Ojalá que nunca lo descubras:

El mundo es más oscuro de lo que piensas.
Gerald Edelman
Ojalá que nunca lo descubras:

El mundo es más oscuro de lo que piensas.
Ya han esperado bastante
-y yo he tardado en decidirme:
Es hora de ir en su busca.

Well i’ve had dreams enough for one
And i’ve got love enough for three
I have my hopes to comfort me
I got my new horizons out to sea
But i’m never going to lose your precious gift
It will always be that way
Cos i know i’m going to find my own peace of mind
Someday…
Where is this place that we have found
Nobody knows where we are bound
I long to hear, i need to see
Cos i’ve shed tears too many for me
On the wind soaring free
Spread your wings
I’m beginning to see
Out of mind far from view
Beyond the reach of a nightmare come true
On peut vivre sans richesse
Presque sans le sou
Des seigneurs et des princesses
Y’en a plus beaucoup
Mais vivre sans tendresse
On ne le pourrait pas
Non, non, non, non
On ne le pourrait pas
On peut vivre sans la gloire
Qui ne prouve rien
Etre inconnu dans l’histoire
Et s’en trouver bien
Mais vivre sans tendresse
Il n’en est pas question
Non, non, non, non
Il n’en est pas question
Quelle douce faiblesse
Quel joli sentiment
Ce besoin de tendresse
Qui nous vient en naissant
Vraiment, vraiment, vraiment
Dans le feu de la jeunesse
Naissent les plaisirs
Et l’amour fait des prouesses
Pour nous éblouir
Oui mais sans la tendresse
L’amour ne serait rien
Non, non, non, non
L’amour ne serait rien
Un enfant vous embrasse
Parce qu’on le rend heureux
Tous nos chagrins s’effacent
On a les larmes aux yeux
Mon Dieu, mon Dieu, mon Dieu…
Dans votre immense sagesse
Immense ferveur
Faites donc pleuvoir sans cesse
Au fond de nos cœurs
Des torrents de tendresse
Pour que règne l’amour
Règne l’amour
Jusqu’à la fin des jours
Hace como 40 años, Louis Pauwels y Jacques Bergier publicaron un libro que se convertiría rápidamente en best seller: El Retorno de los Brujos.

Todo esto, y más, se enmarca dentro de lo que Pauwels y Bergier llamaron “realismo fantástico”: “una corriente de pensamiento orientada a descubrir la naturaleza surrealista y mágica que yace oculta tras la percepción racional y cartesiana que se tiene del mundo”.
Y de este modo, sin imaginarlo siquiera, inauguraron (junto con algunos otros) la plétora de movimientos new age tan de moda hoy en día; el new age, temido y adorado a la vez.
(De paso: debo agradecer a Pauwels y Bergier el descubrimiento de Arthur Machen, mi escritor fantástico preferido -¡y con mucho! En El Retorno… transcriben un fragmento más o menos largo de El Gran Dios Pan, posiblemente su mejor obra. De hecho, se trata de este fragmento, que discute la naturaleza del mal de manera sutil, profunda y terriblemente inquietante. Excelente lectura… Como lo es sólo la primera parte de esto, antes de que aparezcan Lacan y su gelatinosa parafernalia…)

Quiso la providencia que, a los 16, pusiera mis manos sobre un ejemplar (traducido en Argentina en 1965), que me remitió, a su vez, al “visionario Escher”.
Y quiere, ahora, que la portada de éste (que aún conservo) sea la misma que aquí se muestra. Casualidad, casualidad…
Y quiso, hace un par de años, que diese con un corto ensayo donde Mircea Eliade critica con sabiduría y ecuanimidad estos tempranos brotes de sincretismo entre magia, ciencia, mitología y filosofía barata. (El ensayo, llamado “Las modas culturales y la historia de las religiones”, se encuentra en Ocultismo, brujería y modas culturales).
Eso quiso la providencia; o debería decir “la Providencia“, dada la frecuencia con que interviene en mis asuntos. (Algún día aclararé este punto con ella, esquiva como es…)

Podría. Pero ¿a quién contárselo?
Estoy solo.
El que quiera practicar la Magia tiene que ser capaz de controlar toda su fuerza de desear y saber utilizarla. Pero para ello primero tiene que llegar a conocer sus verdaderos deseos y aprender a manejarlos.
En realidad, de lo que se trata en el fondo es de conocerlos de verdad, clara y sinceramente, y todo lo demás se dará por añadidura, como suele decirse. Lo que ocurre es que averiguar cuáles son nuestros auténticos deseos no es tan sencillo como parece… Y éstos sólo puede encontrarlos quien vive su propia historia.
La mayor parte de la gente cree que sabe lo que desea. Hay quien cree, por ejemplo, que le gustaría ser médico famoso, o catedrático, o ministro, y en cambio su verdadero deseo, que él mismo ni siquiera conoce, es ser simplemente un buen jardinero. Otro piensa que le gustaría ser rico, o poderoso, pero su verdadero deseo es ser payaso de circo…
Y ahora, os voy a enseñar las primeras y más importantes reglas de la Fuerza del Deseo.
1. Sólo puedes desear de verdad lo que crees posible.
2. Sólo puedes creer posible lo que pertenece a tu propia historia.
3. Sólo pertenece a tu propia historia lo que deseas de verdad.
Estas reglas tenéis que metéroslas bien en la cabeza y meditarlas. Y aunque es posible que ahora mismo no las entendáis del todo, poco a poco os irán resultando más claras.
Y con esto ha terminado la clase de hoy. Adiós y hasta mañana.
En “El concepto de naturaleza”, Whitehead criticaba despiadada y acertadamente la visión einsteniana del tiempo. Fue para eso que acuñó la célebre frase “misplaced concreteness” -antecesor no muy reconocido de la tan posmoderna “reificación”.
Su argumento era tan simple como devastador. La columna vertebral del estudio einsteniano del tiempo como relativo es la noción de “simultaneidad” -fundada, a su vez, en la de “instante”, equivalente al “punto” en geometría. Mas, así como Leibniz se dio cuenta -contra Newton- de que el “punto” era una mera abstracción, Whitehead comprendió que el “instante” de Einstein era un concepto de altísimo nivel. Así pues, no servía como ladrillo del sistema; era, por contra, su colofón. Tomarlo como punto de partida es atribuir existencia concreta a algo puramente ideal; en los patosos términos de Whitehead, “localizar erróneamente la existencia en tanto cosa”.
No conocemos el espacio a partir del punto; destilamos la idea de “punto” al analizar -esto es, dividir- el espacio, en sí indivisible. No vivimos el tiempo como una sucesión de “instantes” discretos y autocontenidos; seleccionamos hitos de la viscosa marea de la consciencia y los separamos con el fin de ordenarla. La experiencia no es fragmentaria, sino unitaria; no es un montón de gotas, sino un río; no un conjunto de notas, sino una melodía.
Una melodía… Tal vez por eso sea la música la mejor forma de aproximarse al tiempo en toda su pureza; tal vez por eso nos afecte violenta, intempestiva, inexorablemente.
Hacer música es esculpir el tiempo.

Y hoy descubro que mis poetas, músicos y directores preferidos lo eran también de mi madre. Eran parte de mí, desde siempre, incluso sin que yo lo supiera.
Mientras los demás se hartaban del ritmo de los tiempos, yo buceaba en el pasado en pos de algún tesoro ignoto.

Paradójicamente, cuanta más Historia acoges, más en ti mismo te transformas.
Todos, a nuestra manera, esculpimos el tiempo.
¿Cómo cambia la gente? ¿Cómo consigues cambiar?
No lo sé. Me encantaría saberlo -y sé que es imposible. Descubrirlo es una tarea infinita. Como en cualquier tarea verdadera, se te va la vida en ello.
Pero gracias a muchas personas, a las que quiero y que me quieren, he comenzado a entrever parte de la respuesta.
Y, como siempre ocurre, descubrí que ya la sabía. O, mejor dicho, la “sabía”.
Se necesita un fino y complejo equilibrio entre la certeza y la amenaza, la seguridad y la aventura. Debes tener, por un lado, suficiente tranquilidad para experimentar; y, por otro, suficiente dolor para decidirte a lanzar el experimento y arrostrar sus consecuencias.
No es nada fácil. Y allí es donde entran los demás; los célebres “otros significativos”.
No sólo te dan confianza, cariño, apoyo. Son tu compás, tu mapa, a menudo tu nave, invariablemente tu océano. Son quienes te enseñan, sin saberlo, siendo lo que son; quienes se sacrifican, sin pretenderlo, por ti.
Y sin motivos ulteriores. Lo hacen porque te quieren.
Te quieren. Y tú a ellos. Y nada más puedes decir.
Mejor así.
¿No es esto un milagro? ¿No te deja sin aliento?
A mí me ha ocurrido, ahora mismo.
Y nunca me he sentido mejor.