Dudar, destruir y hacerse el tonto

Me parece a mí que el poeta de la Última Época Cristiana estaba comprometido, para conservar su integridad, a resistir, dudar, destruir y hacerse el tonto; solamente cuando se encontraba con un compañero poeta de su misma mentalidad, o con una mujer sobre la cual el espíritu de la diosa había descendido en secreto, sentía que aún no estaba todo perdido. ¿No es así?

 

La Diosa Blanca, a través de Robert Graves

El sendero del hombre en la doncella

Robert Chambers escribió algunos de los cuentos más estremecedores de la historia.

Entre ellos, “La Demoiselle d’Ys“, que empieza con estos fabulosos, espléndidos versos:

There be three things which are too wonderful for me, yea, four which I know not:
The way of the eagle in the air; the way of a serpent upon a rock; the way of a ship in the midst of the sea; and the way of a man with a maid.

Resulta que provienen de la Biblia:

Hay tres cosas que son misteriosas para mí, y cuatro que no comprendo:
El sendero del águila en los cielos,
el sendero de la serpiente sobre la roca,
el sendero del navío en alta mar,
el sendero del hombre en la doncella.

Proverbios, 30:18-19.

La Llave de la Puerta de los Sueños

Randolph Carter, alias H. P. Lovecraft

Cuando Randolph Carter cumplió los treinta años, perdió la llave de la puerta de los sueños.

Robert Graves

Cuando un poeta cumple treinta años, dice Robert Graves, debe tomar una inexorable y terrible decisión: dedicar su vida y carne a la Diosa Blanca, o darle la espalda y seguir adelante.

Si lo primero, sus versos serán de sangre y su alma de fuego y sal; pero vivirá poco y mal. Enloquecerá, sufrirá, enfermará y será despreciado y ridiculizado; pero será fiel a su único amor, la Diosa. Y cuando muera, devorado por la Araña o picado por la Abeja Reina, la Diosa misma lo recibirá en su eterno y definitivo abrazo.

Años, siglos después, alguien desempolvará un libro suyo y leerá, al azar, un poema; y el llanto brotará, violento, incontenible, de un rincón de su alma que hacía tiempo que no visitaba. El verdadero poeta estará más vivo que nunca.

Si lo segundo, vivirá larga y satisfactoriamente; admirado y célebre, poet laureate, tendrá pan sobre la mesa y aplausos en las salas de conferencia. Pero habrá traicionado su corazón. Nunca será feliz, con esa alegría extática y preternatural que Coleridge conocía bien:

And all should cry, Beware! Beware!
His flashing eyes, his floating hair!
Weave a circle round him thrice,
And close your eyes with holy dread,
For he on honey-dew hath fed,
And drunk the milk of Paradise.

Nunca estará triste -con esa tristeza tan dolorosa que te arrancarías el alma, tan hermosa que la perseguirías sin fin, tan desgarradora que haría su miel de tu sangre.

Escribirá épica o prosa; y arrancará a sus lectores una sonrisa torcida, un fruncimiento de cejas. Jamás los hará llorar, estremecerse, flotar.

Será libre, y su libertad -gris, mediocre, rutinaria-, su constante condena. Lo amarán mientras viva; muerto, irá desvaneciéndose de sus mentes y sus almas.

Spike Spiegel - Bang!

Hace no mucho tiempo que he cumplido treinta años.

Y, en días como hoy, temo, efectivamente, haber perdido la Llave de la Puerta de los Sueños.

Krazy Kat y el ratón Ignacio