Todos hemos recibido una mirada así una o dos veces en la vida; son miradas en las que los mundos se funden, el pasado se borra; son momentos en los que descubrimos, acuciados por la más viva necesidad, que el sillar de todos los tiempos no puede ser más que el amor, aquí, ahora, en el unirse de esas manos, en ese silencio ciego, en el que una cabeza se acerca a otra…
John Fowles, La mujer del teniente francés
