Todos nos lo hemos preguntado alguna vez:
¿Por qué el aprender duele?
La respuesta es tan simple que pasa desapercibida:
Porque cuando todo va bien, no hace falta cambiar nada.
Así pues, no es tanto que el aprender duela -aunque algo hay de eso; es, más bien, que el dolor nos conmina a aprender.
Como decía Popper, nunca estamos más cerca de la realidad que cuando sabemos que nos hemos equivocado.