Sung, El Conflicto (El Pleito)


El signo primario superior, cuya imagen es el cielo, orienta su movimiento hacia arriba; el signo primario inferior -agua-, conforme a su naturaleza tiende hacia abajo. Los rumbos de movimiento de las dos mitades divergen y esto da por resultado la idea de conflicto.

El Dictamen:
“El Conflicto. Eres veraz y te frenan.
Detenerse con cautela a mitad del camino trae ventura.
Ir hasta el fin trae desventura.
Es propicio ver al gran hombre.
No es propicio atravesar las grandes aguas”.


Comentario
El conflicto surge cuando alguien, sintiendo que está en su buen derecho, se topa con resistencias. Sin esa convicción de que uno está en su derecho, la resistencia conduce a la astucia o a la transgresión violenta, y no al pleito abierto.
Cuando uno se halla envuelto en un pleito, lo único que podrá traerle salvación es una vigorosa y firme serenidad, dispuesta en todo momento a la conciliación del pleito, al arreglo a mitad del camino. Continuar la querella hasta su amargo fin acarrea malas consecuencias, aun cuando uno concluya teniendo razón, puesto que en tal caso se perpetúa la enemistad.


La Imagen:
“Cielo y agua se mueven en sentido contrario:
la imagen del conflicto.
Así el noble, en todos los negocios que realiza,
reflexiona debidamente sobre su comienzo”.

Comentario
La imagen indica que las causas del conflicto residen en las orientaciones opuestas, ya previamente existentes, de ambas partes. Una vez que aparecen tales direcciones divergentes necesariamente se origina en ellas el conflicto. Se infiere entonces que a fin de precaver el conflicto conviene pensar cuidadosamente en todo desde el mismo comienzo. Cuando se establecen claramente derechos y deberes, o si en una asociación humana convergen las orientaciones espirituales, la causa del conflicto queda de antemano eliminada.

(I Ching, trad. de Richard Wilhelm)

Sigue adelante enigmáticamente

Entonces sigue adelante como el que tiene larga vida,
Sigue adelante como el que es feliz,
sigue con una bendición ante ti,
sigue con una bendición detrás,
sigue con una bendición sobre tu cabeza,
sigue con una bendición bajo tus pies,
sigue con una bendición a tu alrededor,
sigue con una bendición en tu palabra,
sigue con dicha larga y larga vida,
sigue adelante enigmáticamente.

Bendición navajo para el viajero

Ningún lugar como este

San Francisco

Cuando era niño, de vez en cuando, íbamos al Centro, a oír misa en la Compañía.

(Eh… Un momento. A misa íbamos cada domingo -éramos muy católicos, entonces… Al Centro, de vez en cuando).

En fin… Al salir, pasábamos por San Francisco… Allí, bajo el atrio, solían colocarse unas ancianas que vendían velas, figuras de santos, rosarios bendecidos por el párroco, incienso, romero y palosanto.

A esta mezcla la llamaban “sahumerio”.

Y, casi siempre, nos deteníamos para comprar una bolsita.

Que dormía luego el sueño de los justos…

Hasta hoy, que las he encontrado y he perfumado media casa.

El Santo Grial, de Rossetti

Cuando era niño, de vez en cuando, mi tía iba al Centro y compraba una botella de vino de misa: un vino dulzón, suave, blanco y con algo de hollejo, finamente pulverizado, aún en el fondo.

Era un vino casero; lo hacían las monjas del Convento de Santa Catalina.

El vino no dormía, no; ella me daba un vasito luego de almorzar.

Y me lo bebía, con deleite, poco a poco.

Cúpula del Monasterio de El Carmen Bajo

No, no, definitivamente:
Ningún lugar como este.

Días del futuro pasado

Futuro pasado

Tarde y noche del mes de Mayo de 1994, un 22.

Me hallo aquí y tú allí. Nos hallamos, en ambos sentidos. Y eso es bueno, como dirías tú.

Las horas a veces se escapan. Pero otras duran después de haberse ido.

Como éstas de esta tarde y noche de Mayo.

Sé que hay otras horas en espera, otras que aún no han venido ni se han ido. Otras que vendrán, como hoy, en Mayo.

Otras, como siempre y hasta siempre.

Dulce es la venganza

El Ángel del Juicio, de Chagall

Varios días antes de la ocupación nazi de París, en 1940, un grupo de afligidos hombres y mujeres se sentó en un café del Boulevard Saint-Germain a discutir si abandonar el país o unirse a un grupo de la resistencia.

Todos estaban abatidos, salvo una hermosa joven, quien dijo que literalmente daría la bienvenida a los alemanes con los brazos abiertos y se acostaría con cada apuesto soldado enemigo.

Varios se enfurecieron y un hombre empezó a estrangularla antes de que los otros se la arrebataran.

Más tarde supieron que esa mujer, lejos de ser una traidora, planeaba servir a su patria en la mejor forma a su alcance:

Estaba muriendo de sífilis.

Carl Goldberg, Conversaciones con el Demonio

El Sol y la Luna

My goldrush gainst her silvernetss - Finnegans Wake

In a little while
Surely you’ll be mine
In a little while I’ll be there

In a little while
This hurt will hurt no more
I’ll be home, love

When the night takes a deep breath
And the daylight has no air
If I crawl, if I come crawling home
WiIl you be there

In a little while
I won’t (be) blown by every breeze
Friday night running
To Sunday on my knees

That girl, that girl
She’s mine
And I’ve know her since

Since you were a little girl
With Spanish eyes
Oh, when I saw her
In a pram they pushed her by

My, how you’ve grown
Well it’s been
It’s been a little while

Slow down my beating heart
Man dreams one day to fly
A man takes a rocket ship into the skies
He lives on a star that’s dying in the night
And follows in the trail
The scatter of light

Turn it on
Turn it on
You turn me on

Slow down my beating heart
Slowly, slowly love
Slow down my beating heart
Slowly, slowly love
Slow down my beating heart
Slowly, slowly love

U2, In a Little While

¿Y qué?

Decía Whitehead (en Aventuras de las Ideas, creo) que la única pregunta realmente filosófica es la que inquiere por la Importancia; y la mejor forma de plantearla es también la más sencilla:
“¿Y qué?”

(No, no era en Aventuras de las Ideas… era en Modos de Pensamiento… Acaba de venir a mí…)

Decía Nietzsche que la historia es circular y se cierra sobre sí misma; que estamos condenados –y a la vez premiados– al eterno retorno. Todo, sin excepción, ocurre no una sino innumerables ocasiones.

(Lo dijo muchas veces, en varias partes, de diversas maneras; notablemente, en el Zaratustra. También él tendía a repetirse…).

Si así fuera, algún día, en un instante infinitamente distante de éste, tendría

Otro minuto contigo.
 

Pero habría de esperar años, siglos, milenios, evos; eternidades de silencio y nada, polvo y niebla. Habría de morir mil muertes, nacer mil partos; entrar y salir sin descanso del escenario del cosmos; transar un segundo de amor por una perpetuidad de soledad y vacío.

Y conmigo, el universo entero, las diez mil cosas, rebobinándose tumultuosas y vehementes, volviéndose sobre sí mismas como un guante por regalarme un minuto de gracia.

 

 Ah… Y, ¿qué?

Que

Habría valido la pena.