Seminario Internacional: El Arte de Navegar en las Organizaciones

El Arte de Navegar en las Organizaciones

Igual que el año pasado, la Maestría en Terapia Familiar ofrecerá un Seminario Internacional. Esta vez se trata de un enfoque sistémico de las organizaciones (empresas, instituciones públicas, ONGs…) y de cómo conducirse en su interior de manera eficiente y a la vez positiva.

Lo impartirá uno de mis mejores profesores del Máster en Terapia Familiar del Hospital de Sant Pau en Barcelona, Félix Castillo, cuya experiencia en el tema es amplia y generosa.

Una de las razones por las que admiro a Félix es su visión positiva, humana y reconocedora de las personas, las dificultades y los contextos sociales; visión que está casi ausente en el discurso de los psicólogos organizacionales del Ecuador -y, desgraciadamente, también en su forma de trabajar.

Mi intención al proponer y propiciar el seminario de Juan Luis Linares era que a través suyo comenzara a extenderse en el país una forma más humana, positiva y amable de hacer psicoterapia. Confío en que la presencia de Félix amplíe esa “mirada apreciativa” al trabajo en organizaciones en el Ecuador. Algo particularmente importante en estos tiempos que corren.

Más información, aquí.

Confianza, desarrollo y corrupción

Como parte de la investigación sobre confianza reseñada antes en este blog, he preparado un artículo acerca del concepto de confianza en la psicología y sus efectos en el desarrollo económico y el combate contra la corrupción. Creo que es un buen resumen de las líneas teóricas propuestas en los últimos años y de sus implicaciones para países “en transición”, con particular atención al Ecuador y su psicología social.

El texto de esta ponencia se puede descargar aquí y será leído en una de las mesas (sobre “Democracia y Procesos Políticos”) en el Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales por el 50 aniversario de FLACSO.

Confianza y capital social en los jóvenes de Quito, DM

Hace unos meses, la U. P. Salesiana hizo una convocatoria a optar a fondos de investigación. Dentro de la Maestría en Asesoría, Intervención y Terapia Familiar Sistémica, presentamos una propuesta; y se nos concedió un fondo de USD 20.000 para investigar “la confianza como parte del capital social entre los jóvenes (18-23 a.) del Distrito Metropolitano de Quito”. Hemos empezado ya con el desarrollo del proyecto.

El tema de la confianza me ha interesado desde hace varios años. Está presente en mi trabajo de investigación para el Doctorado en Psicología Social de la U. Autónoma de Barcelona; en este texto acerca de la Masonería y el Constructivismo, y en este otro, sobre el posmodernismo y sus vicios.

La investigación en curso nace de un conjunto de asuntos más concretos al que vengo dando vueltas desde hace tres años: ¿cómo es que el Ecuador no logra dejar atrás sus continuas crisis sociopolíticas? ¿Por qué, habiendo probado de todo y varias veces, seguimos viviendo “en crisis”? ¿Cómo es que el estado de excepción es aquí la regla? ¿Cómo es que parecemos preferir el estilo autoritario de liderazgo político (a juzgar por los últimos resultados electorales, sobre todo el actual)?

Estas preguntas han recibido respuestas desde diversos frentes: la sociología, la economía, los estudios del desarrollo… Pero nunca, me temo, desde la psicología social; nunca en Ecuador, donde esta disciplina apenas ha sido hollada.

El antecesor lejano de esta investigación es “Lobos o Corderos“; un análisis desde la psicología social y la teoría dramatúrgica (estilo Goffman) de una interacción típica en la capital del Ecuador y que revela por sus entresijos las conductas de irrespeto a la norma y sus justificaciones más comunes. El antecesor inmediato, “Las instituciones desde la perspectiva psicológica“, un texto de próxima publicación que he comentado aquí y cuya última parte aborda la confianza como ejemplo del punto de vista evolutivo-psicológico en ciencias sociales.

El marco teórico de este proyecto se nutre de ambos textos y apunta a relacionar la confianza con el capital social entre los jóvenes de Quito y a proyectar sus implicaciones a futuro.

Hemos perfilado ya los instrumentos que emplearemos para la medición de la confianza y las redes sociales, y estamos en el proceso de construirlos.

Asimismo, hemos tomado contacto con dos teóricos que han hecho aportaciones significativas al tema:

  • Eric Uslaner, profesor de Government and Politics en la Universidad de MarylandCollege Park, cuyo próximo libro, “The Bulging Pocket“, propone que las sociedades en desarrollo sufren de un círculo vicioso donde (des)confianza, corrupción e inequidad se apoyan y fortalecen mutuamente.
  • Roy Eidelson, Director Ejecutivo del Solomon Asch Center for Study of Ethnopolitical Conflict en la Universidad de Pennsylvania, que ha estudiado la influencia de cinco “ideas” (indefensión, vulnerabilidad, desconfianza, superioridad e injusticia) en la conducta y el conflicto.

Esta investigación abre una serie de valiosas posibilidades para el Ecuador. Por un lado, es la primera vez que se realiza un estudio de psicología social de gran escala en este contexto -lo cual puede convertirse en una línea de investigación sostenida para la U. Salesiana. Por otro, dejando de lado menciones ocasionales, la confianza nunca ha sido analizada a fondo en el país -cuando la teoría del capital social parece sugerir que es un elemento fundamental y a menudo desapercibido en el desarrollo.

Ilusión de alternativas: entre USA y Cuba

Ilusión de alternativas políticas: derecha e izquierda

Acaso la más funesta de las creencias políticas de la mayor parte de la gente sea que sólo existen dos posibilidades de organización social: el (neo)liberalismo y el socialismo (del siglo que sea). Grosso modo, los gobiernos neoliberales consideran al mercado como el mecanismo más eficaz de “asignación de recursos” y ponen al sistema gubernamental a su servicio; mientras que los socialistas favorecen la redistribución de la riqueza a través de la recaudación impositiva y la inversión en salud, educación y un sinnúmero de subsidios -colocando al Estado en el núcleo del sistema financiero. Tradicionalmente, se coloca ambas opciones sobre una línea imaginaria de modo que el neoliberalismo esté a la derecha y el socialismo a la izquierda.

Entre ambas opciones se infiltra una tercera, el célebre y nunca bien definido “centro”: un cóctel de izquierda y derecha que, por ende, se mantiene en la ambigüedad -ya que sólo puede definirse por exclusión: “no es exactamente la derecha, porque no favorecemos la privatización de empresas públicas; pero tampoco es izquierda, porque no creemos en el planeamiento centralizado de la economía…” Y extraños engendros de la imaginación como el “centro izquierda”, el “centro derecha” o el “centro propiamente dicho”.

Tres dimensiones frente a una sola

Siempre me ha llamado la atención que nuestra manera de ver el espectro político sea tan obtusa y restringida. En el mundo físico existen tres dimensiones -a las que estamos completamente habituados: “dos calles al norte, una al este, edificio Tal, segundo piso”. En el mundo político no hay más que una: “izquierda – centro – derecha”. Y no nos extraña en lo más mínimo.

Imagínense dando la siguiente indicación a una persona extraviada: “siga recto y luego tome al centro izquierda hasta llegar al semáforo, y allí vire a la derecha pero no demasiado”. Aquí no funciona, claro: necesitamos del arriba-abajo y del delante-detrás tanto como del izquierda-derecha.

¿Cómo es que hemos llegado a creer que el delicado arte de organizar a las personas y alcanzar consensos se limita a oscilar entre la izquierda y la derecha?

Porque hemos sido víctimas de una monumental ilusión de alternativas.

¿Cui bono?

Que significa, en latín: “¿a quién beneficia?”

¿Quiénes han salido ganando con esta simplificación? ¿A quiénes ha mantenido en el poder esta ilusión de alternativas?

Muy simple: a cualquiera que se haya erigido en paladín de cualquiera de los dos extremos, y que, concomitantemente, haya satanizado al otro.

Por ejemplo, Estados Unidos, cuyos políticos llevan casi un siglo denostando a la izquierda de todas las maneras posibles -y justificando, así, su contubernio con la industria de armamentos, probablemente la que mueve más dinero en el mundo, y su nada sutil imperialismo y expansionismo pseudocolonialista.

Pero también Cuba, que justifica sus permanentes atentados contra la libertad de expresión, de movimiento, de asociación y de trabajo y su activismo internacional antiyanqui (al que se han sumado abiertamente Venezuela y Bolivia) como una “defensa de los explotados del mundo contra los imperialistas”.

Miedo e ilusión de alternativas

Así es. Tanto Cuba como Estados Unidos, tanto la izquierda como la derecha, salen ganando si se sostiene esta ilusión de alternativas; porque así nos tienen bajo su control a través del miedo.

Lo cual salta a la vista cuando se constata que los discursos de sus respectivos líderes son casi totalmente intercambiables; porque dicen lo mismo sólo que del lado opuesto. “Nosotros defendemos la libertad y a los oprimidos del mundo y los otros son monstruos sedientos de sangre que quieren subyugarnos y de los que tenemos que guardarnos. Así que entréguennos su dinero, sus pertenencias, su tiempo, sus hijos y sus propias vidas si no las quieren perder. Es por su propio bien“.

Y de este modo nos convencen de ir a la guerra, subvencionar ejércitos, mantener un estado corrupto y omnívoro y despreciar al enemigo con todas nuestras fuerzas.

Cantinflas, que era un auténtico genio, ya lo dijo en su preciosa Su Excelencia. El discurso final de esta película me hace llorar cada vez que lo veo; está a la altura de los mejores del siglo pasado. (Como la famosa escena del globo terráqueo en El Gran Dictador de Chaplin).

Autoritarismos de signo contrapuesto

En efecto: Cuba y USA se fundan en el miedo. Porque el miedo permite mantener el control sobre las personas. Es nuestra gran debilidad, el miedo; y para evitarlo la mayor parte de gente está dispuesta a abdicar de su propia vida. Que el Estado incauta mientras se relame los labios.

Cuba y USA, la izquierda y la derecha, son autoritarismos de signo contrapuesto. Autoritarismos, porque enfatizan el control social, la restricción de las libertades individuales. De signo contrapuesto, porque mientras que la izquierda ve al individuo como un ser indefenso e inerme a merced de “las fuerzas sociales” (genial invento de Marx emulando a Comte), la derecha lo considera un pecador incorregible y pervertido al que hay que mantener a raya mediante la constante amenaza del castigo.

Pero ni izquierda ni derecha confían en el ser humano. Y por eso se empeñan en colocarle frenos y riendas.

Una demostración empírica

Invito al lector a un pequeño experimento. Pase revista a los discursos públicos de Chávez o Castro. Repare en sus gestos, su entonación, su contenido. Son invariablemente épicos, apasionados, intensos -sin duda; pero también amenazantes, violentos, confrontativos. Siempre están “denunciando” al enemigo y “luchando” contra él; siempre demuestran su “mano dura” y su “compromiso con los oprimidos”.

A continuación, observe un discurso de Bush (este servirá, pero hay más). Haga abstracción del contenido. ¿No ve los mismos gestos amenazantes y violentos? ¿No escucha el mismo tono de justa indignación y defensa legítima de los derechos? ¿No está, también, “denunciando” al enemigo y “luchando” contra él en nombre de “la libertad y la justicia”? ¿No hace hincapié en su “mano dura” y su “compromiso con los oprimidos” por el terrorismo?

Finalmente, observe una prédica de un pastor evangélico. (También serviría la homilía de un sacerdote católico; pero no son televisadas con tanta frecuencia -y me temo que han perdido bastante de su gancho). Una vez más, ignoremos momentáneamente el contenido. Idéntico tono de indignación y épica defensa; idénticos gestos amenazantes y de dominio masculino; idéntico esquema de “existe un enemigo monstruoso y malvado y nosotros luchamos contra él así que debes unírtenos”.

Donde Bush dice “terrorismo”, Chávez podría decir “imperialismo norteamericano” y el pastor “el Enemigo”. Pero por lo demás ¡son exactamente iguales!

Sobre todo en una cosa: siempre nos están diciendo lo que tenemos que hacer “por nuestro propio bien”. Porque nosotros, ¡pobrecitos!, ingenuos o malvados, no lo sabemos. Y así nos conducen, corderos involuntarios, al matadero.

Terrible, ¿no?

No hay salida -¿o sí?

Pero hay esperanza, siempre y cuando empecemos por liberarnos de este lavado de cerebro colectivo que nos ha hecho ver solamente una dimensión donde hay muchas -izquierda y derecha donde hay un arriba, un abajo, un delante y un detrás, y muchas opciones más.

Hay esperanza, siempre que admitamos que ni USA ni Cuba son modelos viables, respetuosos de las libertades, humanos.

Hay esperanza, siempre que reparemos en el autoritarismo de ambos modelos y que nos preguntemos si podría existir una alternativa no autoritaria ni fundada en el miedo y la violencia -sino en la confianza y el intercambio voluntario.

Hay esperanza, siempre y cuando volvamos a ser humanos.