Siempre se está solo

Hace ya muchos años (mala cosa: en la Academia contemporánea toda idea tiene fecha de caducidad), Christopher Lasch escribió un volumen titulado The Culture of Narcissism. Lasch era un crítico de raíces humanistas y filiación incierta; a cada tanto dejaba entrever su gusto por el marxismo, la Escuela de Frankfurt, el psicoanálisis y la censura moral (que no moralista).

Reeditado a principios de los 90, The Culture of Narcissism incluía un postfacio, The Culture Of Narcissism Revisited, que es a mi juicio la parte más sustanciosa e interesante del texto. En él, Lasch se resiste a dejarse categorizar y a admitir con sus comentaristas que el narcisismo del que hablaba el original, aunque ciertamente predominante en la década de los 80, hizo mutis con la entrada de “la condición posmoderna”. No: nuestra cultura es, si cabe, más narcisista aún –más absorta y embebida en sí misma, más centrada que nunca en el cambio, el oropel y la moda, más corta de vista y autosuficiente.

Una de las consecuencias que Lasch atribuía a la desaparición del sentido histórico y de trascendencia a manos del monzón posmoderno es algo que se ha vuelto palpable y dolorosamente popular: la incapacidad de la gente de entablar vínculos sólidos, profundos y a largo plazo. Envueltos en la imperiosa necesidad de la adaptación y el cambio constantes, nos recluimos progresivamente en nuestras corazas, perfeccionamos nuestras defensas y nos esmeramos en hacer de los demás otros tantos peldaños que escalar o recursos que utilizar; cerramos las puertas y trabamos las ventanas, temiendo que lo que nos es más propio y valioso caiga en manos equivocadas -cualesquiera, salvo las nuestras.

Hoy en día, todo vínculo se siente como una prisión, una fuente de demandas y exigencias, una inmensa tijera dispuesta a cortarte las incipientes alas. La gente ya no teme que dejen de amarla; teme dejar de amar, perder el deseo abrumados por el tedio: “pero ¿qué pasará si dejo de quererlo?” No conciben otra respuesta que no sea romper con el otro; ni se les pasa por la mente la posibilidad de resistir, de esperar un poco, de ser pacientes. Ni se les ocurre que el placer, como toda emoción, es por definición tornadizo: a la primera dificultad se resignan y renuncian.

Concomitantemente, la realidad es invariablemente solitaria. El descubrimiento supremo del narcisista contemporáneo se hace eco del Sartre más radical: siempre se está solo. A veces de manera autosuficiente y omnipotente, otras dolorosa e incapacitante; pero siempre se está solo. Y las relaciones se viven casi enteramente como “soledades a dúo”: dos soledades que se encuentran y se consuelan mutua y momentáneamente.

Así, sin saberlo, asesinamos a la trascendencia y la arrojamos por la borda. Y encima lo celebramos: nos miramos al espejo y nos llamamos “posmodernos”, “intelectuales”, “realistas”, “pragmáticos”.

Yo no me lo creo; y dudo que otros lo hagan. Poca es la gente que, atrapada por la vorágine, no me ha resultado vacua, confusa, contrita –un náufrago que se aferra con frenesí a un trozo de madera, sin saber que con eso sólo acelera su caída en el remolino.

Sola

O será que a mí no me funciona. Pese a todas estas consignas, sigo tan triste, tan esperanzado, como siempre; sigo oyendo las mismas viejas canciones, leyendo los mismos, viejos libros, llorando ante atardeceres de más de mil años.

Porque, aunque así me lo parezca de vez en cuando, no estoy solo.

Retazo de tiempo

A Whiter Shade of Pale, de Procol Harum

Entre un montón de papeles anodinos -semivacíos cuadernos de la escuela, periódicos amarillentos de hace diez años, copias de libros que nunca leí- di con un recorte enigmático y precioso: ‘A Whiter Shade Of Pale’ a bit clearer, del Sunday Review.

No recuerdo haber leído ningún Sunday Review en mi vida, conque alguien debió habérmelo regalado. (¿Quién? No lo sé de cierto, ¡maldita sea!) Intrigado, lo leí de cabo a rabo.

A Whiter Shade of Pale es una de mis canciones favoritas -tan melancólica y parsimoniosa, tan llena de misterio y de Bach. El artículo afirmaba revelar la “verdadera” interpretación de su extravagante letra -junto con un fragmento inédito de la estrofa final.

Ninguna de ambas cosas es ya desconocida -si lo fue alguna vez; el recorte es, pues, una bagatela.

Voy a conservarlo, pese a todo -mi pedazo del tiempo en blanco y negro.

A Whiter Shade of Pale

We skipped the light fandango
turned cartwheels ‘cross the floor
I was feeling kind of seasick
The crowd called out for more
The room was humming harder
as the ceiling flew away
When we called out for another drink
the waiter brought a tray

And so it was that later
as the miller told his tale
that her face, at first just ghostly,
turned a whiter shade of pale

She said, ‘There is no reason
and the truth is plain to see.’
But I wandered through my playing cards
and would not let her be
one of sixteen vestal virgins
who were leaving for the coast
and although my eyes were open
they might have just as well been closed

She said, ‘I’m home on shore leave,’
though in truth we were at sea
so I took her by the looking glass
and forced her to agree
saying, ‘You must be the mermaid
who took Neptune for a ride.’
But she smiled at me so sadly
that my anger straightway died

If music be the food of love
then laughter is its queen
and likewise if behind is in front
then dirt in truth is clean
My mouth by then like cardboard
seemed to slip straight through my head
So we crash-dived straightway quickly
and attacked the ocean bed…

Procol Harum

Sarcasmo de siglos

Hay una parte de la Biblia que siempre me ha causado risa; o más bien una sonrisa, ladeada, socarrona, tristemente sabia.

Como saben, la historia empieza con la Creación. Va Dios (que existía antes de que la misma noción de “existencia” tuviese sentido) y crea el universo cosa por cosa. O así comienza: separa la tierra del agua, crea el sol y la luna, el aire y el mar.
Luego se fatiga un poquito, deja de lado los detalles y sigue creando a borbotones: “que haya peces en el mar y aves en el cielo”, dice; y ¡zas!, la interminable variedad de las Diez Mil Cosas surge majestuosa en una fracción de segundo.

Se toma casi seis días –poco tiempo para tamaña tarea; y corona sus esfuerzos con el Jardín del Edén y sus dos árboles, el de la Vida y el del Conocimiento; y con una pobre criaturita hecha de barro, el ser humano (en su variante masculina: la femenina, como un actor de reparto, se cuela a instancias de su futuro cónyuge).

Entonces, en el clímax del relato, Dios hace una pausa y contempla extasiado su obra.

Y va y exclama:
“Y vio Dios que era bueno”.

La Creación de Adán, de Miguel Ángel

Sarcástico para ser Dios, ¿no?

Sin ningún significado

A veces pienso que la vida es una tormenta, un monzón, un huracán violento e impasible.

Y que nuestro único refugio es la razón. De razón son nuestras ropas, nuestras sombrillas, nuestros chubasqueros; nos metemos en sótanos racionales y cerramos las racionales portezuelas -en la esperanza de que basten para repeler la cruel tormenta.

Nunca bastan. El viento arrecia y destroza sótanos, portezuelas, sombrillas; nos rasga las vestiduras y nos arranca los cabellos.

Y quedamos ateridos, desnudos, indefensos, en un mundo que no nos pertenece.

Tormenta de Nieve, de Turner

Dicen que “después de la tormenta, viene la calma”.

Mienten.

Macbeth, de John Martin

Macbeth, Act 5, Scene 5

Life’s but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more: it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing
.

William Shakespeare

El precio del pecado

Una vez conocí a un niño cuyos familiares habían decidido volver loco.

Era un niño normal: bajito, silencioso, un poco flacucho -pero indiscutiblemente normal.

Mas sus familiares estaban convencidos de que era tonto. “Es por su padre, ¿sabe?” -decían; “está un poco tocado” -y se señalaban la cabeza con el índice.

El niño no dormía solo. No podía -o no se lo permitían. Ni tampoco comer, ir al baño, asearse, vestirse. Ni hablar. Tenía 9 o 10 años -y no hablaba. “Es que no puede, ¿sabe?” -decían; y él me miraba inexpresivamente.

Era un niño normal; pero sus familiares -su madre, que odiaba a su padre; sus tías, que la odiaban a ella; su abuela, que los odiaba a todos- estaban convencidos de que era tonto.

Y, por desgracia, también él.

Confío en que la espera no sea larga

Watching and waiting

Watching and waiting
For a friend to play with
Why have I been alone so long
Mole he is burrowing his way to the sunlight
He knows there’s someone there so strong

‘Cos here there’s lots of room for doing
The things you’ve always been denied
So look, and gather all you want to
There’s no one here to stop you trying

Soon you will see me
‘Cos I’ll be all around you
But where I come from I can’t tell
But don’t be alarmed by my fields and my forests
They’re here for only you to share

‘Cos here there’s lots of room for doing
The things you’ve always been denied
So look, and gather all you want to
There’s no one here to stop you trying

Watching and waiting
For someone to understand me
I hope it won’t be very long

The Moody Blues