
En sendas situaciones, el Presidente actual ha repetido más o menos la misma frase:
- “Ya no soy Rafael Correa: ahora soy el Presidente de la República, y por tanto merezco respeto”.
- “Ya no soy Rafael Correa: ahora soy el Presidente de la República, y por tanto nadie va a jugar conmigo”. (La frase original, pronunciada en Manabí la semana pasada, es algo más procaz; pero el sentido es el mismo).
Curiosamente, un simple análisis de los supuestos detrás de esta frase demuestra que el Presidente no cree que las personas comunes y corrientes merezcan respeto alguno, y que con ellas se puede hacer lo que le da a uno la gana.
De ahí que proponga que “por ser el Presidente” han de tratarlo bien, y que “por ser el Presidente” se hará oír y respetar.
Y detrás de esto se evidencia a las claras su visión del mundo: quien no tiene poder está indefenso.
Porque, y según su propio discurso, como Rafael Correa era casi un don nadie. Un don nadie amistoso, sonriente, padre ejemplar y esposo amante -a juzgar por las cuñas televisivas. (Las de la segunda vuelta, únicamente: en la primera hacía declaraciones grandilocuentes salpicadas de amenazas. Igual que ahora). Pero alguien a quien no había que respetar y a quien cabía manipular.
O sea, un ciudadano como cualquier otro. Como tú o como yo.
Así que ¡cuidado, ciudadanos de a pie!: nosotros no somos “El Presidente”.