The last time I saw Paris

The last time I saw Paris
Her heart was warm and gray
I heard the laughter of her heart
In every street cafe

The last time I saw Paris
Her trees were dressed for spring
And lovers walked beneath those trees
And birds found songs to sing

The last time I saw Paris
Her heart was warm and gay
No matter how they change her
I’ll remember her that way

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So, we’ll go no more a-roving…

 

So, we’ll go no more a roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon be still as bright.

For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the heart must pause to breathe,
And love itself have rest.

Though the night was made for loving,
And the day returns too soon,
Yet we’ll go no more a roving
By the light of the moon.

(Lord Byron).

Escapar (o “El Andariego, otra vez”)

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¿No sientes a veces el deseo -urgente, ineludible, brutal, palpitante- de escapar?

No, no porque las cosas vayan mal. Eso es lo más terrible y fascinante: quieres escapar mientras todo va muy bien. Y aunque va bien -de hecho, precisamente porque va bien- te mueres por huir.

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Aguarda, aguarda un momento. No es “escapar” la palabra correcta. Es, acaso, no fijar, dejar caer, seguir, flotar, ser conducido, moverse… Nunca echar raíces, nunca sentar cabeza. Sólo, sencillamente, ser.

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Miedo del Universo

 

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…Pero este shamán, llamado Najagneq, estaba en malos términos con la gente de su pueblo. Pues los shamanes viven en una posición harto peligrosa. Cuando las cosas van mal, la gente tiende a culpar al shamán. Se imaginan que está haciendo su brujería. Y este viejo había inventado un sinnúmero de trucos y monstruos míticos para asustar a sus vecinos, mantenerlos alejados y protegerse de ellos.

El Dr. Rasmussen, consciente de que la mayoría de espíritus de Najagneq eran un fraude, le preguntó un día si había algún espíritu en el que Najagneq sí creyese. Éste respondió: “Sí, un poder que llamamos Sila, un poder que no se puede explicar: un espíritu muy fuerte, que sostiene el universo, el clima, en realidad todo lo que está vivo -tan poderoso que le habla al hombre no con palabras sino en las tormentas, la nieve, las tempestades en el mar y todas las fuerzas que infunden temor; o en el atardecer, los mares en calma, los niños pequeños e inocentes que nada conocen. En tiempos favorables, Sila no tiene nada que decir. Desaparece dentro de su infinita vacuidad y se queda allí siempre que las personas no abusen de los seres vivos y los respeten como su diario alimento. Nadie ha visto a Sila. Viaja por lugares tan misteriosos que está siempre con nosotros y a la vez infinitamente lejos”.

“Y ¿qué es lo que dice Sila?”

“El morador o alma del Universo” – repuso Najagneq, “nunca es visto; sólo oímos su voz. Sólo sabemos que su voz es dulce, como una mujer, tan suave y delicada que ni los niños le tienen miedo. Y lo que dice es: Sila ersinarsinivdluge, ‘No tengas miedo del Universo‘”.

Joseph Campbell, Myths to Live By