La Llave de la Puerta de los Sueños

Randolph Carter, alias H. P. Lovecraft

Cuando Randolph Carter cumplió los treinta años, perdió la llave de la puerta de los sueños.

Robert Graves

Cuando un poeta cumple treinta años, dice Robert Graves, debe tomar una inexorable y terrible decisión: dedicar su vida y carne a la Diosa Blanca, o darle la espalda y seguir adelante.

Si lo primero, sus versos serán de sangre y su alma de fuego y sal; pero vivirá poco y mal. Enloquecerá, sufrirá, enfermará y será despreciado y ridiculizado; pero será fiel a su único amor, la Diosa. Y cuando muera, devorado por la Araña o picado por la Abeja Reina, la Diosa misma lo recibirá en su eterno y definitivo abrazo.

Años, siglos después, alguien desempolvará un libro suyo y leerá, al azar, un poema; y el llanto brotará, violento, incontenible, de un rincón de su alma que hacía tiempo que no visitaba. El verdadero poeta estará más vivo que nunca.

Si lo segundo, vivirá larga y satisfactoriamente; admirado y célebre, poet laureate, tendrá pan sobre la mesa y aplausos en las salas de conferencia. Pero habrá traicionado su corazón. Nunca será feliz, con esa alegría extática y preternatural que Coleridge conocía bien:

And all should cry, Beware! Beware!
His flashing eyes, his floating hair!
Weave a circle round him thrice,
And close your eyes with holy dread,
For he on honey-dew hath fed,
And drunk the milk of Paradise.

Nunca estará triste -con esa tristeza tan dolorosa que te arrancarías el alma, tan hermosa que la perseguirías sin fin, tan desgarradora que haría su miel de tu sangre.

Escribirá épica o prosa; y arrancará a sus lectores una sonrisa torcida, un fruncimiento de cejas. Jamás los hará llorar, estremecerse, flotar.

Será libre, y su libertad -gris, mediocre, rutinaria-, su constante condena. Lo amarán mientras viva; muerto, irá desvaneciéndose de sus mentes y sus almas.

Spike Spiegel - Bang!

Hace no mucho tiempo que he cumplido treinta años.

Y, en días como hoy, temo, efectivamente, haber perdido la Llave de la Puerta de los Sueños.

Krazy Kat y el ratón Ignacio

La vida, sin escenas aburridas

The 39 Steps

La primera gran obra de Alfred Hitchcock se titula The 39 Steps. Fue producida y estrenada en 1935.

Verla, aún hoy, produce estremecimiento, risa, pasión y euforia. Es una obra maestra, de esas que resisten el paso del tiempo. Nadie como Hitchcock para mezclar el suspense con la comedia sin solución de continuidad ni sensación de ruptura; nadie como él para tocar temas como el homicidio, la traición, la sexualidad y el miedo de forma que pulsen nuestras más íntimas fibras -sin despertar asco, censura o indignación.

Robert Donat

The 39 Steps, como tantas de sus películas, es protagonizada por un perfecto cualquiera: Richard Hannay, un canadiense de visita en Londres, que se ve acusado de asesinato, envuelto en una trama macabra de espionaje y engaño y obligado a huir y limpiar su buen nombre -por pura casualidad. Hannay, interpretado por Robert Donat (un actor guapo y talentoso), ha de fiarse de una mujer (Madeleine Carroll) y de su suerte y habilidad; y nosotros lo seguimos pasmados y tensos mientras va de Londres a Escocia y de nuevo a Londres, sufriendo a cada momento y gozando con su naturalidad y dulzura.

Robert Donat en la escena que desencadena la huida

The 39 Steps es una película casi perfecta -como un poema de Edgar Allan Poe: cada escena, cada parlamento, cada plano se encuentran en el lugar y momento correctos. La trama en sí es impecable, calculada matemáticamente: la película empieza en un music hall -y termina en otro, noventa minutos después. Allí, Hannay conoce a una guapa espía (trigueña, desde luego) que se hace invitar a su departamento -y que desencadena toda la historia; aquí, Hannay se encuentra en compañía de la rubia que se ha convertido en su compañera -y que conduce al abrupto desenlace. Un milagro de precisión y desarrollo especular -como este poema y esta canción.

Aunque filmada casi al principio de su carrera, ya tiene todas las obsesiones de Hitchcock: el héroe inocente y vulnerable que afronta el peligro con suprema nonchalance; la dama cuya suspicacia inicial es el primer síntoma de su enamoramiento; el villano de buenos modales y frialdad a toda prueba; las identidades falsas, equívocas o múltiples; la hipnosis y el poder de la memoria y los “estados alterados de consciencia”; el detalle ínfimo que sostiene toda la trama -y que sólo descubrimos al final; el desenlace lleno de acción y sorpresa y que se da a plena luz o bajo la atenta mirada de un sinnúmero de espectadores casuales; el romance que nace bajo los auspicios del peligro y la aventura.

Obsesiones que sus alumnos han sabido recrear a su manera: entre ellos, Dario Argento y Brian de Palma.

The 39 Steps me resuena por otra razón todavía: Robert Donat es idéntico a mi abuelo, hace ya sesenta años.

Robert Powell

Años después, otro director, este desconocido y de la tradición de las películas de bajo presupuesto, dirigiría una nueva versión, sin duda menos magistral, cuyo único punto destacable era el protagonista: el actor Robert Powell, otro de mis favoritos (desde que vi Tommy, Asylum, Survivor, The Four Feathers y Harlequin, y desde que compartió escenario con Michael Caine en The Italian Job, la original, la que vale la pena).

Alfred Hitchcock

Como Alfred Hitchock dijo, alguna vez: “¿Qué es el drama sino la vida misma una vez editadas las escenas aburridas?”

Las intituciones desde la perspectiva psicológica: el Ecuador, una sociedad hobbesiana

El Leviatán, de Thomas Hobbes

He terminado por fin el artículo acerca de las instituciones desde la perspectiva psicológico-evolutiva. Está disponible aquí.

Este es el resumen del contenido:

El objetivo de este texto es introducir el punto de vista de la epistemología evolutiva (tal y como ha sido desarrollada, ante todo, en la psicología) en el análisis de las instituciones y extrapolar sus implicaciones. Se empieza con una breve exposición de lo que la psicología puede aportar al estudio de la institución para continuar con una somera revisión histórica de los fundamentos de la tradición occidental acerca de la naturaleza del cambio, el surgimiento de las sociedades y el papel de las emociones en la vida social. Luego, se presenta el esqueleto de la visión evolutiva (reproducción, variación, selección) y la noción de “institución” que de él se deduce. Finalmente, haciendo uso de este marco interpretativo, se sugieren algunas líneas de reflexión acerca de la institucionalidad en el Ecuador y de su carácter de “sociedad hobbesiana”.

Aunque la primera parte explica de manera clara y sencilla la naturaleza de un algoritmo evolutivo, me quedo con la última, que afirma, a partir de la teoría evolutiva, que la sociedad ecuatoriana es “hobbesiana”; es decir, que se funda en la desconfianza y la suspicacia, firmemente ancladas en nuestra forma de experimentar el mundo y la existencia.

Creo que esta hipótesis permite entender buena parte de las crisis y callejones sin salida en que el país se encuentra día tras día.

¡Éxito total!

El Seminario Internacional de Terapia Familiar Sistémica fue todo un éxito. Tuvimos alrededor de 90 asistentes durante los tres días: algunos de pregrado de varias universidades (acompañados por sus profesores), otros de posgrados en terapia familiar, y otros de distintas ciudades.

Primer día de seminario

Todos disfrutamos de la lucidez, claridad y profundidad de Juan Luis Linares, que presentó su modelo de intervención familiar sistémica basado en la conyugalidad y la parentalidad y lo ilustró con casos de su propia y vasta experiencia -no sin dar unas cuantas estocadas a los modelos estratégicos norteamericanos, tan ciegos ante la realidad de las emociones humanas.

Juan Luis en plena conferencia

Tuvimos también la oportunidad de invitar a Juan Luis a una cena con los docentes de la Maestría en Terapia Familiar Sistémica de la Universidad Politécnica Salesiana.

Cena con los docentes

Pese a lo agotado que estaba (habiendo trabajado casi toda la semana y un tanto afectado por la altura de Quito), Juan Luis participó activamente de la cena -que fue, como siempre, agitada y agradable.

Los docentes de la MIATEFAS y Juan Luis en la cena

Como parte de la Conferencia, la Directora de la Maestría, Dorys Ortiz, y yo mismo, presentamos los resultados preliminares de la investigación sobre “El Ser del Terapeuta/Interventor en Formación” a partir de la Técnica de Rejilla de la Teoría de Constructos Personales. Esperamos publicarla próximamente, una vez que hayamos podido reunir más datos y practicar más análisis comparativos.

Dorys, yo y Juan Luis en la exposición

Finalmente, y cumpliendo un acuerdo realizado en un encuentro en Lima el año pasado, Dorys hizo entrega a Juan Luis de la solicitud oficial de la Maestría en Intervención y Terapia Familiar Sistémica para formar parte de RELATES, la Red Española y Latinoamericana de Escuelas Sistémicas.

Entrega de la petición oficial de RELATES

En suma, el resultado fue mejor de lo que esperábamos. Confío en que este sea el principio de una colaboración fructífera entre RELATES y la Maestría, y de un cambio sutil pero fundamental en la manera de hacer terapia sistémica en el Ecuador.