Como el vino

Pero, como siempre, no sólo una respuesta.

Chesterton describe el dilema con inigualable penetración y atroz belleza.
Vivir, nos dice, equivale a encontrarse en guerra y atrapado tras las líneas enemigas. En esta tesitura, no hay más que una salida: el soldado

Ha de combatir por su vida con un espíritu de absoluta indiferencia para su vida: ha de desear la vida como el agua, y apurar la muerte como el vino.

G. K. Chesterton, Ortodoxia

Llega hasta mí

The Brazen Tower, de Burne-Jones

Tu amor abrió una herida
porque todo lo que te hace bien
siempre te hace mal
tu amor cambió mi vida como un rayo
para siempre, para lo que fue y será

La bola sobre el piano la mañana aquella
que dejamos de cantar
Llegó la muerte un día y arrasó con todo,
todo, todo, todo un vendaval,
y fue un fuerte vendaval…

Algo de vos llega hasta mí
cae la lluvia sobre París
pero me escapé hacia otra ciudad
y no sirvió de nada,
porque todo el tiempo estabas dando vueltas
y más vueltas que pegué en la vida para tratar de reaccionar
un tango al mango revoleando la cabeza como un loco
de aquí para allá, de aquí para allá…

Después vinieron días de misterio y frío,
casi como todos los demás
lo bueno que tenemos dentro es un brillante,
es una luz que no dejaré escapar jamás…

Algo de vos llega hasta mí,
cuando era pibe tuve un jardín
pero me escapé hacia otra ciudad
y no sirvió de nada,
porque todo el tiempo estaba yo en un mismo lugar,
y bajo una misma piel y en la misma ceremonia
Yo te pido un favor, que no me dejes caer
en las tumbas de la gloria…

Fito Páez, Tumbas de la Gloria

Ambos sostienen lo mismo

Uno de los temas preferidos de los filósofos es la muerte.

Y aquí, como siempre, tenemos al menos dos grandes tradiciones contrarias.

Sócrates

Ante todo, el gran Sócrates, quien (hasta donde sabemos) pensaba que “la filosofía es una preparación para la muerte”.

De lo que se deduce que el tema que ocupa permanentemente al auténtico filósofo es el fin de la vida; y que su filosofía es, en el fondo, un continuo entrenamiento en el desapego.

Spinoza

Pero tenemos a Spinoza, quien decía (y cito de memoria): “El hombre saludable en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría es acerca de la vida, no de la muerte”.

No cabe duda de que Spinoza conocía la opinión socrática, ni de que su propia postura era, en buena medida, una rebelión contra una tradición tan noble y poderosa. Desde su perspectiva, bella y elegante, pretender “desapegarse” de la existencia sería tan absurdo como pretender arrancarse los propios huesos. Ningún ser vivo, en tanto que vivo, puede abdicar de su vida. Eso va en contra de su naturaleza.

La muerte y el astrólogo, de Holbein

Así, la filosofía nos prepara para la muerte -pero nos impide pensar en ella.

¡Pero esto no tiene sentido!

O tal vez sí…

Tal vez, sin que Sócrates ni Spinoza lo sospecharan, estaban sosteniendo una y la misma cosa.

El asesino en ti

Un demonio mora en tu interior -un asesino.

Caminas sobre sangre y lloras fuego y azufre. Nunca te detienes -hasta llegar a un lago límpido, impoluto, perfecto, sin ondas ni habitantes. Es de mercurio.

Lo miras -una mano te llama -vacilas y caes.

Un demonio mora en tu interior -y un asesino.
Pero me gusta
Pues también mora en el mío.

Disarm you with a smile
And cut you like you want me to
Cut that little child
Inside of me and such a part of you
Ooh, the years burn

I used to be a little boy
So old in my shoes
And what I choose is my choice
What’s a boy supposed to do?
The killer in me is the killer in you
My love
I send this smile over to you

Disarm you with a smile
And leave you like they left me here
To wither in denial
The bitterness of one who’s left alone
Ooh, the years burn
Ooh, the years burn, burn, burn

I used to be a little boy
So old in my shoes
And what I choose is my voice
What’s a boy supposed to do?
The killer in me is the killer in you
My love
I send this smile over to you

The killer in me is the killer in you
Send this smile over to you
The killer in me is the killer in you
Send this smile over to you
The killer in me is the killer in you
Send this smile over to you…

Smashing Pumpkins, Disarm

Sus mensajes son ambiguos

El ángel herido, de Simberg

Tal vez el acontecimiento decisivo de la historia humana ocurriese en una tranquila tarde del año 2405 A. C., al despertar de su siesta un sacerdote egipcio y comprender súbitamente la respuesta al enigma de la existencia -para fallecer minutos después sin habérsela contado a nadie.

Tal vez todo lo sucedido desde entonces no sea otra cosa que un banal epílogo.

Nadie podría saberlo, excepto, quizá, los dioses; y sus mensajes suelen ser lastimosamente ambiguos.

Peter Berger, Invitation to Sociology

Los milagros ocurren

Y las coincidencias, también.

Deborah Kerr y Van Johnson, en The End of the Affair, de Graham Greene

Mi padre amaba a una mujer, hace años. Y ella lo amaba, a su vez.

Tanto, que decidió abandonarlo, por su propio bien, para siempre. Sabía que seguir con él sólo iba a causarle daño.

Lo dejó -para salvarlo.

Y lo salvó.

Julianne Moore y Ralph Fiennes, en The End of the Affair, de Graham Greene

Yo amé a alguien, hace años; y ella me amaba a mí.

Sabía que mi amor iba a dañarla; sabía que le sería pernicioso, doloroso, que terminaría por hundirnos a ambos en un fangoso pozo de amargura, humillación y desengaño.

Así que decidí dejarla, dejar a la mujer que más había amado hasta entonces -y muy probablemente, hasta ahora.

Y lo hice, para salvarla.

...

Así se repite la historia; así se intercambian papeles en la interminable escena del mundo. El sacrificio que hicieron por tu padre, lo haces tú por alguien. Ajustas, sin pretenderlo, el Debe y el Haber del Libro de la Vida.

Y cuando lo descubres, la realidad es otra. La que siempre ha sido, aunque no lo supieras: echabas en falta una pieza crucial del rompecabezas.

Arlequín...

Los milagros -la gente que ama tanto que lo da todo por ti, la que sacrifica su felicidad por tu amor- ocurren.

Las coincidencias, jamás.