimento del fondo: he aquí lo que más aborrezco.

Árboles, tres

Prólogo

John Boorman

Hace muchos años, John Boorman dirigió dos películas que siempre me han apasionado: la oscura Zardoz y la popular Excalibur. Esta la he visto unas cuantas veces –la última, hoy; aquella, una sola, de madrugada, en un canal ignoto de un país olvidado.

Árbol – 1

Mordred y Morgana

Hay una escena magnífica en Excalibur. Perceval, el último caballero de la Tabla Redonda, exhausto tras diez años y un día en pos del Santo Grial, es conducido por Mordred, vástago del incesto entre Arturo el rey y su hermana Morgana, a un árbol del que penden los cadáveres de sus compañeros, amortajados en sus armaduras. “Estos también buscaban el Grial”, masculla Mordred (un bello y perverso muchacho rubio); “pero no supieron ganárselo”. Perceval contempla el dantesco cuadro; un cuervo se abate sobre una calavera y le arranca un ojo.

Árbol – 2

Fruto extraño

En 1937, un desconocido Abel Meeropol se quedó pasmado ante un cuadro también dantesco: los cadáveres ondeantes de dos negros linchados en Estados Unidos. Incapaz de olvidar la imagen, compuso un poema, un macabro milagro de concisión y musicalidad, que publicó sin dificultades. El azar hizo que se lo enseñara a Billie Holiday, que a ella le resultara fascinante y que lograse convertirlo en una canción suavemente espeluznante:

Strange Fruit

Southern trees bear a strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black body swinging in the Southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.

Pastoral scene of the gallant South,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolia sweet and fresh,
And the sudden smell of burning flesh!

Here is a fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for a tree to drop,
Here is a strange and bitter crop.

Árbol: tres

En una de las paredes del segundo piso del Museo Freud reposa, si no recuerdo mal, este cuadro:

Esperan

El nombre de su autor (Sergei Pankejeff) es prácticamente desconocido –no así su apodo: el “Hombre de los Lobos”. Allá por 1910, improvisó este boceto para transmitir más vívidamente el siguiente sueño a Sigmund Freud:

Soñé que era de noche y estaba acostado en mi cama (mi cama tenía los pies hacia la ventana, a través de la cual se veía una hilera de viejos nogales. Sé que cuando tuve este sueño era una noche de invierno). De pronto, se abre sola la ventana, y veo, con gran sobresalto, que en las ramas del grueso nogal que se alza ante la ventana hay encaramados unos cuantos lobos blancos. Eran seis o siete, totalmente blancos, y parecían más bien zorros o perros de ganado, pues tenían grandes colas como los zorros y enderezaban las orejas como los perros cuando ventean algo. Presa de horrible miedo, sin duda de ser comido por los lobos, empecé a gritar…, y desperté. Mi niñera acudió para ver lo que me pasaba, y tardé largo rato en convencerme de que sólo había sido un sueño: tan clara y precisamente había visto abrirse la ventana y a los lobos posados en el árbol. Por fin me tranquilicé sintiéndome como salvado de un peligro, y volví a dormirme.

Epílogo
Del tercer árbol no penden; allí, esperan.